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Historia patuleca.


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28/03/2013


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No hay mucho de cierto en eso que O'Higgins tuvo un rol heroico en el poéticamente llamado "Desastre de Rancagua", pero se abolla el espíritu patriótico con la sola mención de una ligera sombra de duda. Tampoco es cierto que la independencia se proclamara en 1810. Porque en ese entonces el General San Martin estaba en España a punto de viajar a Londres para organizar allí junto a Miranda, la masónica Independencia de América Latina. Pero de eso tampoco se puede hablar sin herir susceptibilidades. Esto,  por la añeja inyección de argumentos con históricos beneficios. El mito de Portales que lo intentan potencial una vez más últimamente, es otra escandalosa mentira. El fue un individuo brillante pero ególatra autoritario y anarquista, pero tampoco es políticamente correcto entablar un dialogo que públicamente lo desdibuje. No se puede mencionar el asesinato de un centenar en Lo Cañas porque la orden apunta la estadista e histórica silueta del suicidado presidente Balmaceda. Ni tampoco de la matanza de miles incluyendo niños en La Escuela de Santa María de Iquique, en tiempos del presidente Pedro Montt. Además no es para nada totalmente falso, el carácter protagónico de la imperial marina británica en La Guerra del Pacifico. Sin embargo algunos creían que era absurdo el debate por poner, o sacar el adjetivo dictadura, a la intervención militar del 73.


 

La Historia de Chile está más arreglada que una pelea de gallos. Es tan poco seria, que historiadores a menudo no solo difieren en las cifras o las fechas, también en lo relativo a los hechos a veces insolitamente concluyen lo contrario. Pero nuestra historia más que pecar por lo que se ha escrito, que peca abundante. Peca esencialmente por lo que nunca se ha escrito. Y porque cuando se ha hecho nadie lo enseña. Como por ejemplo, el bloqueo de visas para inmigrantes de color, por más de medio siglo.

 

Masacres, guerras civiles las que para mayor claridad no existen si no participa el ejército dividido en ambos bandos. Revoluciones armadas, asesinatos, deportaciones, cierres del congreso, ilegalidad de partidos políticos opositores, estado de sitio, conspiraciones, asonadas y golpes militares, destrucción e imposición de constituciones, persecución de adversarios, relegamientos, degollamientos y exilios. Son mucho más comunes que lo que nadie se imagina solo porque no se enseñan. Es frecuente en el - dejavu -  de periodos que brotan de la imposición antisocial y antidemocrática, una oportuna y conveniente aversión por el concepto de político. Al mismo tiempo que se tuercen el registro histórico de los hechos, y los manipulan a la voluntad política de aquellos que conquistan por la fuerza, el espacio público y los medios. Así ha sido una y otra vez en la dictatorial historia de Chile. Irónicamente los partidarios del ORDEN impuesto con armas de fuego, declaran con el pecho erguido y la boca llena, su más profundo rechazo al empleo de la violencia, PLOP. Su defensa por el derecho a la vida sana, y por supuesto, su abanderamiento con el movimiento pro-vida. ¡¡¡ Exijo una explicación!!!! Diría Condorito, porque a  nosotros siempre se nos ha dicho que los únicos capaces de semejante MALDAD. Son los comunistas.

 

Tal vez, una de las ventajas de esta etapa de infantil exploración del internet, sea la oportunidad que tiene esta generación de saldar el endeudamiento, con que no han dejado los historiadores. La historia no debiera ensalzar a nadie. Su obligación es narrar los hechos desde una perspectiva imparcial,  educativa y verídica. Ajena al influjo de la crónica de adversarios o partidarios en cada periodo. Decir por ejemplo, que es cierto que Salvador Allende mantuvo un discurso popular siempre, pero que de popular, él tenía muy poco. Fue lejos el más bien vestido y burgués de todos los políticos chilenos de su época. Decir también, que excepto cuando para defender el constitucional nombramiento de presidente de la República, nunca le disparo a nadie. Que jamás empleo la tortura, la masacre o el destierro de adversarios, como un método valido para imponer su voluntad. (No es serio suponer que lo hubiera pensado, ni mucho menos, condenarlo por esa simple y dudosa suposición.)

Es posible continuar sin límites, porque la inspiración brota de una fuente inagotable de históricas omisiones, y otras tantas monumentales injusticias. Pero una auto censura es aconsejable porque el terreno para debates históricos no está popularizado y mueve a insanas divergencias.  Esta manipulación de los hechos, es la que viola el origen y la utilidad de las Ciencias Sociales. Es la que permite que disparates como el golpe se defiendan, y hasta se repitan. Que además, con toda libertad se publiquen falsedades, se exagere y se suprima, lo que un ciudadano debiera tener el derecho a conocer con responsable exactitud.

Pero no hay que admirarse, después de todo, en una medieval y teocrática costumbre, hoy, se toma en serio un termómetro nacional de felicidad. Ese que cubre , condona y condena, al solo movimiento de los hilos de marionetas mediáticas mercenarias, que prenden y apagan las luces, según más les convenga a sus propietarios. Este último  golpe militar está muy encima. Con tanto compromiso de tantos, que hoy disfrutan de un ilegitimo carácter de honorables en ambos lados, se hace imposible rescatar el prejuicio de violencia, con el cual se ha etiquetado, exclusivamente a los comunistas de Chile. Los que para todos los efectos, es sublimar sinónimo de socialista, concertacionistas, encapuchado, anticapitalista, terrorista y desde luego, adversario político de la derecha. Aquí es donde por falta de ejemplos locales, se recurre al comunismo en otras épocas o latitudes, como si más que una ideología, esta fuera un contagio. Aquí es donde el chileno común recibe el adoctrinamiento envasado en la propaganda del invasor histórico. Así es como nadie ignora el biográfico perfil de Chávez o Fidel Castro, pero Ignora el de Pedro Aguirre Cerda o Benjamín Vicuña Mackenna. Así es como el índice acusador esquiva la silueta estadista de un Balmaceda. Es como las nuevas generaciones, no saben del "León" o del "Caballo", ni mucho menos,  del dedo para abajo, para decidir la vida de adversarios indefensos. Es muy asqueroso el manantial de violaciones a la constitución, al derecho a disentir o  protestar,  como los miles, incluyendo niños acribillados en Iquique. O los 63 estudiantes universitarios asesinados en el edificio del seguro obrero. O los doscientos muertos en la Alameda, en la llamada revolución de 1895. Inagotable galería de uniformados horrores. Detener el obligado curso de la Historia es imposible. Lo que se debe combatir es la ignorancia. Esa que ha permitido singularizar de violentistas a los partidarios de la izquierda, que no son santos , cuando es en la derecha, con cualquiera que sea la justificación , donde están todas las masacres concretas de nuestra poco conocida como bicentenaria historia patria.

 

Luis Alberto Moya R.

 



Etiquetas:   Educación   ·   Política   ·   Reforma Educativa

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1 comentario  Deja tu comentario


, El autor se pasea por la historia que nadie cuenta...me es difícil no coincidir con la mirada que quiere desentrañar estas ocultas vergüenzas.
Eso es escribir bien y sin complejos.




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