Introducción
La Real Sociedad Económica de Segovia ha sido estudiada,
especialmente su fundación, organización interna y labor en el siglo XVIII[1].
Pero no se puede decir lo mismo de su andadura después de la guerra de la
Independencia, período que, por otro lado, no ha disfrutado de mucho éxito para
la historiografía preocupada por las Sociedades Económicas, con algunas excepciones[2].
La Sociedad Económica de Segovia
La Sociedad Económica de Segovia surgió gracias al
empeño de una serie de personajes de la ciudad que respondieron a las ideas de
Campomanes. Entre ellos estaban el obispo Alonso Marcos de Llanes y Argüelles,
Melchor Fuentes de Lorenzana, deán y canónigo de la catedral, el licenciado Antonio
Joaquín Ron y Valcárcel, también canónigo de la catedral, el conde de Mansilla,
coronel del provincial de Segovia y gentilhombre de cámara del rey, Antonio
Alfonso Campuzano, su hijo y teniente coronel el mismo regimiento; y, por
último, Francisco Plácido de Velasco, abogado en la ciudad. Este grupo se
dirigió al rey el 9 de julio de 1776 solicitando la autorización para formar
una Sociedad en la ciudad de Segovia. El 1 de abril de 1780 se puso en marcha.
Entre sus socios destacó, sin lugar a dudas, Vicente Alcalá Galiano[3].
La Sociedad entró en decadencia hacia 1805 por falta
de fondos y llegó a desaparecer con la llegada de las tropas francesas a
Segovia. Bajo la nueva situación política hubo un intento por parte de las
autoridades para que se restableciese. Al parecer, tuvo lugar alguna sesión
pero no había fondos y muchos socios no quisieron verse comprometidos
políticamente.
Al terminar la guerra de la Independencia y
restaurado en el trono Fernando VII, la Sociedad solicitó en marzo de 1815 su
restablecimiento que obtuvo por real orden de 31 de dicho, unos meses antes del
decreto de 9 de junio de restitución general de las Sociedades Económicas de
Amigos del País. Por el momento, se regiría por los estatutos antiguos.
La labor de la Sociedad Económica
de Segovia
La Sociedad se preocupó en este período por las
causas de las malas cosechas de vino de la provincia. Por el estadillo de
gastos de 1819 descubrimos que se fomentó el plantío de árboles. También prestó
atención al fomento de la cría caballar, en línea con una preocupación general
de ese momento por esta rama de la ganadería. En septiembre de 1817 el Consejo
de Guerra se dirigió a la Matritense mandando que las Económicas informasen
sobre la situación de la cría caballar en sus zonas respectivas[4].
Otras tareas, con desigual éxito, estuvieron más
vinculadas a la ciudad: el alumbrado público a través de gas inflamable, y
cooperación en la urbanización de paseos y caminos. Para la inspección de caminos formó una junta con el intendente
como presidente. En el campo de la beneficencia ayudó a establecer juntas de
caridad y fomentar el hospicio.
La Sociedad no podía olvidar la secular industria
textil segoviana. Se le asignó la inspección de la fábrica de paños. Para ello
creó una junta de diputados socios y fabricantes presidida por el intendente.
La Sociedad consiguió una licencia real para que Luis Fernández, el máximo
especialista de la industria del tinte de la época, pasase a Segovia para
mejorar los tintes que allí se empleaban[5].
La educación fue otra de sus principales
preocupaciones y, a pesar de las dificultades económicas del momento, se
consiguieron sacar algunos proyectos. El 31 de enero de 1816 una real orden
pretendía promover que las Sociedades estableciesen escuelas de dibujo por todo
el reino. La Segoviana, en unión con el ayuntamiento, mantenía una escuela de
dibujo, dirigida por medio de diputados de ambas corporaciones y con el
corregidor al frente. Su dotación era de 21.800 reales, que provenían de dos
fuentes: 15.000 reales de la Junta de Linajes y los 6.800 restantes de los
propios de la ciudad. En 1818 contaba con 144 alumnos. Cuando lo permitía el
estado financiero de la Sociedad se dotaba a dos ayudantes del director de esta
escuela con 200 ducados[6].
La Sociedad mantenía dos escuelas de costura que
tutelaba a través de cuatro socios curadores. Cada maestra atendía a unas doce
niñas pobres. En la guerra, al desbaratarse la Sociedad, algunas maestras
siguieron enseñando de forma gratuita. Cuando había fondos se pagaban sus
salarios, que ascendían a 400 ducados, más vivienda y carbón. El director de la
Sociedad en la época que nos ocupa, Tomás Pérez de Estala, financió premios
entre las niñas que fueron examinadas en estas escuelas.
En el campo editorial, la Sociedad Segoviana
promovió una publicación historiográfica a finales de 1819. El canónigo de la
catedral e individuo correspondiente de la Real Academia de la Historia, el
doctor Andrés Gómez de Somorrostro, a su vez, censor de la Sociedad, estaba
escribiendo por aquellas fechas la
Disertación histórica sobre el Acueducto y otras antigüedades de Segovia.
La Segoviana protegió la obra de su socio y fomentó la suscripción de
ejemplares[7].
La Sociedad no pudo restablecer la fábrica de loza
fina de imitación inglesa que había cesado con el estallido de la guerra. Otras
empresas o establecimientos interrumpidos por varios motivos fueron la
preparación de la estadística de la provincia, la cátedra de química con
aplicación a los tintes y a la agricultura, la colección de materiales para un
gabinete de historia natural y una colección de medallas. Otro capítulo de
fracasos fue el de aquellos proyectos que se quedaron en eso. Se pensó en
realizar experimentos en agricultura, artes e industria, en crear una cátedra
de agricultura, otra de matemáticas y una escuela de bordado.
La junta directiva
A 30 de septiembre de 1818 la junta directiva de la
Segoviana estaba formada por los siguientes miembros:
Tomás Pérez Estala, socio de mérito director
Rafael Garrido vicedirector
Rosendo Garnica presidente
Andrés Gómez Somorrostro censor
José Casabán segundo
censor
Clemente Máximo de la Torre secretario
Pedro Martín de Bartolomé segundo
secretario
Bartolomé Ortiz de Paz contador
Francisco Andrés Chapate tesorero
Diputación en la Corte:
José Salomé García Puente director
Santiago Fernández secretario
La financiación de la Sociedad
La Sociedad Segoviana se mantenía gracias al
producto de un impuesto sobre la administración de las lanas: medio real por
arroba de lana lavada y un cuartillo de real de lana no lavada cuando salía al
extranjero, por cédulas de los años 1784 y 1786. Por otro lado, estaba la
contribución de los socios que, según los estatutos, debía ser de un doblón en
el momento del ingreso y otro anual, pagadero en el mes de junio. Pero del
impuesto nada se recibía desde el año 1805 y muchos socios no estaban al corriente
del pago de sus cuotas; de hecho, la Sociedad contaría con unos setenta socios
a finales de septiembre de 1818 pero, según el estado de cuentas del año 1819
solamente cotizaban treinta. Gracias al alquiler de la casa donde había estado
la fábrica de loza fina había un ingreso fijo, además los provenientes de la
venta de frutos de un vivero. Sin el concurso del ayuntamiento y de algunos
socios filántropos sus escuelas no habrían podido sobrevivir. A la altura de
1819 los gastos ascendían a 75.000 reales, incluyendo el coste de las escuelas,
plantíos, junta de caminos, censos y alquileres de locales y gastos de funcionamiento
interno. Los ingresos eran de 82.300 reales porque se incluían los del arbitrio
de la lana, pero sabemos que no se cobraba, por lo que, realmente solamente se
contaba con 1.800 reales de la contribución de los socios, los ingresos del vivero
que ascendían a 3.300 reales y el aprovechamiento del local de la antigua
fábrica de loza, es decir, 200 reales. El déficit, pues, era mayúsculo.
Interrupción de la Sociedad
En su artículo, Juan de Vera explica que la vida de
la Sociedad se interrumpió en 1819. Su última junta sería el 28 de abril de ese
año. Pero, a tenor de la documentación manejada, hay indicios de cierta
actividad después de esta fecha. Existe un estadillo de gastos e ingresos
anuales que envió el secretario de la Segoviana a la Matritense con fecha de 7
de junio de 1819, además de otra correspondencia. Por fin, en diciembre de ese
mismo año existe una exposición de la Sociedad de Segovia en la que se pedía la
aprobación real para la elección de sus oficios[8].
En diciembre de 1823 se presenta la lista de nombramientos para el año
siguiente, así como la de 1824[9].
Al parecer, la Sociedad revivió en 1875. Su sesión
inaugural fue el 27 de junio de ese año.
[1]
VERA DE LA TORRE, J., “La
Real Sociedad Económica de Amigos del País de la provincia de Segovia”, en Las
Reales Sociedades Económicas de Amigos del País y su obra, 1972, págs..
259-269, MELENDEZ GAYOSO, A., “La Real Sociedad Económica de Amigos del País de
la provincia de Segovia: sus relaciones con la Sociedad Económica Matritense”,
en Boletín de la Real Sociedad Económica Matritense, nº 8-9, (1987-88), págs..
7-15, y del mismo autor, “Sociografía de los Amigos del País
de la Real Sociedad Económica de La Provincia de Segovia”, en Coloquio Internacional Carlos III y su siglo, Actas, Vol. II,
(1990), págs.. 841-849.
[2] En este sentido, MONTAGUT
CONTRERAS, E., “Las Sociedades Económicas de Amigos del País en tiempos de
Fernando VII”, en Torre de los Lujanes,
nº 25, (1993), págs.. 133-147.
[3] Gran
parte de la documentación para la realización de este artículo se basa en el interrogatorio
que pasó la Sociedad Matritense al resto de las Sociedades con el propósito
fallido de publicar una Guía de Sociedades. La respuesta de la Segoviana viene
firmada por el secretario Clemente Máximo de la Torre, Archivo de la Real
Sociedad Económica Matritense, A.R.S.E.M., legajo 262 bis/2.
[4]
La documentación sobre esta cuestión de la cría caballar puede
consultarse en: A.R.S.E.M., legajos 273/11 y 278/15 y 16.
[5]
Luis Fernández merece un estudio monográfico. Sobre los tintes en la
época veáse, GOICOETXEA MARCAIDA, A., “Materias colorantes y tintóreas textiles
en el siglo XVIII”, en Boletín de la Real
Sociedad Bascongada de los Amigos del País, XLIX-1, (1993), págs.. 133-159.
[6] Ver: Discurso que con motivo del restablecimiento
de la escuela práctica de dibujo dijo en las Casas Consistoriales de la M.N. y
L. Ciudad de Segovia el Doctor D. Andrés Gómez de Somorrostro, canónigo de la
Iglesia Catedral, Teólogo y Examinador de la Nunciatura Apostólica de España y
socio de la Real Sociedad Económica de esta ciudad y provincia, Segovia,
s.f.
[7] A.R.S.E.M.,
legajo 271/7.
[8] A.R.S.E.M.,
legajo 288/33.
[9] A.R.S.E.M.,
legajo 306/12.