Durante el día a día se ha comprobado, que para saber que se espera
del trabajo de bibliotecaria hay que escuchar con atención y anotar las
funciones y servicios que piden, exigen y sueñan los usuarios, pequeños y
mayores de la biblioteca y de otras.
Muchos de estos servicios y funciones se han detectado precisamente al comparar lo que ofrecen o dejan de ofrecer unas y otras.
No todos los usuarios esperan encontrar los mismos servicios ni las mismas funciones. Hay quienes todavía está descubriendo los elementales y quien busca ya otros nuevos.
Veamos qué dicen unos y otros:
- A la biblioteca se puede ir a buscar libros para leer, por el simple placer de leer.
Hay lectores que tienen y se conceden ese placer, y piensan que seria
maravilloso leer siempre de esta manera. Son usuarios que no están de
acuerdo con las listas de lecturas obligatorias que les llevan a leer
por leer. Ven muy claro que, cuando tienen la suerte de seleccionar un
libro que quieren, han de llegar de los primeros a pedirlo, sobre todo
los de lectura obligatoria en la escuela. Con el libro ya en las manos,
saben que pueden quedarse en la biblioteca o llevárselo a casa.
- A la biblioteca se puede ir a buscar información para redactar trabajos.
Estos lo saben los buenos estudiantes, los inteligentes, los vivos o
los que lo son todo a la vez. La presentación de un trabajo bien
documentado, con una buena bibliografía, con citas, etc. aumenta la
nota.
- A la biblioteca se va para hablar. Y es que, justamente, ¡en una biblioteca es donde surgen más ganas de hablar!
- La biblioteca es un lugar de encuentro para relacionarse o para ligar, si se da el caso.
Esto es lo que piensa casi todo el mundo. Además, se dice que hay una
cierta de clase de chico y de chica con quien solo se puede ligar en la
biblioteca. ¡Así lo dicen!
- A la biblioteca se va a estudiar.
Esto lo dicen los <
- La biblioteca es el mejor lugar para encontrar información para vivir.
No todos los lectores entienden claramente esta función, pero, cuando
aprenden a valorarla, llegan a ser unos verdaderos usuarios de la
biblioteca. Es frecuente que les angustie una determinada cuestión que
no se atreven a preguntar a nadie, quizás porque les da vergüenza o,
quizás, porque la quieren mantener en secreto. Saben que en la
biblioteca tienen libertad absoluta para buscar las respuestas. Saben
que los libros de la biblioteca pueden ayudarles a aclarar dudas tan
heterogéneas como estas: ¿Puedo poner polvos contra las pulgas a los
gatos recién nacidos?, ¿cómo se debe podar un cerezo?, ¿cómo puedo hacer
un pastel para mi madre si no sé?, ¿a qué hora pasa el último tren?,
¿cómo lo haré si ella y yo...? A los lectores quienes la biblioteca ha
ayudado a disipar dudas de ese tipo, no hay que explicarles nada, porque
evidentemente han entendido para siempre la función de la biblioteca, y
mucho más todavía si han hecho suyas las otras respuestas anteriores.
A
pesar de este amplio abanico de opiniones, cuando los lectores nuevos
solicitan el carné, cuando durante las visitas didácticas se les habla
de todas las posibilidades, o cuando se les pregunta indirectamente a
través de redacciones y sobre las funciones y servicios que aún forman
parte de sus sueños, siempre nos podemos encontrar con alguna sorpresa.
Hay algunos que dicen:
- En la biblioteca habría que poder comer y beber
- Tendría que haber música.
- La biblioteca debería estar abierta siempre, ¡los domingos incluidos!, etc.