Conferencia dictada en el Instituto de Estudios
Superiores del Golfo de México, campus Oaxaca, durante el 1er Congreso Nacional
de Modelos de Intervención Psicológica en Mayo del 2009
INTRODUCCIÓN
Crisis, crisis, crisis, crisis,
crisis… el ser humano, independientemente de las condiciones naturales de su
entorno, su cultura y su sociedad, está expuesto constantemente a situaciones
de crisis que alteran su equilibrio.
Las crisis están presentes a lo
largo de la vida y algunas tienen carácter de inevitable.
En ocasiones estas situaciones
son tan intensas o tan traumáticas que el equilibrio perdido se vuelve muy
difícil de recuperar por sí mismo. Aquí es donde el psicoterapeuta,
independientemente de la corriente que siga, encuentra su nicho de acción
puesto que los medios anteriores con los que la persona contaba para hacer
frente a los problemas han fracasado ante los nuevos desafíos.
Y es que el objetivo primario de
toda intervención en crisis es restablecer el funcionamiento de la persona al
nivel previo a la crisis y, de ser posible aunado a la resolución de la crisis,
dotar al paciente de un mejor funcionamiento y adaptación al que tenía antes de
ésta.
CRISIS E INTERVENCIÓN
Una crisis, puede ser comprendida
como una combinación de situaciones de cambio, a veces de riesgo, en la vida de
una persona, mismas que la tornan más vulnerable, pero a la vez representan una
oportunidad para el desarrollo mismo de la persona.
Las situaciones de crisis colocan
a las personas ante realidades que difieren de lo anteriormente conocido. Es
decir, que la nueva realidad entra en contradicción, y por tanto en conflicto,
con lo establecido en la psique. Este conflicto dificulta integrar lo que en
ese momento se vive con sus respectivos sentimientos y percepciones de la
situación. Esta falta de integración provoca sufrimiento e inadaptación,
manifestados en dolor, tristeza, angustia, desesperación, culpa y hasta la pérdida
del sentido de vida. Sin embargo esto mismo es un recurso temporal para
salvaguardar la integridad psicológica del paciente. En otras palabras, dicha
inadaptación transitoria es lo mejor que en ese momento y bajo dichas
circunstancias la persona puede hacer para sobrevivir.
Durante una crisis también
aparece un sentimiento de indefensión, donde los recursos del paciente parecen
no ser suficientes, temporalmente, para superarla.
Esta percepción de insuficiencia
surge de determinadas condiciones poco favorables a consecuencia del trauma que
toda crisis provoca. Estas condiciones provienen de la intensa regresión
desatada por el evento y son:
1.
Desorganización
generalizada del Yo y rigidízasión de sus funciones por el impacto del evento.
2.
Angustia
temporal de muerte o desintegración.
3.
Escisión y
negación como mecanismos de defensa predominantes.
4.
Dificultad
para simbolizar la experiencia vivida.
Por otro lado, este mismo estado
regresivo permite que el paciente sea más receptivo a la ayuda externa
adecuada.
En este sentido, la labor del
terapeuta es fungir como un Yo auxiliar temporal, estructurado, flexible y
funcional, que permita al paciente ir integrando la experiencia de la crisis a
la par que se van restaurando sus propias capacidades psíquicas y reorganizando
su Yo.
En la medida en la que el
terapeuta pueda funcionar como contenedor de la angustia y el dolor del
paciente, éste podrá ir entrando más en contacto con los afectos y
representaciones angustiantes derivados de la crisis, para ir asimilándolos de
forma funcional y adaptativa. En otras palabras, uno de los objetivos de la
intervención en crisis es crear las condiciones necesarias para que en el
paciente predomine la pulsión de vida, Eros, sobre la pulsión de muerte,
Tánatos[1].
La intervención en crisis es un
proceso intensivo, de tiempo limitado y enfocado en pocos elementos que son de
mayor urgencia en ese momento. En ella, como en todo proceso terapéutico, se
debe crear un encuadre que permita la confianza y con ella la aceptación de la
persona y su forma particular de reaccionar, la expresión de sus sentimientos,
la integración de los elementos amenazantes de la crisis, la búsqueda conjunta
de soluciones alternativas y la valoración de la dignidad y el respeto del
paciente en crisis.
PSICOANÁLISIS E INTERVENCIÓN EN
CRISIS: ¿UNA PARADOJA?
Ahora bien, psicoanálisis e
intervención en crisis podrían parecer incompatibles en un inicio. El
psicoanálisis suele asociarse con tratamientos largos y profundos para
situaciones crónicas, mientras que la intervención en crisis es por necesidad
breve y contundente, enfocada a un objetivo muy particular y delimitado:
estabilizar al paciente, en una situación aguda, tras una experiencia
traumática o una crisis que está paralizándolo o incluso poniendo en riesgo su
vida (amenaza de suicidio, por ejemplo) de forma que pueda recuperar su estado
previo a la crisis y acceder a un tratamiento de mayor duración, de ser
así necesario.
El psicoanálisis tiene infinidad
de aplicaciones, sin embargo, es importante hacer una clara distinción entre lo
que es psicoanálisis como método y técnica terapéutica, de lo que es
psicoanálisis como modelo teórico de referencia. Es esta segunda vertiente, el
psicoanálisis como modelo teórico, la que constituye el sustento que fundamenta
la práctica del psicoanálisis.
Este marco teórico permite la
construcción de técnicas terapéuticas en función de las demandas y necesidades
del entorno. Es así que, por ejemplo, la psicoterapia breve utiliza al
psicoanálisis como marco de referencia, adecuando su método a un tiempo y
objetivo claramente delimitado.
Lo mismo ocurre con la
intervención en crisis: apoyándose en la teoría psicoanalítica, se modifica el
encuadre y la técnica clásica para poder abordar situaciones que requieren una
intervención inmediata y efectiva en muy poco tiempo.
PUNTOS DE APOYO TEÓRICOS
De inicio, el concepto de crisis
es asimilable al concepto psicoanalítico de conflicto, elemento central en la
teoría pues, para el psicoanálisis freudiano, el conflicto es necesario para la
constitución del psiquismo humano y su constante desarrollo a lo largo de la
vida. Así mismo, el efecto de toda crisis es, de alguna manera,
traumático, otro elemento recurrente en la teoría psicoanalítica.
Partiendo de la hipótesis
dinámica, todo fenómeno psíquico es una síntesis resultante del conflicto
permanente entre pulsión y prohibición. En las situaciones de crisis, sean del
tipo que sean, la realidad entra en conflicto con lo esperado, con lo habitual,
con lo que es conocido y confronta al individuo con una nueva situación
desconocida para la cual no cuenta con elementos previamente probados en cuanto
a estrategia de adaptación o resolución.
Por naturaleza, ante la presencia
de un elemento que obliga a un cambio, la primera reacción del individuo será
la negación, tal como ocurre en el duelo y es que todo cambio, todo conflicto
implicará la necesidad de adaptación a una nueva situación y la aceptación de
la pérdida o modificación de algo previamente conocido, es decir, siempre
vendrá en toda crisis un duelo implícito.
Partiendo de esto y para los
fines que a esta conferencia convienen, tomaré el duelo como referencia para
clarificar el abordaje que el psicoanálisis puede hacer en la intervención en
crisis.
Comencemos por definir el duelo
partiendo de lo que Freud (1917) describe en “Duelo y Melancolía” cuando
dice: “El duelo es la reacción a la pérdida de un ser amado o de una
abstracción equivalente”, es decir, todo aquello que la persona ha
investido con energía libidinal y que es, por tanto, importante para su mundo
interno y externo.
Etapas del duelo (normal): descritas de forma esquemática para fines didácticos de esta
conferencia, puesto que en la práctica, se dan de forma alternada y no
estrictamente cronológica.
1.
Examen de la
realidad, negación y negociación.
2.
Aceptación
de la pérdida o de la realidad
3.
Identificación
con el objeto perdido (objeto cosa, u objeto persona)
4.
Asimilación,
integración y sustitución del objeto perdido
Examen de la Realidad: deriva en una aceptación parcial y periódica
de la pérdida, en donde alternan por momentos la aceptación y la negación; por
el contrario, en el otro extremo la persona puede caer en una franca negación.
Así, el primer paso contundente y
necesario para la adecuada elaboración del duelo y, por tanto, el primer
objetivo en la intervención en crisis desde el psicoanálisis es lograr que la
persona termine por aceptar y asumir el fuerte cambio sufrido en su vida,
aquello que se perdió. Sin esta aceptación resulta imposible continuar con un
proceso de elaboración[2].
Aceptación de la Realidad o
Pérdida: como se mencionó
anteriormente, esta etapa es fluctuante y puede seguir dos caminos:
a)
La persona o sociedad se identifica con aquello que se perdió (persona, objeto,
circunstancias, etc.)
b)
Le persona o sociedad se identifica con la destrucción o desaparición sufrida.
En el primer caso, se avanza
hacia la tercera etapa elaborativa, al asimilar un aspecto, valor, atributo,
etc. de aquello que se perdió y convertirlo en un modelo a seguir, una
motivación investida de pulsión de vida.
El segundo caso, es decir, la
identificación con la desaparición o destrucción del objeto, constituye un
elemento de alerta que debemos evitar o contener para salvaguardar la vida y
bienestar del paciente, de lo contrario se corren riesgos altos de suicidio,
accidentes conscientes o inconscientes (acting
outs), etc. que llevarían al individuo a actuar esa
misma destrucción sufrida pero ahora en sí mismo. Es importante señalar que,
ante amenazas de muerte, suicidio u otro peligro, la confidencialidad habrá de
mantenerse en tanto no esté en peligro la integridad del paciente o de un
tercero.
Identificación con el Objeto
Perdido: el individuo
ha elegido vivir, recurriendo a dos caminos posibles:
a)
Vivir identificado con lo perdido.
b)
Sustituir lo perdido por algo nuevo: esto implica una mayor adaptación, un
crecimiento y un avance hacia delante; predomina la pulsión de vida, Eros, por
encima de Tánatos. Pues así crea su propia identidad y construye su propia vida
ante estas nuevas circunstancias, mientras que en el caso anterior se dedica a
vivir como lo habría hecho bajo las circunstancias previas que se perdieron o
como lo habría hecho el ser querido fallecido.
En la medida de lo posible,
habremos de privilegiar, dentro de la intervención en crisis, que las
identificaciones permanezcan como modelos y motivación pero sin que por ello se
limite el desarrollo propio de la persona y su adaptación saludable al entorno.
Sustitución del Objeto Perdido: algo importante que señalar en este punto es
que esta sustitución no implica nunca un desplazamiento ni olvido del ser
querido perdido o de las circunstancias anteriores. De la aclaración de este
elemento dentro de la terapia dependerá en gran medida la prevención del
surgimiento de una culpa tal que impida la recuperación.
Así, sin culpa o con una culpa
razonablemente sana, el sujeto puede desligar su libido del objeto perdido y
ligarse a un nuevo objeto, nuevos planes, circunstancias, ambientes, personas,
etc. Habiendo entonces elaborado el duelo, y con ello incorporado la
experiencia de crisis a su vida actual y futura.
Introyectar los elementos
deseables y admirados de la persona o situación perdida facilita el
desligamiento final de la libido, para ello ha de asumirse primero la pérdida,
para posteriormente poder desligar la libido del afecto doloroso no procesado
que es, al final de cuentas, lo que paraliza al individuo.
Así pues, podemos relacionar lo
anterior con la fórmula que Freud (1914) plantea como la base de la curación psicoanalítica
a través de la palabra: recordar, repetir y elaborar, pudiendo equipararlo con
el foco de nuestra intervención en crisis: la elaboración del duelo, de la
siguiente manera:
- El recordar implica el vencer las
resistencias, en este caso, a aceptar la realidad y asumir las emociones,
afectos y angustias que esta realidad despierta.
- El repetir, por su parte, implicará hablarlo,
hablar de estas emociones, afectos y angustias.
- Finalmente, el elaborar, será comprender lo
ocurrido, aceptarlo y reparar aquello que se vio desintegrado por el
trauma de la crisis.
MODIFICACIONES Y ADAPTACIONES A
LA TÉCNICA CLÁSICA
Existen elementos fundamentales
que han de mantenerse, como son la empatía, la escucha analítica, la asociación
libre; y algunas de las estrategias habituales de intervención terapéutica como
la clarificación y la confrontación, así como la interpretación aunque en menor
medida de lo que se le utiliza en el psicoanálisis y la psicoterapia
psicoanalítica.
También la comprensión
psicodinámica del paciente sigue siendo fundamental para el adecuado trabajo
del terapeuta, la ubicación de focos de tratamiento y el desarrollo del mismo
durante la intervención en crisis
Por otro lado, importantes
modificaciones a la técnica clásica deben hacerse en función de una adecuada
intervención en situaciones de crisis. De estas modificaciones, considero son
las más importantes las siguientes:
- El terapeuta debe ser más activo y con un
matiz en ocasiones más directivo pero sin llegar a la sugestión.
- Jamás se trabaja en diván, siempre cara a cara
para mantener control sobre la regresión del paciente y fomentar, en poco
tiempo, el desarrollo de la confianza en la relación paciente-terapeuta.
- La relación activa paciente-terapeuta es de
fundamental importancia así como el trabajo en transferencia positiva.
- Se trabaja con el aquí-ahora más que con el
allá-entonces. Enfocándose en los puntos de urgencia que provocan el
conflicto actual.
CONCLUSIONES
El psicoanálisis, como marco
teórico, como modelo explicativo, permite la creación y modificación de
infinidad de técnicas de abordaje terapéutico.
La intervención psicoanalítica en
crisis busca que el paciente elabore la situación traumática que le aqueja,
partiendo de la escucha analítica de los fenómenos inconscientes latentes
detrás del discurso manifiesto y, a la vez, actuar de forma rápida focalizando
los conflictos que más están afectando la funcionalidad y adaptación del
paciente, aquellos que le están generando mayor sufrimiento y que, en orden de
intensidad, urgencia e importancia suelen ser:
- Angustia de desintegración o muerte
- Duelo por la pérdida
- Culpa (ambivalencia)
Buscando su elaboración para
derivar en la restructuración de la capacidad de autonomía, adaptación,
funcionalidad, creatividad y desarrollo del paciente, de acuerdo a sus
capacidades, necesidades y a su situación después de la crisis.
BIBLIOGRAFÍA
Freud, S. Obras Completas Sigmund Freud, vol. XIV. Trad. de José L.
Etcheverry. Amorrortu editores: Argentina
Slaikeu, K. (2003). Intervención en Crisis. Manual Moderno:
México
[1] Eros no se contrapone a
Tánatos; Eros busca la trascendencia a partir del movimiento y el cambio;
Tánatos la supervivencia, a partir de la estabilidad. Libido y agresión se
entremezclan perpetuamente para dar vida a las pulsiones del hombre.
[2] En
psicoanálisis la palabra “elaboración” designa el trabajo realizado por la
psique con vistas a dominar las excitaciones que le llegan y generan tensión,
cuya acumulación excesiva puede resultar dañina.