Por fin se
acabó la Feria del Libro de Madrid. Y digo “por fin” porque –como señalan algunos
escritores- esta celebración últimamente se parece más a una feria de ganado que
a una feria del libro. Según se lamentan muchos autores, desde hace ya varios
años, el mundo editorial ha comenzado a despreocuparse por la cultura para
dedicarse al mundo del espectáculo. Y es que, en la última década, y con mayor
virulencia en estos cinco últimos años, las editoriales españolas se han
convertido en una ramificación –o una ramerización- de la televisión. La
televisión ha invadido de tal modo el mundo editorial que personajes como Jorge Javier, Maxim Huerta, David Cantero,
Mario Vaquerizo, Mónica Carrillo, Cristina Morató, Christian
Gálvez, Luján Argüelles, Cristina Pardo, Dani Mateo, Adriana Abenia,
el Gran Wyoming, Nieves Herrero, y –cómo no- Belén Esteban –que en solo 24 horas se
colocó como número uno en ventas con su libro Ambiciones y reflexiones- son
en la actualidad los grandes reclamos de las casetas de las ferias de libros a
lo largo y ancho de nuestro país. Todos estos personajes –y muchos otros - no
son famosos por escribir, sino que escriben porque son famosos. La situación de
los escritores de verdad –los escritores con mayúsculas- es tan precaria que, según
el último informe de Estadística de Producción Editorial, la economía
doméstica, la cocina y los trucos del hogar han sido los
únicos títulos que han aumentado su presencia en el panorama librero nacional
desde 2008, mientras que la filosofía, la novela, el ensayo o la poesía cada
vez tienen menos lectores y menos libros en las estanterías de las librerías y
de los hogares. De igual manera, se calcula que en España solo hay cinco
escritores que viven de sus libros.
Sin
embargo, para ser justos, la culpa de esta deplorable situación en el mundo
“literario” no es solo de las editoriales –que también- sino, por un lado, de
nuestros gobernantes y, por otro, de nuestros conciudadanos. Con respecto a los
primeros, basta decir que aplicar un IVA del 21% a los productos culturales
como si fuesen productos de lujo es un auténtico despropósito, además de un
medio para que los ciudadanos –siempre tan felices- no se cultiven y sean más
estúpidos y sumisos. En cuanto a nuestros conciudadanos, no hace falta recordar
que los españoles nos hemos aborregado. Aunque habrá quien discrepe, solo hace
falta comparar los libros más vendidos o películas más vistas en los distintos
países civilizados con los que se venden y se ven en España para confirmar esta
afirmación. Y es que en nuestro país la cultura escuece, nos causa eccemas,
repelús, y preferimos los diarios deportivos a los periódicos generalistas, las
películas chorras a las películas con contenido, los cotilleos de la vida ajena
a la lectura de los clásicos.
Así que,
vista la situación, en unas décadas las grandes editoriales publicarán ya
solamente bazofia, mientras que cientos de escritores se morirán sin apenas ser
descubiertos. De todas formas, mientras tengamos chismorreo, cervecita, fútbol
y playa, ¿a quién le importa?