¿Se refugia Oscar López tras la impunidad democrática?
Política Nacional | 22/08/2013
A tenor de los mensajes surgidos en el seno del PSOE, las amenazas judiciales planteadas por el PP parecen haber surtido efecto reactivo. Al menos es lo que se desprende del contenido de las manifestaciones hechas por el afectado, Oscar López, al afirmar que “las intimidaciones del PP no son propias de una democracia avanzada como la actual”. De este alegato se desprende que el señor López no parece tener las cosas demasiado claras. Intuye dudas sobre las posibles consecuencias punibles que le pueden provocar la formalización de la demanda judicial. Con esas manifestaciones parece querer elevar a simple anécdota el hecho de que, entre políticos, se deben de aceptar las insidias, las acusaciones, los insultos y las calumnias sin rechistar. Que son cosas propias de la democracia. Algo así como que, al amparo de la impunidad política, todo vale siempre y cuando ese todo se haga desde las tribunas políticas y las ofensas afecten al contrario.
Oscar López ha repetido hasta la saciedad y con aplomo que el PP tiene una caja “B” y sus dirigentes cobran sobresueldos en “B”. Lo dice de forma tan radical y contundente que es imposible pensar que carezca de documentación que así lo demuestre. Y si efectivamente dispone de esa documentación para poder demostrar las acusaciones que reitera, no debe de esperar ni un minuto más para presentar la documentación ante el juez. Ello supondría que, además de colaborar con la justicia, ayudaría a resolver el proceso abierto del caso Bárcenas. Por eso sería muy conveniente que no espere a que los jueces le citen para responder a la posible demanda que anuncia el PP.
Otra cosa es que el señor López disponga únicamente, como el resto del enjambre, de la variopinta documentación que ha ido apareciendo del caso Bárcenas. Si es así a nadie puede extrañar que el secretario de Organización socialista apele ahora, tras la amenaza judicial, a que ‘las intimidaciones judiciales no son propias de una democracia’. Y es que está muy feo acostumbrarse a que en el hacer político valen todas las miserias sin tener que afrontar ningún tipo de consecuencias. Las acusaciones infundadas y las calumnias merecen castigo, las diga Agamenón o su porquero.
Tanto el señor Rajoy como el resto de dirigentes populares tienen ahora la oportunidad de reconducir conductas hacia la sensatez. Si las cuentas están en orden es hora de ir poniendo cada cosa en su sitio. Es hora de sacar la cabeza del agujero y afrontar con decisión la defensa de la honorabilidad colectiva del partido. Si hay que denunciar se denuncia. Sí hay que emprender acciones judiciales se emprenden. Sí hay que dar cien puñetazos sobre la mesa se dan. Y si se anuncia una acción judicial, pues se tramita con urgencia, serenidad y todas las consecuencias
Es hora de poner orden a tanto pitorreo.