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El Pensador


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29/03/2013

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Dentro de las novelas de ciencia-ficción, distópicas y futuristas que se escribieron en el Siglo XX, una de las más llamativas y leídas fue “La fuga de Logan”. De este libro, quiero centrarme hoy en “El Pensador”, la supercomputadora que controlaba la sociedad y que fue creada para sustituir a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. En síntesis, se trataba de un ente que controlaba de manera omnipotente a la población y decidía sobre la vida y la muerte.






Algo parecido a este ordenador gigantesco es lo que ocurre con esos hasta hace poco desconocidos mercados financieros, ese demonio que creó un juego cuyas consecuencias se están sufriendo ahora por parte de tantos millones de personas que no sabían de qué iba esta historia. Ese poder de los mercado es evidentemente más fuerte que los tres pilares de la democracia y que cualquier movimiento ciudadano. Los mercados financieros que, hasta no hace mucho, las tendencias liberales decían que “se regulan solos”, que siguiendo una especie de movimiento armónico lógico, se reajustan y confluyen en el mundo perfecto en el que todos recibimos en función de nuestro esfuerzo y talento (confieso que no he podido evitar una carcajada al escribir esto).





Porque basta con echar un vistazo a los medios de comunicación para ver como los dirigentes políticos (de todo signo) parecen impotentes ante lo que han hecho, hacen y probablemente seguirán haciendo las entidades financieras y las conocidas agencias de calificación, que juegan con las economías de los países como si se tratase de un tablero de Monopoly. Se palpa que todos asistimos impotentes a las decisiones que estas corporaciones antiéticas tomen en función de los intereses de sus beneficiarios, que no son otros que grandes inversores que aportan fondos de dudosa procedencia y mafias internacionales en algunos casos. Seguimos asistiendo al espectáculo en el que las rentas del trabajo van a parar a las rentas del capital. Los trabajadores y empresarios honestos seguimos viendo mermados nuestros ingresos y nuestros beneficios sociales, que tantas décadas costó conquistar, son barridos con la complacencia de algún que otro gobierno. Vemos como personas que se han pasado toda una vida trabajando y ahorrando, ahora tienen que quedarse sin parte importante de su dinero por haber sido estafados por los usureros modernos que clavaban sus quelíceros mediante engaños a personas que, en ocasiones, ni siquiera sabían leer y escribir.





Hay señales en esta crisis que vivimos que hacen pensar, a poco de mala idea que uno quiera echarle, que es una situación diseñada para que cunda el miedo y se cree el ambiente ideal para acometer las “medidas necesarias” para ajustar el déficit, como única solución a los problemas económicos de los estados, con resultados como el panorama que se divisa en Chipre, donde se ha instaurado un “corralito light”.





Y es que no hay arma más poderosa para controlar que el miedo, el miedo a perder el trabajo, a perder la casa, a quedarse sin sustento, etc. Pero el miedo puede ser un arma de doble filo, puede hacer a una persona acobardarse o sacar fuerzas de flaqueza, así como una tendencia a generalizar acerca de que la gente que decide intervenir en política de forma activa o la que a asistido a una escuela de negocios, tiene la intención de llevar una vida determinada por un afán de lucro desmedido, a lo cual ayuda, sin duda, la concatenación de sucesos como los casos de la “Trama Gürtel”, Bárcenas o los ERE´s de Andalucía.





Pero hay que decir a la población que, pese a todo, la mayoría de las personas que estamos en este gran desconocido que es la política, no lo hacemos por cuestiones materiales ni por aumentar nuestro patrimonio, lo hacemos porque estamos convencido de que el bien común, a la larga acaba redundando en mejoras a nivel individual. Si comenzamos a poner en tela de juicio la política (que no a los políticos) los mercados habrán dictado sentencia y entonces serán el poder absoluto, aun más de lo que son ahora.





Hugo Roig Montesdeoca, empresario, escritor y militante del PSC-PSOE Telde, Delegado en el Comité Insular de Gran Canaria.



Etiquetas:   Economía   ·   Política   ·   Crisis Económica

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