En una era tecnológica como la que
vivimos, parece que no existe nada más allá de las nuevas tecnologías. Los
seres humanos aprendemos a utilizar los más avanzados instrumentos tecnológicas,
pero apenas tenemos herramientas para enfrentarnos a la muerte de un ser
querido o a la frustración o a la soledad o a la marginalidad o a la presión grupal.
En la actualidad, las estadísticas sobre incidencia y prevalencia de estados de
ansiedad, estrés, depresión, consumo de drogas, violencia de género o suicidios
tanto en adultos como en jóvenes son sencillamente alarmantes.
En la adolescencia, más que en cualquier
otra etapa, es no solo fundamental sino necesaria una educación emocional
dentro de las aulas. Se trataría de una educación encaminada al desarrollo de las competencias emocionales
por parte del alumno, con el fin de capacitarle para la vida y aumentar su
bienestar personal y social. Es decir; para que el alumno construya una
serie de mecanismos que le ayuden a afrontar de manera equilibrada todos los
aspectos emotivos que surgen del hecho de vivir: la rabia, el odio, la envidia,
el amor, la amistad, la muerte.
En mi último libro, “Manual para superar la adolescencia:
tratado de educación e inteligencia emocional” http://bit.ly/1d59qii abordo los problemas que
más preocupan a los jóvenes: la relación
con los padres, las drogas, las relaciones sexuales, la imagen corporal, las
redes sociales y la violencia de género. Para tratar dichos temas, se han
recogido opiniones de adolescentes y de padres, se han seleccionado noticias y
se han analizado diversos estudios al respecto. Está escrito con un lenguaje
cercano, al tiempo que didáctico, de tal modo que los jóvenes puedan acercarse
a su lectura sin sentirse aleccionados, aspecto fundamental en la educación
emocional. Pero, también, con un lenguaje claro y directo, en ocasiones
provocativo, con el fin de fomentar la reflexión y la autocrítica.