Me niego a formar parte de la manada borreguil que, complaciente con conveniencias partidistas, se resignan a pasar página aceptando planteamientos interesados, estrambóticos, y opacos. Tras nueve años de la masacre terrorista del 11-M, es imposible el relajo del intelecto hasta que se conozca quién, cómo y por qué. Resulta espeluznante que cuando planteas interrogantes sobre las profundas y misteriosas lagunas con las que algunos tratan de disimular la asesina acción, te insultan, te llaman imbécil, y además eres un facha cospiranoico. Como ciudadano y como contribuyente defiendo mi derecho a querer saber. Quiero, deseo y exijo conocer lo que aún se ignora de aquella vil acción terrorista.



