El Libertador Simón Bolívar y los suyos lucharon por más de quince años en una guerra sin cuartel, desigual y sangrienta contra los amos de la “ibérica audacia”, en un mar de sufrimientos y esfuerzos no suficientemente estudiados ni divulgados. Una pintura de Francisco Cano, que data de 1922 y muestra el paso del ejército libertador por los páramos de Pisba para pelear en las batallas de Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá, rebela en los combatientes su espíritu a toda prueba y ese, uno de los heroicos momentos de la gesta libertaria con el objetivo de lograr la tan ansiada emancipación americana. Con Boyacá, Carabobo, Pichincha, Junín y Ayacucho, momentos bélicos que ensangrentaron a la América india, negra y mestiza, se cubrieron de gloria los héroes, muchos de los cuales no vivieron para contarlo, pero que desgraciadamente al final, se disputaron los desechos y se repartieron los harapos de esa tierra, empujados por ambiciones personales. La libertad americana llegó pero no la paz, como que ese codiciado tesoro no resultó más que un ideal, que cuando apareció, se esfumó inmediatamente.
El cóndor que en nuestro sagrado Escudo Nacional significa la fuerza y la libertad, en realidad un ave destinada para un vuelo libre y soberano en los Andes, poco a poco encuentra que su ámbito, se limita, se contrae, se invade, y por tanto, su existencia se pone en serio peligro. Amar su libertad es amar la libertad de los seres humanos, de los hijos, que por experimentar esa felicidad y su capacidad de lograrla, deberán afrontar regularmente muy difíciles momentos de soledad, miedo y desesperación, del mismo modo que debió haber ocurrido con nuestros héroes en los días de la guerra libertaria.
Los ideales del Libertador, nacidos de una conciencia y voluntad superior, resultan similares al instinto del cóndor que pide libertad para su propio vuelo, hacia su propio mundo; y similar al destino de los hijos que deciden también levantar su vuelo, porque así tiene que ser, porque persiguen el anhelado momento de probar sus fuerzas, quizás hacia lo más difícil e inaccesible. A veces en ese intento, caen, pero también logran su sueño, que después de todo, no es más que eso, un sueño de libertad.
César Pinos Espinoza