Hermana muerte. Reflexión sobre la muerte de Ismael Sánchez, muerto trágicamente en la nieve.
Cultura | 13/07/2013
Me tocó presidir la misa de funeral de Ismael Sánchez, el joven que se
accidentó hace una par de semanas en la nieve. Fui testigo de las horas de
incertidumbre y dolor de sus familiares, sobre todo de su esposa – próximos a
casarse por la iglesia – y de sus padres. Luego, el dolor indescriptible ante
la confirmación de su muerte.
La esperanza contiene ante los dolores
desgarradores. Escribo esto no para abrir heridas sino para compartir la gran
muestra de fortaleza y fe que irradiaron tanto la Jesús -Tutú, como le dicen
con cariño a su joven señora-, como sus padres y hermanos. Con fe se aborda, soporta
mejor el dolor. Ese día y los posteriores me confirmaron que la fe acompaña,
consuela, regala sentido a la existencia y nos permite sortear con esperanza el
más duro de los golpes: la muerte abrupta de un ser querido. Ante lo incomprensible,
solo cabe callar y asentir humildemente. “¡Cuán
insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” dice San Pablo.
La fe no es magia, ni sedante o
aspirina. Jesús no vino a la tierra para hacer desaparecer esa faceta amarga de
la vida sino para darle su sentido definitivo. Nuestros difuntos no
desaparecen. Viven en nuestro recuerdo y oración. La Iglesia le dedica un buen
espacio en la Misa para rezar por ellos. Lo que llamamos “El cuerpo místico” de
Cristo no es una entelequia aburrida, sino pura realidad. Formamos una gran
familia los de acá en la tierra con los del cielo. Por eso hacemos bien no solo
en recordar anécdotas, vivencias, sino pedir la intercesión de nuestros
difuntos.
Al final de la misa de funeral, repartieron
un texto con una oración que se atribuye a San Agustín. Aquí, algunas frases:
“La muerte no es nada. No he hecho más que pasar al otro lado. Lo que éramos el
uno para el otro, seguimos siéndolo. Dame el nombre que siempre me diste; háblame
como siempre me hablaste. No emplees un tono distinto. No adoptes una expresión
solemne ni triste. Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos. Reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue, sin énfasis, sin alguna
huella de sombra. La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado ¿Por
qué habría yo de estar fuera de tus pensamientos? ¿Sólo porque estoy fuera de
tu vista? No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino. Volverás a encontrar
mi corazón, volverás a encontrar su ternura acendrada. Enjuga tus lágrimas y no
llores si me amas”.
Un buen texto en las vísperas de
la fiesta de la Virgen del Carmen y un buen agradecimiento a quienes soportan
con ejemplar entereza la muerte de sus seres queridos.
Hugo Tagle
twitter: @hugotagle