En tal fecha como hoy no podía faltar un artículo relacionado con este fantástico mundo ilusionante de las meigas, del miedo, de la fantasía, del misterio. Una fiesta que se remonta a los orígenes celtas y que también es conocido como Noche de Brujas o Noche de los difuntos, estamos hablando de Halloween.
Rebuscando entre los archivos del lugar donde trabajo, la Biblioteca Gabriel Miró, encontré un libro con Historias para no dormir y de entre ellos os dejo hoy con un cuento de Tico Medina, La segunda muerte.
Tico
Medina de Granada, es tierra de origen que no precisa comentarios. El
reportaje, el libro, el cine, la radio, la televisión son sus medios. El
buen periodista ve en la noticia la fuente, el impulso que la máquina
de escribir transforma al llenarla de contenido, de fuerza, al acercarla
viva al lector. Tico Medina está detrás del <
Así y aquí empieza su relato:
Cuando
tenía trece sufrí un fuerte ataque de catalepsia. Se queda una como
muerta. Estuve un día cerca de la tumba, con un pie dentro de ella. Otra
vez muerta. Era prácticamente un cadáver. Mis manos se habían cruzado
sobre el pecho. Sentía el blanco resplandor de las sábanas en torno a
mí. Mis ojos estaban cerrados. Mis uñas, negras. Escuchaba todo, muy
lejos, pero claramente. Oía llorar a los míos. Mi madre no quería
llevarme de la cama. Sentía su respiración cerca de mis labios. No podía
mover ni un músculo del cuerpo. El médico llegó pronto. El frío helado
del fonendo me hizo estremecer, al sentirlo en el pecho, a la altura del
corazón. Le dijo a mi madre: <
Así, de viva voz, lo ha contado doña Hermógenes González a este periodista. Vive separada y cosida al mundo por el hilo mágico de su sonotone. No mueve su mano derecha. También la tiene muerta. No la tiene, pero ésa es otra historia, donde vio a la muerte de otra forma, más violenta frente a sí, cara a cara, ensangrentada y dramática. La muerte siempre acude a un disfraz. La muerte tiene el frío de las máscaras del carnaval. Se viste como quiere. O de blanco o de negro. O de rojo…
Pero ésa, repito, es otra historia. Porque doña Hermógenes, ha tenido cuatro muertes. Y de las cuatro ha vuelto. Con ella, en algún lugar, como una preciada joya, se muere de serio, un certificado de defunción y un traje de amortajar.
Yo había dicho no hace mucho al escribir de ella, de pasada, de otras cosas: