Que es el sueño más que una muerte corta;
la muerte un sueño mas largo.
Flescher
El ser humano a lo
largo de los tiempos ha tenido la facultad de realizar numerosas acciones,
actos que lo han conducido por distintos caminos, por innumerables propósitos;
siempre con el fin de cumplir o saciar sus deseos, siempre con la intención de
realizar sus anhelos. Por lo que el hombre parece ser movido por todos estos
deseos, por todos sus anhelos, parece estar sujetó a la necesidad de cumplir
sus sueños. Aparentemente los sueños mueven al hombre ¿pero de donde provienen
los sueños? Quizás del sentirse incompleto, de esa inconformidad o tal ves de
la necedad que tiene el hombre por obtener mucho más. Aunque igual puede contemplarse
la posibilidad, de
que lo sueños, provengan de otro lugar, de un lugar que se encuentra en el
cuerpo humano, de la mente. De esa sección del hombre que tiene la facultad de
pensar, razonar, reflexionar y por supuesto soñar, desear.
En la mente se encuentran todas las
características de un individuo, todas las ideas que conforman su dicha, todos
los recuerdos que lo hacen sentir feliz; pero también residen todos los pensamientos
y recuerdos que lo hacen miserable, todo aquello que podemos denominar sus
pesadillas. Los sueños y las pesadillas son parte del hombre, conforman la
mente de éste, ambos como deseos que habitan el inconsciente.
A lo largo de la historia el ser humano ha
tenido sueños y de igual modo pesadillas; presentándose uno y otro cuando se duerme,
cuando se descansa, cuando la conciencia se desplaza y sede su turno al
inconsciente. Los sueños habitan el inconsciente, por lo que de cierta manera
nos movemos por medio de éstos, por medio de lo
que tal parte oculta nos señala. El hombre es menos de si mismo de lo que el espontáneamente
cree, es decir, el individuo es un sujeto que se encuentra unido al
inconsciente, sus acciones en el mundo provienen más del inconsciente que del
mismo consiente.
Aparentemente nuestro modo de existencia en el
mundo se funda más en esa parte que paréese ajena a nosotros, en esa parte que
no podemos controlar, dominar e incluso callar, en esa parte que la psicología
conoce como inconsciente. Es ese pedazo (inconsciente) al que podemos culpar de
nuestra capacidad de soñar, de nuestra capacidad de proyectar personas,
lugares, sensaciones, situaciones, entre muchas otras posibilidades, mientras
dormimos. El inconsciente es una especie de no percepción, no esta presente en
la conciencia, es un estado de no comprensión, que se opone al consiente; ya
que este ultimo es el conocimiento del yo. En el inconsciente radican los
sueños, los proyecta, los crea, pero no los define, es aquí donde empieza la
interrogante, ¿Qué son los sueños? ¿Cómo se define los sueños? En termos
exactos no se sabe, nadie conoce a ciencia cierta que suponen los sueños,
para algunos simples recuerdos que presentan mezclados cuando se duerme, para
otros muestran acontecimientos que se darán en el futuro, cosa que resulta
sumamente absurdo. Aunque para el psicoanálisis y más concretamente para
Sigmund Freud los sueños son deseos.
El
ingenuo juicio del individuo despierto acepta que el sueño, aunque ya no de
origen extraterreno, si ha
raptado al durmiente a otro mundo distinto. El viejo filosofo Burdach, al que
debemos una concienzuda y sutil descripción de los problemas oníricos, ha
expresado esta convicción en una frase, muy citada y conocida “…nunca se repite
la vida diurna, con sus trabajos y placeres, sus alegrías y dolores; por lo que
contrario tiene el sueño a libertarnos de ella. Aun en aquellos momentos en que
toda nuestra alma se halla saturada por un objeto, en que un profundo dolor
desgarra nuestra vida interior, o una labor acapara todas nuestras fuerzas
espirituales, nos da el sueño algo totalmente ajeno a nuestra situación; no toma
para sus combinaciones sino significantes fragmentos de la realidad, o se
limita a adquirir el tono de nuestro estado de ánimo y simboliza las circunstancias
reales” .
Así que
como los sueños son deseos, posen un sentido, tienen una lógica a pesar de que
aparentemente se dan al azar. Los sueños son un lenguaje, un decir, que
proceden de un otro, de una extensión del propio yo, dejando que se exprese
libremente el inconsciente: “los sueños son la vía regia al inconsciente” . De
manera que los sueños poseen un sentido, son un lenguaje simbólico que tiene
que ser traducido, ya que en ellos se construye un mundo que no es real, pero
que se asemeja a la realidad. Por lo que se puede plantear la posibilidad de
que la estructura de un sueño es la misma que la de un mito, una fábula que se
crea en un mundo que no es real, pero que se asemeja y sentimos como si lo
fuese.
Los sueños
son la forma en el que inconsciente habla, aunque tal forma de habla es meramente
indirecta, debe ser interpretada, traducida, de ahí que los sueños requieran de
la hermenéutica. Los sueños muestran lo que yace en el inconsciente, proyectan
deseos, anhelos; los sueños son la realización de un deseo, pero no todos, dado
que hay sueños que se en caminan al tormento, al sufrimiento, las pesadillas. De
forma que aunque todos los sueños, son la realidad disfrazada de un deseo
expresándose en el inconsciente, siempre existe la posibilidad de que se desvié,
de que se dirija a lo que conocemos con el nombre de pesadilla, la cual puede
ser considerada
como la deformación del sueño.
Aunque tanto
sueños como pesadilla se puedan definir como deseos que se proyectan en el
inconsciente, la línea que los separa, que los diferencia radica en esa misma
característica, el deseo. Es bien sabido que el deseo que se presenta en los sueños
puede conducir hacia actos que no son capaces de realizarse en el estado de
vigilia, por lo que tales deseos muchas veces son reprimidos, causa por la que
el inconsciente los proyecta por medio del sueño. Pero también existen deseos
que son sumamente reprimidos por la conciencia del individuo, deseos que nos
parecen impensables, injustificables, que encerramos en lo mas profundo de la
mente, hasta el instante en que se presentan como pesadillas.
Las pesadillas son ese fragmento en el
inconsciente que reflejan los deseos mas perversos, los secretos más enterrados
del ser humano, deseos que fueron tan reprimidos por el individuo, a causa de
la educación, la tradición, la propia moralidad o la diferenciación entre lo
que considera bien y mal; que dieron origen al aborrecimiento. El sujeto reprobó
tanto tales deseos que lo llevaron a su aborrecimiento, llegando al punto en
que esos deseos se conviertan en impensables e incluso en un tormento si se
presentan durante el sueño.
Por lo que si bien el deseo
que refleja el sueño en numerosas ocasiones es sumamente placentero y en otras
se convierte en una verdadera tortura, en un original sufrimiento, que
trasforma al protagonista en una victima de su propio inconsciente.
Sea cual fuese la situación no deja de ser una trama que posee la facultad de
ser interpretada.
El sueño para Freud es la pura representación
del inconsciente, cada una es la interpretación de una misma trama, de un mismo
complejo que se encontrara vinculado con el deseo. De
manera que al mismo complejo se le llama escena original. Tal escena original
es la patología, una patología que no
recuerda el sujeto en estado consiente y se manifiesta en una representación
producida en el inconsciente, en escenas diferentes. Por lo que el sueño tiene
su origen en esa escena original, ya que remite (el sueño) a un complejo sepultado
en el inconsciente; si bien no todo sueño remite de forma tajante a la escena
original, pero siempre se encuentra como base. Por lo que los sueños y las
pesadillas aunque parezcan de naturalezas distintas, la línea que los separa es
muy delgada, ya que como se ha contemplado ambos provienen de una escena
original,
al igual que proyectan un deseo, aunque se diferencia en la profundidad de tal
deseo. Pero de igual forma son un lenguaje, son símbolos que deben
interpretarse por medio del psicoanálisis o del
mito, el medio no es lo importante.
Los sueños y las pesadillas de la misma forma se encuentran impresos en el inconsciente y en muchas ocasiones se reflejan a través de nuestra forma de vida, ya que una representa las alegrías y otra los mas escondidos miedos. Y el hombre por más que lo niegue se conduce mayormente por el inconsciente, no puede evitar navegar por aquel mundo que se asemeja a la realidad en muchos aspectos, como en el hecho de que en ambos mundos se enfrenta a los sueños y pesadillas.