Novela de Luis Goytisolo publicada en
1976 y segunda de una serie con el título común de
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Taller de escritura, podríamos llamarla, más que propiamente relato pues se trata de un estudio del pensamiento de un escritor y sus medios y procedimientos para dar forma al texto escrito; las notas preparatorias, en definitiva, que explican el trabajo del novelista, aunque acompañadas de una tenue anécdota central. La acción transcurre entre Rosas y Cadaqués.
Raúl
Ferrer Gaminde, el narrador, es un escritor que abandona su ciudad,
Barcelona, y llega a Rosas con su madre. Ignoramos en qué trabaja o de
qué vive. No interesa sino la representación. Tiene la intención de
meditar sobre su vida matrimonial y también concentrarse en su creación
literaria, una novela, pero al mismo tiempo recuerda su pasado desde la
infancia y la vida familiar hasta su vida profesional. Ambos asuntos le
hacen hablar con sus amigos, con la gente, y todo ello se una a las
alusiones a los cambios que ha experimentado el pueblo influido por el
turismo. Pero destacan las notas que toma sobre su novela. Piensa el
escritor que el acto de escribir es para él una aceptada forma de
alineación, una fuerza que lo empuja a realizar sus textos por encima de
todo, aun a expensas de abandonar el resto de sus quehaceres. Vamos
viendo la transformación de unos pasajes de sus apuntes y la anulación
de otros; la multiplicidad de temas, las pasiones humanas y la reflexión
sobre el estilo del texto literario, las variaciones, el
cuestionamiento del texto escrito. Sirven de ejemplo los nombres de
protagonistas de su obra que empiezan siendo llamados él y ella. Luego,
avanzado el trabajo, les da nombres: Camilla y Ricardo, pero éstos
resultan ser una trasposición literaria del propio escritor y de su
mujer. Y termina afirmando que <
Fluye una sátira medio organizada en el caos, una crítica a la burguesía, pero con cauces excepcionales pues estamos ante una novela experimental más que relato de ficción, novela de ideas. Vienen éstas imbuidas en sensaciones y sensibilidad, en pasajes eróticos, en personajes que son, incluido el narrador, entes de ficción desdibujados más que personajes insatisfechos con el tipo de vida que ellos llevan pero incapaces de dar solución a los escollos que tienen ante ellos. Interesan las reflexiones profundas en relación con el acto creador, las meditaciones sobre el proceso literario a medida que evoluciona. Es el relato dentro del relato. Cada uno de los seis capítulos van divididos en párrafos encabezados por una frase en mayúsculas que alude al contenido, pero sin particular orden en las divisiones. En el último capítulo se suprime la definición de los fragmentos y todo aparece en una continuidad. Muchos críticos han destacado esta novela como una de las más representativas del autor y la más significativa de la serie. Lo que se describe, sin duda, es la personalidad del escritor, los rasgos de su carácter, su interior y la explicación de sí mismo. Como metáfora utiliza el cuadro de Las hilanderas de Velázquez, en cuyos segundos planos se inspira para sugerir mitos (el rapto de Europa). Dice Gil Casado que el lector percibe la narración como una totalidad indiferenciada e indiferenciable. Por ejemplo, la técnica de pasar de un narrador a otro narrador tiende a oscurecer el cambio, con el obvio propósito de que el lector no note el paso de un punto de vista a otro. En definitiva, no importa quién habla, lo importante es únicamente el discurso y el pensamiento.