Novela de Gabriel Miró publicada en 1925, que es temáticamente la continuación de Nuestro padre san Daniel.
Un prelado aquejado de la terrible dolencia que señala el título excita la curiosidad del lector, pero el asunto es principalmente la segunda parte de la legendaria vida de Oleza (Orihuela). La acción se extiende a lo largo de unos diez años.
El argumento es una serie de episodios inconexos, imprevisibles, en un intento de reflejar el desarrollo de los días, presididos por el obispo de la ciudad que aparece de vez en cuando desde su palacio episcopal resignado a seguir el largo y silencioso camino hacia la muerte. Y lo acompaña un secreto: su amor platónico por Paulina. Los ciudadanos bullen, desfilan por la vida tranquila y continua de la ciudad: Paulina sigue prisionera de su esposo y de su terrible cuñada Elvira ya no tiene fuerzas ni para pensar en su propia liberación. Su hijo Pablo, recoge la vitalidad que le falta y tiene un extraño idilio con María Fulgencia, hacia el final de la novela, único acontecimiento humano que ennoblece de modo natural la vida sin alma de la pequeña población. María Fulgencia, la ahijada del deán, vive de obsesiones y confunde sus fiebres eróticas con arrebatos místicos, hasta que pasados éstos, se muestra propicia a casarse <
Muchos lectores interpretan el mensaje del autor como la crítica a una educación rígida e irracional, responsable de la desviación de algunos personajes. Los episodios se presentan aislados, de modo que es el lector quien los rehace al darles unidad. El autor es un maestro del léxico, del sentido musical, de los adjetivos sensoriales y de la evocación en la línea en que él entendía la novela, según la cual es mejor <