Novela de José Martínez Ruiz, Azorín (Monóvar, Alicante 1873 – Madrid, 1967), publicada en 1925.
Delicada
<> (como reza en el subtítulo) teñida de
romanticismo, aunque ajena al personaje homónimo del Don Juan Tenorio
el drama de Zorrilla. Está ambientada en Madrid y Segovia hacia la
mitad del siglo XIX y expuesta a modo de una colección de instantáneas.
Aparece
doña Inés en Madrid en una casa. Recibe una carta que rompe, y que la
empuja a ir a Segovia, donde posee un gran palacio. La carta es
probablemente de su amante, que debe de haberle anunciado la ruptura.
Una tarde en el alcázar, cruza sus miradas con el poeta Diego el de
Garcilán, que Azorín describe en el capítulo XXVI (la obra tiene LII)
con el título de La flecha invisible. Hasta ese momento de la
novela no ha existido trama, ni volverá a existir en demasía. Tras
terminar el retrato el pintor Taroncher, don Pablo admira la semejanza
que existe entre ella y doña Beatriz, antepasada de Inés cuya historia
ha quedado reflejada en la novela de don Pablo y su escultura está sobre
su tumba en la catedral. Inés le ha visitado pensando en la
<>, lo que la ha atemorizado teniendo en
cuenta que conocía la historia que su tío novelaba, y al salir del
templo (cap. XXXVII) encontramos la culminación y la razón de toda la
novela. La escena levanta en la ciudad un gran escándalo que provoca la
intervención del obispo y del jefe político. Inés anuncia su viaje en
una carta dirigida a su tío. En el Nuevo Mundo dedicará su vida a los
niños que acoge en un orfanato. Da indicación de los repartos de sus
riquezas, en los que todos salen favorecidos. Tío Pablo representa la
sobriedad, el buen ejemplo, la virtud. Parecería que tiene todo el
carácter propio de Azorín. Escribe una hora y media diaria, el resto del
día piensa. Es también historiador e Inés lo visita frecuentemente. En
esas visitas le cuenta lo que está escribiendo y el argumento remite
precisamente al mal entendimiento entre dos antecesores de doña Inés,
doña Beatriz y don Esteban. Diego el de Garcilán es poeta, vive en la
fonda y es funcionario público. Su novia, Plácida, es precisamente la
criada de Inés. Ambos son mucho más jóvenes que los protagonistas. Los
capítulos XXI a XXXIII intercalan la historia de doña Beatriz, sobre la
que el tío de la protagonista está escribiendo un libro. Doña Beatriz,
antepasada de doña Inés, también estuvo enamorada de un rubio trovador
decapitado por el marido celoso y ahora doña Inés, vieja ya, imagina a
los niños del colegio viviendo la misma historia. Guillén de Treceño,
joven trovador de dieciocho años, se convierte en amante de doña
Beatriz, mucho mayor que él. Un día, cuando acaricia sus largos y rubios
cabellos, un ruido en una puerta le hace sospechar. Poco después el
trovador desaparece. En una fiesta doña Beatriz encontrará en un cofre
los cabellos de su trovador. Se retira y pronto muere. Ambas conciben un
tardío e imposible amor que ha de ser cortado de raíz.
Texto
esencialmente lírico, de bellísimas y morosas páginas en busca de los
sentimientos de la protagonista y el entorno provinciano y sofocante de
la ciudad de Segovia, que vive la transición de la aristocracia caduca
hacia la burguesía. La obra comunica una auténtica sensación de tiempo,
de la latente tragedia del tiempo, de la idea del eterno retorno, y
también del espacio, centrado en el episodio principal del argumento, el
beso, que cobra un carácter de intemporalidad. Aquel beso que don Diego
e Inés se dedican en la catedral provoca un escándalo. Inés renuncia a
su felicidad para evitar el dolor de la moza que está enamorada del
poeta. <>, y añade: <>. Elena Catena ve en ella una
<>. Para Shaw es ésta su
única novela importante, aparte de La voluntad.