BIEN SER, BIEN ESTAR.
Conéctate…..con tu
interior.
Parte II.
Cecy Valerio.
“Tu visión se aclarará sólo cuando puedas ver dentro de tu propio
corazón”, Carl Jung.
Esta es la segunda parte del tema “Conéctate” de la columna que compartí
con ustedes hace dos semanas en la que hice referencia a la manera en que chicos y grandes vivimos
conectados a un sinfín de aparatos de todo tipo y de cómo estas actitudes
están afectando nuestros hábitos de
convivencia.
Al título de esta columna le agregué “…con tu interior”, porque
abordaré la importancia de conectarnos
pero ahora con lo que es más importante: con nosotros mismos y Dios.
Para poder lograr un verdadero acercamiento de comunión con los demás
primero necesitamos entrar con nuestro interior. Pocas veces nos damos la
oportunidad del silencio, de la meditación, la reflexión, la contemplación y el
discernimiento. Ya sea por falta de tiempo, por falta de costumbre, de
conocimiento o por apatía.
Decía Francisco de Sales que todos necesitamos media hora de meditación
al día y que si estamos muy ocupados, entonces necesitamos
una hora. Esto significa que si no tenemos tiempo para algo tan importante es
porque, de entrada, no andamos muy bien, aún cuando realicemos muchas
actividades que consideramos prioritarias. Lo importante aquí es darnos la
oportunidad, el regalo de estar con nosotros mismos, para luego poder
contactarnos con Dios y con las demás personas.
La clave es formarnos el hábito,
( lo que me habita) y luego no querremos perdernos de ese momento. Expresa el
P. Thomas Keating, impulsor de la oración contemplativa, que una vez que tienes
el hábito de interiorizar y de consentir
la presencia divina de Dios, es como “ ir a una cita amorosa que no te quieres
perder”.
No es fácil aquietar la mente, ésta hace su trabajo que es pensar y son
los pensamientos los que nos llevan y nos traen viajando en tiempo y espacio.
Interiorizar es también ubicarnos en el aquí y ahora. Interiorizar permite fomentar la
espiritualidad, entendida como una dimensión importante de la condición humana
a la que pocas veces atendemos.
Es en nuestro interior, en el corazón, en nuestra alma, donde podemos
encontrar una fuente inagotable de luz, fortaleza y amor. Almacenamos ahí nuestras experiencias y las
herramientas que nos sirven para seguir adelante. Señala Jorge Bucay que muchas
veces andamos por la vida pidiendo herramientas prestadas, cuando en nuestro
interior tenemos nuestra propia cajita de herramientas y podemos seguir
equipándola y echando mano de ellas.
Echarnos un clavado a nuestro interior es también conocernos. En su libro “Tejer nuestra propia vida”, Luis
Valdez resalta la necesidad de
conectarnos con nuestro interior para conocer lo vasto de nuestro ser, nuestro
cuerpo y nuestra alma. De ahí partimos para conocer nuestra relación con lo que
nos rodea, de una manera más amplia y universal. “..Con nuestros semejantes, la comunidad, el mundo y el cosmos”. Es
fortalecernos desde nuestros propios recursos personales, lo cual nos permite
estar mejor vinculados con lo exterior.
En un cuento de Antony de Mello
nos enseña que un día Dios se quería
esconder de los humanos para que no lo encontraran y para ver qué hacían sin
El, ya que para lo único que lo buscaban era para pedirle cosas, y lo hizo en
el corazón de ellos. Cuando un ángel le
preguntó el porqué, dijo que ahí no lo
encontrarían ya que los humanos rara vez se asomaban a ese lugar. Y es
precisamente en nuestro interior, en nuestro corazón en donde habita esa
Presencia Divina, sin que nos demos la oportunidad de consentirla.
La activación de nuestra espiritualidad a través de este contacto
interior – señala Leonardo Boff- es una luz que nos integra con nosotros
mismos, nos sintoniza el corazón y nos abre a los otros y a Dios mismo.