Los padres no lo tienen más fácil para conciliar
la vida familiar y laboral
Los padres que deciden
tomar una excedencia laboral para cuidar de su hijo en lugar de sentirse
obligados a mandarlos a la guardería a los pocos meses de nacer, están
amparados por la ley, pero siguen corriendo riesgos a ser discriminados por su
empresa o incluso despedidos, en el peor de los casos.
A pesar de que la
legislación española está dando pequeños pasos en cuanto a facilitar legalmente
la conciliación de la vida laboral y familiar, los padres españoles más osados
y concienciados de la importancia de su participación en el cuidado de sus
hijos lo tienen también muy complicado a la hora de convencer a sus jefes de
que prefirieren dedicarse a sus hijos unos meses que a desarrollar su carrera
profesional.
Además de poder contar con un permiso por paternidad de
cuatro semanas desde 2011, también se contempla un permiso de lactancia para
que tanto el padre como la madre, indistintamente, cuenten con una hora para
alimentar a su hijo hasta que el niño tenga nueve meses. Asimismo, hasta que su
hijo tenga ocho años, ambos tendrán derecho a pedir la reducción de la jornada
laboral con los recortes salariales que esto implique, en función de sus horas de trabajo.
Aunque la legislación no
sea excesivamente generosa, especialmente en comparación de otros países
europeos, es evidente que en estos momentos de crisis, la mayoría de los
empresarios no están dispuestos a prescindir de sus trabajadores en una
situación tan delicada en la economía global, sobre todo cuando esto implique
contratar más personal para cubrir todas las horas de la jornada laboral. En
cuanto a la especificación de los derechos del personal subcontratado, esta ley
deja flecos abiertos y por definir para que este colectivo no se encuentre
desamparado a la hora de reincorporarse al trabajo.
Al ser una jurisprudencia
reciente, los riesgos ante esta ambigüedad legal, influyen decisivamente en que
padres en la plenitud de su carrera profesional se acojan a este permiso. Y por
tanto, sigue existiendo un altísimo porcentaje de padres que ni se plantea
disfrutarlo. Sin embargo, paulatinamente, las nuevas generaciones, que en
cierta medida han tenido una mayor exposición a otras formas de vida
socialmente más concienciadas, deciden tener una presencia más activa que sus
respectivos padres en la educación de sus hijos desde su nacimiento,
sintonizando con su sentido de la paternidad de una manera protectora,
emocionalmente equilibrada, además de sensible. Este enfoque, libera a los
hombres de la pesada carga del machismo, culturalmente predominante,
permitiéndoles recuperar la posibilidad de pasar más tiempo con sus hijos, algo
que la vida empresarial, altamente competitiva, descarta, en la mayoría de las
ocasiones.
Al igual que le ocurre a
la mujer, el hombre del siglo XXI se encuentra sin referentes a la hora de
encontrar su nuevo papel para conciliar su vida familiar y profesional, donde
ambos han cambiado sus roles en un momento especialmente delicado en cuanto a la
estabilidad laboral y la posibilidad de tener hijos al retrasar cada vez más la
edad de concebir debido, en parte, a compromisos profesionales.
Es por tanto fundamental
que la ley que contempla el permiso por paternidad evolucione de una manera
favorable para apoyar a las madres y a los padres españoles a la hora de
repartirse el tiempo dedicado a sus respectivas responsabilidades, tanto
profesionales, como familiares.
Además de cubrir las
necesidades materiales, los padres que están emocionalmente presentes en la
educación de sus hijos, permiten que crezcan dentro de un entorno familiar
sano, equilibrado y afectuoso.
MARIA CICUÉNDEZ
www.mariacicuendez.com