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"Como autoridad que soy" la prepotencia de la Senadora Beristain


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30/05/2013

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Confesiones.






Pareciera que hay lecciones que no se aprenden, semana tras semana se hacen públicos escándalos de prepotencia y corrupción, en los que están involucradas autoridades, sin que exista freno alguno para ello.

Lamentablemente estos sucesos van mas allá de nuestra capacidad de asombro, reflejo de la descomposición de una clase política que obedece a intereses y ambiciones por encima de convicciones.

Cuando todavía no termina el estupor por los casos más recientes, como los de la “lady Profeco” que le costó el trabajo a su padre Humberto Benítez Treviño, los excesos y la prepotencia de los ex gobernadores de Aguascalientes y Tabasco, Luis Armando Reinoso y Andrés Granier respectivamente, irrumpe uno nuevo ya calificado como el de la “lady del Senado”

Nos referimos al escándalo protagonizado por la Senadora perredista por Quintana Roo Luz María Beristaín, que ya es ampliamente conocido por la masiva difusión que cobro en los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales.

Mediante un video, se observa como la Senadora al perder un vuelo, ofende a la empleada de la aerolínea Viva Aerobús, toda vez que esta le indica que por llegar tarde ya no podría abordar el vuelo, toda vez que este ya se había cerrado.

La situación dio pie a una grotesca demostración de ignorancia, pero sobre todo de prepotencia de la legisladora federal, que hay que aclarar, accede al Senado no por un triunfo directo en las urnas, sino por el bondadoso esquema de primera minoría.

Es decir, el candidato integrante en primer lugar de la fórmula para el Senado, cuyo partido quede en segundo lugar de los comicios, gracias a este principio en automático es electo Senador.

Claro que la actitud de Luz María Beristaín no puede sorprender a nadie al menos en Quintana Roo, la Senadora siempre se ha caracterizado por un comportamiento acomodaticio, que privilegia sus ambiciones y caprichos personales.

Una postura carente de fondo y forma, sin argumentos ni elementos de valor, una profunda ignorancia que constantemente contrasta con el nivel de su responsabilidad y lo que representa.

Independientemente que a través del video al que hacemos referencia, es posible ver y escuchar con detalle todo lo sucedido en el episodio, disponible en muy diversas plataformas, sin limitar la descripción de los hechos, hay elementos que merecen resaltarse.

Empezando por que la Senadora Beristaín, aduce en su alegato que sin importar que hubiera llegado tarde, por su posición y condición la aerolínea tendría que modificar sus políticas y ofrecerle un trato preferencial.

Presume que se retraso por estar gestionando importantes recursos para la entidad, que la demora obedecía a la trascendencia de su trabajo y por tanto, más que una excepción lo que exigía era un derecho.

Mas grave aun, amenazar y ofender bajo el argumento de que por ser una autoridad tiene potestad para hacerlo con la mayor impunidad descriptible, es precisamente la expresión de la más vulgar prepotencia.

Porque efectivamente por ostentar un cargo de autoridad, la Senadora tendría que entender que es la primera obligada a tener un comportamiento congruente con esa responsabilidad.

Que la posición de representación exige más que ninguna otra, una actitud de respeto irrestricto a las normas de convivencia establecidas y de las cuales tendría que ser garante.

Ya ni siquiera hablemos de un sentido mínimo de educación o ética, porque esos son valores que no viene implícitos con los cargos de representación popular, esos se obtienen desde el origen y es evidente que la Senadora carece de ambos.

Las razones de su retraso, fueran las que sean, no son ningún pretexto para trasgredir lineamientos que además deben aplicar para todos sin distingo, sin omitir que en estos casos por supuesto pueden existir algunas excepciones extraordinarias.

Claro que la coyuntura de sus exigencias desnuda un carácter ya apuntábamos prepotente, que es el reflejo preciso de una voluntad errática, producto de una malformación de convicciones de origen.

Desafortunadamente por cuestión de su posición y porque en términos reales, el escándalo de prepotencia protagonizado por la Senadora perredista no se relaciona con un acto estrictamente delictivo, no se puede plantear ningún tipo de reprimenda o acción legal formal en su contra.

Sin embargo la sola situación, de suyo implica un juicio social, que si ya de por si en su caso, limita en mucho la calidad moral de la legisladora, en adelante por supuesto esta es inexistente.

Bajo esa consideración mas allá de del daño personal para ella como resultado del acontecimiento, el perjuicio es para su partido, con la parte que le corresponde por añadidura a toda la clase política.

El detrimento va en línea directa a esa sensación colectiva de indefensión, que la sociedad experimenta cada vez que surge una situación de este tipo, que lamentablemente pasa con mucha frecuencia.

Porque en este caso, aun y cuando eso sería insuficiente, al menos habría que exigirle a la Senadora Luz María Beristaín, una disculpa pública por su comportamiento.

Claro que con sus antecedentes personales es muy probable que si eso llegara a suceder, no será de manera genuina sino obligada por las circunstancias, porque adicionalmente a la arrogancia que la caracteriza, Luz María Beristaín debe seguir pensando con escaso juicio, que era ella quien tenía la razón.

Como también habría que esperar que su partido, el de la Revolución Democrática, adopte una postura publica al respecto, por supuesto calificando negativamente el episodio.

Porque muy aparte del efecto y sentido del mismo, lo mínimo que la sociedad puede exigir, independientemente de militancias y simpatías partidistas, sería una llamada de atención, pero eso muy difícilmente va a acontecer.

En Quintana Roo, siempre hemos tenido claro que es muy poco lo que se puede esperar de la Senadora Beristaín, sobre todo en lo que respecta a una aportación productiva, ni en materia legislativa, ni en cuestión de gestión.

Sin embargo ante la coyuntura consumada, al menos tendríamos que reclamarle que si no va a ayudar tampoco perjudique, que sus apariciones públicas no conlleven escándalos que ridiculizan su posición, la autoridad se honra no se ofende, bajo el entendido que la misma representa a la entidad, pero que ella está muy lejos de representar a los quintanarroenses.

 

twitter@vazquezhandall



Etiquetas:   Política

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