Las cosas en Yemen
parece que están tomando otro giro después de la renuncia del general Alí
Mohsen y la intervención a favor de los manifestantes de las fuerzas del Jeque
Sadeq al-Ahmar. Esto último ha ocasionado que el presidente Alí Abdalá Salé
haya resultado herido y que se terminara refugiando junto con su familia en
Arabia Saudita. Otro tanto parece estar sucediendo en Libia, pues aunque la
aplicación de la discutida resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la
ONU – la cual se abstuvieron de votar Rusia, China y Alemania – no
ha dado los resultados que esperaba la OTAN, las garantías que el gobierno
turco le ha dado a Gadafi para que deje el poder y lo que ha hecho en ese
sentido también la Unión Africana, no vislumbra un futuro muy promisorio para
el gobernante. Muy diferente, sin embargo, es lo que está sucediendo en Siria.
Varios analistas,
entre los que se encuentra Moisés Naím, han tratado de explicar la timorata
reacción internacional ante las aproximadamente 1.400 muertes que ha ocasionado
la brutalrepresión del gobierno de Bashar al-Assad, y las sanciones que se
le han impuesto al régimen de Al-Assad – al que se ha evitado
pedir su salida del poder– , argumentando que si la ONU no ha emitido
ningún tipo de resolución que promueva su intervención en ese país es no
sólo porque Siria posee poco petróleo, sino porque ésta en algún momento se
retiró del Líbano como se había acordado, es aliada de Irán, y Estados Unidos,
después de su incursión en países como Afganistán, Irak y libia, tampoco
acompañaría a la OTAN en una nueva aventura intervencionista. A lo que se suma
que sus vecinos, entre los que se encuentra Turquía y el mismo Israel, parecen
preferir la presencia en el gobierno de Al-Assad, unos por la mayoría
Kurda que se encuentra en su territorio y que está deseosa de crear su
propio Estado, y el otro por las vinculación de Al-Assad con Hezbolá y
Hamás.
Los casos de Libia y
de Siria plantean, sin embargo, varios interrogantes. Por un lado, la
autodeterminación de los pueblos, consagrada en la Carta de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), no permite la injerencia de
unas naciones en los asuntos de otras. Así , por ejemplo, en el preámbulo de la
Declaración de la Organización de la Naciones Unidas 2625 (XXV) y que versa “Sobre
los principios de derecho Internacional referente a las relaciones de
amistad y a la cooperación entre estados “, de fecha 24 de octubre de
1970, y en el apartado que lleva por título “El principio de la igualdad de
derechos y de la libre determinación de los pueblos”, proclama que : “En virtud
del principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los
pueblos, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, todos los pueblos
tienen el derecho a determinar libremente, sin injerencia externa, su condición
política y de procurar su desarrollo económico, social y cultural, y todo
Estado tiene el deber de respetar este derecho de conformidad con las
disposiciones de la Carta” .De igual manera, varias resoluciones emitidas por
la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde destaca la 2131, de fecha 21
de diciembre de 1965, dicen textualmente que“Ningún Estado tiene derecho
de intervenir directa o indirectamente, en los asuntos internos o externos de
cualquier otro”. Todo ello ha llevado a que, por ejemplo, Vladímir Putin
comparara la resolución 1973 con los llamamientos medievales a las cruzadas,
donde “alguien llamaba a alguien a ir a determinado lugar para liberar algo”, y
a decir que dicha resolución es una carta blanca para intervenir en los asuntos
internos de cualquier Estado, y que el carácter de lucha armada que ha
adquirido el conflicto en Libia no da derecho a que alguien pueda intervenir
desde el exterior en defensa de una de las partes.
Pero como también
sabemos todos, la misma Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y
proclamó el10 de diciembre de 1948 la Declaración Universal de los
Derechos Humanos, que en su artículo 2 dice que toda persona tiene todos
los derechos y libertades proclamadas en esa declaración (derecho a la
vida, a la libertad, a la seguridad, a no ser sometido a torturas, etc.) “sin
distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de
cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento
o cualquier otra condición”. Pero. Además, que para ello “no se hará distinción
alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país
o territorio de cuya jurisdicción dependa la persona, tanto si se trata de un
país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no
autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía”.
El caso de Hamza
al-Khatib pone en evidencia el aterrador y terrible dilema al cual nos
encontramos enfrentados. Este niño sirio de apenas 13 años, se ha convertido en
el símbolo de las protestas contra el gobierno de Al-Assad luego que se hiciera
público un video que muestra su cadáver ensangrentado, con heridas de bala en
sus brazos, abdomen, pecho, con claros signos de haber sido torturado y
con su pene amputado. Khatib había desaparecido durante las manifestaciones del
29 de abril y fue devuelto después de un mes a su familia. Aunque las
autoridades sirias niegan su autoría en estos horribles hechos, la
fotografía de Khatib se ha convertido en un estandarte de los que gritan “vete” Al-
Assad. De ahí que Hillary Clinton se haya mostrado muy preocupada por este caso
hasta el punto de que ha dicho que confía en que la muerte de este niño no haya
sido en vano.
Como sostenía Sartre, estamos
condenados a elegir. Pero por todo lo que llevamos dicho, ¿qué elegirá la
comunidad internacional? ¿Podemos quedarnos de brazos cruzados cuandolos
civiles son masacrados a manos de gobiernos y militares inescrupulosos porque
nos está impedida la injerencia en los asuntos de internos de otros Estados?,
¿o debemos intervenir cuando los ciudadanos de esos Estados están siendo
masacradas por gobiernos que no desean ser desplazados? ¿Pueden los gobiernos
autoritarios doblegar a sus ciudadanos y gobernar contra la voluntad popular
apelando a la no intervención en sus asuntos internos? ¿Se puede gobernar
contra los deseos de buena parte de la población por el hecho de que un grupo
dispone y está en posesión del monopolio de la fuerza? Son un montón de
preguntas para las cuales todavía no tenemos respuestas, pero mientras, y
parafraseando a Huidobro, podemos decir que ha muerto un niño y que de su
“herida se ha visto escapar un pájaro”.