Punto por punto
Ciudadanía | 15/07/2013
Esta columna la quiero escribir porque estoy convencido que las cosas
tienen que ser graduales en la vida. Casi todos los procesos humanos lo
son y uno tiene que aprender lo suficiente para no desesperarse cuando
todo lleva su tiempo.
Comenzaré por poner algunos ejemplos: el primero
de ellos es el peso. ¿Cuántos de nosotros nos hemos enfrentado a la
difícil tarea de reducir de peso - por salud o por estética? Bajar de
peso no puede ser un ejercicio inmediato ni de resultados mágicos.
Alguien que tiene un sobrepeso de 20 kilos no los puede reducir en 2
semanas; podría sufrir un trágico desenlace pues el cuerpo se
desequilibraría ante ello. Luego entonces, cuando una persona tiene que
bajar 20 kilos tiene que comenzar bajando los primeros 100 gramos. Y le
va a llevar tiempo y no va a ser fácil, y conforme se acerque a la meta
las cosas serán mucho más complejas y difíciles. No es lo mismo bajar
los primeros 3 kilos que los últimos 3.
Vayamos a otro ejemplo:
obtener una licenciatura. ¿Qué se tiene que hacer para obtener un título
de licenciado? Por supuesto me refiero a estudiar, y no a comprar un
título falso, pues ese no es un título, sino una impostura. Lo primero
que hay que hacer es inscribirse en la universidad y cursar todas y cada
una de las materias del plan de estudios. Supongamos que hay 50
asignaturas en la lista. El estudiante debe inscribirse y cursar 6, 7 u 8
materias en cada semestre en promedio para terminar su carrera en 4 o 5
años. Nadie en su sano juicio llevaría una carga académica de 15
materias al semestre; sería prácticamente imposible. Pero si no se
cursan todos los semestres con todas sus clases, pues nadie llega al
final.
Refirámonos a otro ejemplo más: ahorrar una cantidad
determinada de dinero. Supongamos que alguien quiere juntar 100 mil
pesos. ¿Qué tiene que hacer? Tiene que ahorrar una parte de su sueldo.
¿Esa persona podría ahorrar 100 mil pesos en un solo mes? Quizá, si su
sueldo es extraordinariamente alto y su ritmo de vida es austero. Pero
para la mayoría la realidad sería otra. Hay que ahorrar 50, 100, 500 o
mil pesos cada mes para que en algún momento tengamos esa cantidad en el
banco. ¿Y de qué sirve que en lugar de comprar café en la tienda lo
preparemos en la casa? Quizá con ello ahorramos 10 o 20 pesos diarios,
pero en el gran agregado es un dinero que está abonándose al objetivo
final. ¿Representan algo los 10 pesos de manera aislada? Probablemente
no, pero cuando ello se junta con el cúmulo de acciones para ahorrar,
entonces significa bastante más.
Pues bien, lo que trato de
explicar y de decir con estos ejemplos es que las cosas no pueden darse
de forma instantánea en la mayoría de las ocasiones. Si queremos que
algo suceda tenemos que trabajar para ello y ser pacientes. Los procesos
humanos a veces tardan mucho tiempo. En el caso personal de cada uno de
nosotros, una vez que hemos identificado cuáles son aquellas cosas de
nuestra personalidad que nos gustaría mejorar, sigue entonces
implementar una ruta gradual de cambio paulatino. A lo mejor después de
un año tendremos resultados impresionantes, pero tenemos que ponernos en
marcha. Al principio es desesperante, pero los hábitos pueden llegar a
modificarse.
Y pensando entonces en eso mismo: si los hábitos,
costumbres y situaciones personales pueden llegar a cambiar de manera
gradual en el tiempo, mediante el esfuerzo y el trabajo constante,
entonces también los asuntos sociales y colectivos pueden modificarse
siguiendo la misma lógica. El proceso de cambio puede llegar a ser
diferente, con más o menos detalles, pero sigue la misma ruta: una
sociedad puede ser diferente en la medida en que va dando los pasos
hacia ello. Y la política y la cultura y la economía, todo puede
transformarse. El secreto de la transformación colectiva está en que
ello parte de la evolución personal. Entonces la frase es cierta: México
va a cambiar cuando sus ciudadanos cambien. Cada quien sabrá por dónde
empezar.
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