Novela de Carmen Laforet publicada en 1945.
Sordidez y miseria moral de la burguesía española tras el trauma de la guerra civil en el ambiente sombrío de una sociedad en descomposición. Barcelona sirve de marco y en ella la protagonista, en medio del egoísmo y el odio de quienes la rodean, va viendo reducirse a nada sus vivencias, pero queda, como en una exposición, la fotografía de un período histórico.
Andrea, joven
huérfana, narra en forma autobiográfica su experiencia desde que llega a
la extraña casa de su abuela materna, en la calle de Aribau, para
estudiar en la universidad, hasta que abandona desencantada la ciudad
cuando acaba el curso académico y se traslada a Madrid. Nada tiene que
ver lo que había imaginado con el ambiente que encuentra. A ella le
parece que allí vive la gente <
Hay
un punto de vista único, el de Andrea, que rememora, con ciertas
variaciones con respecto a lo que sucedió, hechos y emociones de dos
años antes. De los personajes que la rodearon recuerda las taras y mucho
menos sus lados humanos y nos cuesta trabajo creerlos, hacerlos
verosímiles. Su matiz autobiográfico queda en evidencia, al menos en los
planteamientos: la propia autora se traslada a Barcelona el año 1939.
Por eso, tal vez, los diálogos no ofrecen una conversación, sino que son
recuerdos e impresiones fragmentarias, tal y como ella los había
percibido. No queda la impresión de que persiga una crítica social, sino
que parece lamentar no haber tenido esa seguridad de las clases
acomodadas, ese ambiente en que se hubiera sentido cómoda e indemne. El
uso de la primera persona narrativa y la sencillez del planteamiento
agrada al lector, que entra en la protagonista y va viviendo los hechos
con ella: la lluvia, las duchas, el hambre, la oscuridad…todo va
surgiendo a medida que Andrea lo rememora. El lirismo, la ternura de sus
páginas, la espontaneidad de las palabras de su narradora, están sin
duda entre los grandes logros. Ve Sanz Villanueva en la composición, a
pesar de los <