Las tecnologías, que son el producto de la invención humana, que fueran y
son logradas, aplicando la creatividad de los seres humanos en función de
resolver sus problemas con mayor eficiencia, aliviando el esfuerzo de estos en
los procesos productivos de bienes y servicios, han abierto la posibilidad de
que las jornadas laborales puedan acortarse. Posibilitando, de esa manera, que
las personas auxiliadas por las tecnologías tuvieran y tengan mayores
posibilidades de acceder al ocio creativo y al consumo cultural. Sin embargo,
hoy es posible comprobar que las tecnologías, que son comprables como cualquier
otra mercancía, son utilizadas por sus compradores, para hacer más eficientes
sus procesos productivos y de esa manera emplear cada vez menos personas en sus
empresas, desprendiéndose de una buena parte de su plantilla de personal actual
y a futuro. Es decir, que las tecnologías, son utilizadas por sus adquirientes para
ganar más dinero, generando de esa manera la exclusión y la marginación de las personas de
la sociedad productiva. Por lo que se terminan construyendo sociedades
absolutamente desequilibradas, con culturas y estilos de vida absolutamente diferentes.
Donde puede observarse una violencia creciente, producto de las enormes
diferencias sociales de los grupos que la conforman. Si este proceso darwiniano
no es contrapesado con la acción del Estado que recicle a los caídos de los
procesos productivos hacia otras actividades productivas, las sociedades se
volverán inviables. Por otro lado, existen posibilidades laborales para quienes
tienen una buena formación y capacitación, algo que precisamente no abunda en
los sectores marginados y excluidos de los procesos productivos. Esta grave
problemática debe ser visualizada no solo por el Estado, sino además por la
parte de la sociedad que se encuentra integrada productivamente, percibiendo
ingresos genuinos a cambio de su trabajo. De seguir observando al proceso de
exclusión con indiferencia y como algo ajeno a su realidad y que no le compete
procurar resolver, pagará muy caro las consecuencias de este estado de
situación. Actuando en definitiva las tecnologías, como un boomerang. Las que lejos de mejorar a las sociedades las
terminan complicando y complejizando, producto de estar insertas en un sistema
perverso que tiene al lucro como el eje fundamental de su existencia.
Eugenio García
http://garenioblog.blogspot.com.ar