Con
la llegada del primer día de septiembre se han terminado definitivamente las
vacaciones de verano y, sin tiempo casi para respirar, comienza ya un nuevo y sugestivo
curso político. Todos los partidos políticos empiezan a preparar este nuevo
curso con premura, dispuestos a posicionar a sus mejores ejemplares en la línea
de salida, ante un año crucial que nos conducirá definitivamente a unas
elecciones generales, presumiblemente a finales de 2015. El Partido Popular,
con Mariano Rajoy a la cabeza,
intentará remontar el vuelo de su gaviota, que parece divagar un poco
desorientada. Sin bien es cierto que los datos macroeconómicos le están
saliendo bien, también es cierto que la economía del país sigue descarrilando
cuesta abajo y sin frenos, con unas cifras de paro que serían la vergüenza de
cualquier dirigente, con un aumento considerable de la miseria miremos donde
miremos y con una OCDE que advierte de la penuria de los hogares españoles por
la bajada continuada de los salarios. En el lado opuesto, el recién nacido
Podemos continúa su remontada histórica con Pablo Iglesias como jinete fustigador. Su creciente aumento en
intención de voto no puede enmascarar, sin embargo, la excesiva simplicidad de
sus propuestas populistas, algunas de las cuales ya están comenzando a
reconocer que serían difícilmente aplicables. Tampoco parecen muy acertados en
cuanto a su visión de España, porque oyendo hablar a su máximo exponente da la
sensación de que en nuestro país das una patada y salen miles de fascistas
cantando el “Cara al sol” con la mano en alto. Sin embargo, cuando se transmite
la idea constante y machacante de que quien no opina como uno es un fascista, puede
dar a entender que el fascista es uno mismo, y no el otro. Por su parte, el
Partido Socialista Obrero Español, con el guapo y fornido Pedro Sánchez al frente de las tropas, sigue con las mismas dudas y
complejos de siempre, esto es: ni es un partido –en Cataluña dicen lo contrario
que en Madrid-, ni se atreven a ser socialistas, ni son obreros y, en algunas
de sus asociaciones como la catalana o la vasca, ni siquiera se sienten
españoles. Con ese desalentador panorama de incongruencias, y tal como ya
escribí en este mismo diario hace un par de años, el PSOE corre el riesgo de
quedar relegado a una tercera posición en votos, lo cual ya no parece tan
lejano. En cuanto a los partidos nacionalistas, gracias a la idiosincrasia de
este país donde las normas y las leyes están para pasárselas por el forro,
siguen y seguirán llorando y lamentándose por la invasión española de sus
territorios allá por el siglo cincuenta y seis antes de Cristo, por la
marginación de sus ciudadanos, por la opresión que sufre su cultura, por su
derecho a decidir lo que les salga del mondongo.
Durante
estos meses que nos esperan hasta las elecciones no sé si veremos refriega o
concordia, no sé si veremos brotes verdes o raíces vigorosas, fascistas
imaginarios o populistas indignados, maquillaje de cifras o maquillaje de tupés,
referendums independentistas o respeto por la constitución... lo que sí veremos
seguro son más y más casos de dinero público que sale de las arcas del estado
para terminar en la cuenta suiza de algún político. Eso sí; gracias al amparo o
negligencia de todos los partidos que han convertido nuestra democracia en su
propio criadero de generar billetes.
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