Si hay algo que deja claro Sister es que la madurez poco o nada tiene que ver con la edad: ahí tenemos a su protagonista, demostrando una sensatez y una capacidad de resolución a años luz de la de su hermana mayor, que transita sus días entre juergas y un novio que la maltrata. Que los métodos que emplea el pequeño para poder llegar a final de mes no son los más admirables del mundo está fuera de toda duda, pero habría que preguntarse qué otras alternativas ofrece una sociedad enferma. Meier, cuya idea del film se le ocurrió a raíz de un recuerdo de la infancia, plantea un jugoso debate: ¿hay casos en los que el fin justifique los medios? Preguntas aparte, también conectamos con Simon por la manera que tiene la directora de encuadrarlo, reflejando de forma visualmente excepcional una falta de afecto tan abrumadora hasta el punto de que llega a ofrecer dinero a su propia hermana para poder pasar una noche abrazado a ella o ve en una turista británica que acaba de conocer (Gillian Anderson, la Scully de Expediente X) la protección maternal que nunca ha tenido. En este sentido, contrasta una protagonista emocionalmente tan helada como los parajes donde se desarrolla la acción, frente a una criatura que pide a gritos calor familiar. Sister , en definitiva, saca a relucir una de las necesidades básicas del ser humano: el tener al lado alguien a quien querer.
Este espectáculo austero aglutina toda otra serie de virtudes que son las que lo han convertido en un (pequeño) fenómeno internacional: un potente giro de guión absolutamente imprevisible a mitad de función, su habilidad para filmar los momentos de tensión -la pelea entre los hermanos o el momento en el que ambos, precisamente tras esta vuelta de tuerca inesperada, quedan abandonados a su suerte en mitad de la carretera- y la sensibilidad demostrada a la hora de conjugar el confort y la estabilidad que representa la confortable estación de esquí de los Alpes suizos con el entorno árido, sucio y gris en el que Simón vive con Louise, donde se pone de manifiesto además la gran labor de fotografía que logra el tono preciso en cada uno de estos dos ambientes. Película avivada por sus interpretaciones -ella firma su mejor interpretación tras la insuperable La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) y él vio recompensada su magnífica entrega con una nominación al César al mejor actor revelación-, Sister es un ejercicio de una intensidad emocional abrumadora, con una narración que no cae en el tremendismo ni se emplasta nunca en la melaza: depurada al máximo, todos y cada uno de los planos de la película tienen una finalidad concreta.