BIEN SER BIEN ESTAR.
Conéctate…..
PARTE l//--//.
Cecy Valerio.
“¡Mira hacia adentro!..... El secreto está dentro de ti”. Hui-neng.
Hoy vivimos conectados. Conectados a las redes sociales, a los teléfonos, a los medios de
comunicación electrónicos, al video juego, al Ipot y a la internet. Nos resulta
imposible vivir sin estos artefactos y facilitadores de la información, es más,
la vida actual lo demanda de esa manera. Negar que forman parte de nuestras actividades cotidianas y no incluirlos es como estar “out” como
dicen los jóvenes. Sin embargo y
paradójicamente, vivimos desconectados de lo más importante, de nosotros mismos
y de la gente cercana.
Hace algunos años se llamaba analfabetas
a quienes no sabían leer ni escribir,
luego a los que no hablaban inglés ni
sabían computación, ahora son los que no
están en las redes sociales. Se les llama analfabetas digitales. Expertos señalan que no entrar en las redes es
vivir fuera de una realidad. Quienes sí lo están “viven en un hipermundo”. No lo
puedo creer.
Como herramientas de trabajo, para
acortar distancias y poder comunicarnos con familiares y amigos que viven
lejos, para la investigación, como facilitador de la enseñanza, son
maravillosos. También como entretenimiento sano. No así si los utilizamos para
aislarnos, enajenarnos, arriesgar nuestra identidad e integridad o para pasar
largas horas del día al servicio de ellos. Los medios electrónicos se hicieron
para servirnos, no para que éstos nos controlen y dominen.
En dónde quedan entonces las
relaciones interpersonales, la comunicación cara a cara, una muestra de afecto
físico, un apretón de manos o un abrazo, una mirada. Por supuesto que toda esta
tecnología nos ayuda enormemente y
facilita muchas de nuestras actividades
laborales, escolares y sociales, pero todo en su justo medio, no sacrificando
el contacto con nuestro interior y con las personas que nos rodean.
Hoy se puede “chatear” a todo momento del día, incluso con
desconocidos y al mismo tiempo no saber
quiénes son nuestros vecinos, mucho menos
saludarlos. Es común ver en un restaurant en una mesa a cuatro personas cada
una hablando con sus respectivos teléfonos móviles y platicar poco entre
ellas; en un hogar cada integrante de la
familia está conectado a su “gadget” y apenas intercambiar monosílabos entre sí.
Es aislamiento personal es cada vez
más evidente. No por nada acaba de salir un libro que se llama “La dieta
digital”, para prevenir o curar los daños que está causando esta nueva adicción
a chicos y a grandes. Se escucha a
jóvenes decir que no tienen tiempo para
hacer deporte o para salir a convivir en
familia porque tienen qué conectarse, revisar su face o ver su programa
preferido. Pasó a la historia el tiempo en que se veía la televisión en
familia, en la sala de la casa y haciendo comentarios sobre los contenidos.
La facilidad y la rapidez con que se
les presentan contenidos a través de los medios electrónicos han hecho que los jóvenes pierdan la capacidad de
espera. Si la computadora está lenta, la quieren cambiar por otra. Antes
esperábamos semanas enteras para recibir con gusto una carta de un familiar que
vivía lejos. Hoy nos desesperamos si el Messenger tarda en abrir. A los chicos
les cuesta trabajo el aprendizaje de un arte, por ejemplo, debido a que requiere de paciencia y
perseverancia. A la primera que no les sale el dibujo, se desaniman y lo botan.
Tenemos cientos de contactos en
nuestras cuentas electrónicas y se pierden los contactos más importantes. En la
segunda parte de este artículo comentaremos la importancia de mantenernos
conectados con nuestro interior y vinculados a las personas cercanas.