Así
como hace poco, las amenazas de
Corea del Norte tenían al mundo
en permanente zozobra, el volcán
político y militar sirio, ha pasado
abruptamente a ocupar el centro de la crónica negra internacional, imbuido en asimetrías de
información y manipulación mediática. En efecto, sin pretensión de
predecir el futuro, pero con la intención de disipar el humo que
existe sobre este galimatías
y disminuir la incertidumbre existente, presentamos tres premisas y
conclusiones, frente algunos silogismos aparentes, que a nuestro juicio, operan como
pivotes del debate.
Primer
sofisma
Los
Estados Unidos aseguran, que los ataques a Siria no pretenden un cambio de
régimen, sino, realizar un ataque
quirúrgico punitivo por espacio de pocos días, que sirva para disuadir al gobierno, de volver a utilizar armas químicas.
Primera
premisa
El ataque
norteamericano de realizarse, exigirá muchísimo tiempo más. La tesis que sostengo, se apoya en las experiencias semejantes anteriores como lo fueron: La campaña aérea
de Kosovo en marzo de 1999, en la que participaron 600 aviones de trece países
de la OTAN con bombardeos diarios contra
Serbia y Montenegro que duraron 78 días. Los incesantes
ataques en marzo de 2003, como parte de la “Operación
Tormenta del Desierto”, dirigida
por Estados Unidos y sus aliados contra Irak, a través de 43 días y la
operación militar contra Libia en marzo
de 2011, que necesito de cinco meses y 20.000 operaciones aéreas, norteamericanas, francesas, británicas y de
otros dieciséis países de la OTAN, para aplastar
a Gaddafi.
Primera conclusión
El ataque norteamericano de producirse, solo
tendría sentido acorde con los intereses de la
Casa Blanca, si tiene como
objetivo táctico, la creación de condiciones favorables para invertir en el
terreno, la correlación militar de fuerzas
a favor de los “rebeldes” y como
objetivo estratégico, el derrocamiento
de Bashar al Assad, tal como en Libia, fue la defenestración de Gaddafi.
Segundo
sofisma
Los ataques de los Estados Unidos contra Siria,
de producirse, constituirán una “respuesta proporcional” y por tanto
estarán dirigidos exclusivamente contra las
plataformas de lanzamiento o sitios en que se sospecha, se almacena armas químicas.
Segunda premisa
Esta falacia, no es consistente con la realidad, pues los
misiles de crucero no se dirigirán a los objetivos anunciados, primero, porque aunque Washington cuentan con tecnología
para atacar nichos de armas químicas, de todas formas se
corre el riesgo de que tales sustancias
se puedan esparcir al viento y segundo por los efectos
colaterales que podrían tener la
afectación de instalaciones sensitivas (nucleares). En
resumen, los ataques de consumarse, en realidad serán directos contra el arsenal del régimen sirio, todo tipo
de instalaciones militares y
administrativas claves, (Ministerio de Defensa, cuartel general,
el palacio presidencial), además de bunkeres,
activos de control y refugios del comando, baterías de artillería y
lanzacohetes que se utilizan para
disparar proyectiles químicos.
Segunda conclusión
Además de los objetivos militares antes señalados, los ataques sin duda priorizaran infraestructuras civiles que
puedan tener uso militar, tales como las carreteras, puertos, aeródromos, pistas de despegues, helipuertos y
aeropuertos que se identifiquen como vitales en la estructura logística de soporte, con que cuentan las fuerzas
armadas sirias, para mantener como la tienen, en el terreno militar, una ventaja
clara, por la abrumadora
superioridad aérea; que le permite no solo desplazar sus tropas por todo el
territorio nacional, sino también atacar desde el aire a los “rebeldes” con un escaso riesgo. En conclusión, el ataque se orientara, a debilitar militarmente al gobierno sirio, al
punto de que ni siquiera tenga posibilidades de recibir ayuda militar externa y por ende, sostener
una guerra de largo aliento.
Tercer sofisma
Existen pruebas
irrebatibles de que el ataque el 21 agosto pasado con armas químicas
contra civiles inocentes, fue ordenado
directamente por Bashar al Assad.
Tercera premisa
Desde hace meses se habla
del uso de armas químicas en Siria y
del accionar de la ONU para verificarlo. Ejemplo de ello, fue la
denuncia contra los “rebeldes” hecha por el gobierno sirio, el 21 de
marzo, que neutralizaron Francia e
Inglaterra, cuando exigieron que
también se investigara en otros lugares,
donde se sospechaba que el régimen las había utilizado. El uso propagandístico que
hacían ambas partes del evento y de los decimosegundos hechos de
esta naturaleza, hasta entonces denunciados,
lo zanjó la ONU, cuando admitió que existían “indicios” de la utilización de
este tipo de armamento, por parte de ambos bandos. En la actualidad, la
diferencia y novedad básicamente es la
escala de su uso. De 29 víctimas en la
primera oportunidad a 1.300 muertos o más, que denuncia
occidente o los 355, que Médicos sin Fronteras reconoce. Ante
la peligrosidad de las consecuencias
político-militares que
acarrearía el grave y mortífero
hecho, el régimen de Bachar al Assad y
las fuerzas “rebeldes” han cruzado acusaciones sobre la autoría del ataque,
incluida la ejecución de operaciones de bandera falsa, tipo Maine (Cuba 1898) o el Lusitania (1915,
Primera Guerra Mundial). En respuesta, las Naciones Unidas procedieron a enviar una misión
de expertos, encargada de investigar el uso de este tipo de armamento.
Como es previsible, lo más probable será,
que la organización, si bien
constate el uso de armamento químico; no
le sea posible determinar, ni la
autoría, ni los medios de lanzamiento
empleados el 21 de agosto, en Al Ghuta oriental, (afueras de Damasco);
tal como ocurrió, con investigaciones anteriores de su uso, el 19
de marzo en Khan Al-Asal y Uteibah; y el
13 y 29 de abril en Sheikh Maqsood
y Saraqib, respectivamente.
Tercera conclusión
Si bien es cierto que el
uso de armas químicas es
inadmisible y por tanto, sujeto a castigo ejemplar, no es menos cierto, que en este caso el problema
surge con los elementos de la prueba. Con
respecto a este crucial detalle, lo
previsible es que las Naciones
Unidas, no acuse directamente a alguna
de las partes como responsable de los sucesos del pasado 21 de agosto. En
consecuencia, ante el vacío que producirá, la ausencia de una acusación oficial directa de la ONU, contra
uno u
otro responsable y la dificultad de presentar pruebas, que con
certeza absoluta, demuestren que el
ataque se realizo por orden directa de
Bashar al Assad; la
sociedad internacional quedara a merced de
las evidencias que exclusivamente Estados Unidos presenten (si es que lo hacen), basadas
en lo que dicten sus fuentes de inteligencia y de las de terceros
(Israel), en que ciegamente confían; como si nunca hubiese existido el precedente
iraquí, de hace una década.
Por: Euclides E. Tapia C.
Profesor titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá