Que Rafa
Nadal gane por sexta vez Roland Garros parece lo habitual, a
lo que nos tiene acostumbrados, quizás la verdadera noticia en esta sexta
ocasión sea emocionarse con él en cuanto a la manera de ganar:
superándose a si mismo una vez más, en un momento en el que no las tenía
todas consigo, cuando al haber perdido recientemente en las semifinales en Roma
y en Madrid ante Djokovic, la presión por mantener el Nº 1 del mundo y las
expectativas de la gente le tenían sometido a una tensión torturadora que le
tenía agarrotados los músculos y el corazón.
Sin embargo,
una vez más, Rafa supo reconciliarse consigo mismo, haciendo caso omiso de los
periodistas, que a veces, muy a mi pesar, se comportan como buitres carroñeros,
haciendo leña del árbol, que ni si quiera se ha caido, sino solo balanceado por
la tormenta… Rafa supo ser fiel a si mismo y utilizar su inteligencia
emocional para levantar la copa del “¡VAMOS!”, su famoso grito de
guerra que le sale del alma en todos los partidos, impulsándole con la fuerza
del Mediterráneo que le viera nacer hace tan solo 25 años.
Contra
viento y marea, la lealtad de los suyos se mantenía firme, a pesar de que en el
primer encuentro de Roland Garros de este año parecía que incluso podría llegar
a perder, algo insospechado en la meteórica carrera del mallorquín. Aquí
hago una reflexión ante las malas pasadas que juegan los nervios, la presión
propia y ajena, las expectativas personales y exteriores, las críticas
malintecionadas, la valoración de un ranking mundial que puede pesar como una
losa, cuando uno solo quiere jugar y disfrutar de la superación diaria.
Del proceso
que ha vivido Nadal desde el comienzo de Roland Garros 2011 hasta su sexta
victoria hoy, me quedo con “su sabiduría samurai” a la hora de
saber capear el temporal, a pesar de la feroz presión externa. Rafa ha sabido
ser asertivo y dejar claro que él no iba a ser más feliz siendo el Nº 2 del
mundo, sino siempre siendo él mismo, disfrutando de su juego como un
reto, no como un trabajo tedioso que no le dejara espacio para tener buenas
sensaciones.
Invito a
hacer una reflexión personal, una introspección a quién quiera hacerla, de qué
podríamos hacer para “pulirnos a nosotros mismos”, plantándole
cara a nuestras limitaciones e ilusiones, tal y como eligen hacer tantos
deportistas cada día. Me apunto a la inspiración vital que produce sentirse
pleno por el trabajo bien hecho y entender la disciplina, constancia y
fortaleza que supone superarse en las pequeñas grandes cosas de la vida.
¡Quizás las grandes victorias de la mayoría de la gente sean menos llamativas,
pero sí igual de importantes! El primer paso consistiría en pararse a
revaluar, honesta y humildemente, nuestra actitud en cuanto a nuestros retos en
la vida, si somos constantes o nos rendimos a la primera…
Si nos
faltara la fuerza de voluntad para conseguir nuestros objetivos podríamos
apoyarnos en nuestro entorno tal y como hace Nadal, siempre agradecido a sus
seguidores que mandan ese hálito de aliento para seguir adelante en los
momentos difíciles.
¡Sin duda,
el trabajo en equipo es fortalecedor! En estos momentos de crisis, cuando
muchas veces nos sentimos forzados a competir inhumanamente en el entorno
profesional, jugadores de la talla de Federer y Nadal nos enseñan que a pesar
de ser rivales en la pista, se puede mantener la deportividad, el buen
hacer, la camaradería sincera y la solidaridad.
Tomo de
nuevo su ejemplo para aprender a tener una actitud profesional positiva,
aprendiendo a cooperar, en lugar de competir, realmente la
situación actual no lo pone nada fácil, pero si todos remáramos en la misma
dirección, podríamos llegar antes y mejor al puerto de nuestros objetivos
laborales, ¡Por intentarlo que no sea!...
Rafa nos ha
enseñado a entender el éxito, no como la bandera del egocentrismo, sino como el premio
a la superación diaria a base de constancia, disciplina y buen hacer. Hoy un Nadal,
emocionado daba “gracias a la Vida”… que ella nos enseñe a todos a ser “la
mejor versión de nosotros mismos”. ¡Felicidades Rafa! ¡Ganes o pierdas
siempre se fiel a ti mismo!