¿Y si el maquinista hubiera muerto en el accidente....?
Ciudadanía | 01/08/2013
Dentro de la desgracia y de la consternación vivida por la gran dimensión del accidente, debemos felicitarnos por los viajeros que, a pesar de la magnitud del percance, resultaron ilesos o con lesiones leves. En este grupo de nuevos nacidos se encuentra también, afortunadamente, el maquinista del convoy. Este hombre, Francisco José Garzón, ha demostrado ser una persona honesta. A pesar de la depresión acuñada por la dimensión del accidente, ha tenido la valentía de declararse culpable del desastre. Y lo ha hecho sin presiones ni dictados. Ha reconocido de forma voluntaria y sincera su despiste culpable, y ha dicho que “prefiero morir”. La nobleza de su declaración define adecuadamente la integridad de la persona.
Pero afortunadamente el conductor del Alvia ha salido ileso del percance y puede testificar sobre lo realmente sucedido. Ante esta realidad nos surge la pregunta: ¿cuál sería el clamor actual de los desestabilizadores si el maquinista hubiera perecido en el accidente?Tras conocerse el dramático accidente que acongojó el corazón y la sensibilidad de propios y extraños, y sin apenas transcurrir algunas decenas de minutos, los carroñeros del oportunismo sectario empezaron a sobrevolar sobre el siniestro, sobre las víctimas y sobre el Gobierno. Como se pudo leer y escuchar en determinados medios, los desestabilizadores sin escrúpulos comenzaron a formular preguntas, abrir interrogantes y a lanzar sospechas sobre los motivos reales del fatal siniestro. De nada sirve aún que el propio maquinista haya confesado su culpabilidad, “exceso de velocidad”, y el dolor que siente por lo sucedido. Al elenco de miserables les da igual. El objetivo es aprovechar la tragedia como táctica política. Se trata de inculpar al Gobierno del mortal accidente y, por tanto, sea cual fuere el resultado final, no cesarán en el empeño.
La respuesta es sencilla: calles llenas de pancartas inculpatorias, sedes del PP rodeadas, y peticiones de dimisión cabalgando desbocadas por el éter.