'Experiencias emocionales', el nuevo traje a medida de la comunicación de marca



 

... Las marcas responden más que nunca. Esa es la clave y el objetivo de un proceso bien entendido de comunicación con el cliente. Dar satisfacción a las necesidades de los usuarios no sólo es una obligación comercial, sino también una fórmula de dinamización de la imagen de marca. Que el producto sea bueno, y que llegue en óptimas condiciones al público, es algo que se da por supuesto. Tanto es así, que resulta un dato irrelevante a la hora de obtener posicionamiento diferencial: cuando se juega en la liga de campeones, todos los equipos son excelentes. Ahora bien, las marcas deben diferenciarse, sí o sí, para conseguir la atención del respetable. Y, para ello, la satisfacción del cliente trasciende más allá del mero valor cualitativo del producto, adentrándose en un plano mucho más íntimo y muy vinculado a la faceta emocional. De esta forma, las marcas deben transformarse en auténticos sastres, que dibujan los patrones de un 'traje a medida', destinado a proveer de una cobertura atractiva y emocionante para su público. La segmentación traza la talla del modelo, pero la demanda de experiencias del usuario será la que nos marque el tipo de tela sobre el que confeccionar. Se establece así un nuevo mercado, en el que la oferta y la demanda se establecen en base a las percepciones recíprocas, emanadas del diálogo entre marca y usuario. La conversación ya no debe satisfacer las necesidades comerciales de sus clientes, sino que se convierte en el mejor garante para cumplimentar sus necesidades emocionales. Ahora sus deseos son... emociones.



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'Experiencias emocionales', el nuevo traje a medida de la comunicación de marca


 

deseos son órdenes... Las marcas responden más que nunca. Esa es la clave y el objetivo de un proceso bien entendido de comunicación con el cliente. Dar satisfacción a las necesidades de los usuarios no sólo es una obligación comercial, sino también una fórmula de dinamización de la imagen de marca. Que el producto sea bueno, y que llegue en óptimas condiciones al público, es algo que se da por supuesto. Tanto es así, que resulta un dato irrelevante a la hora de obtener posicionamiento diferencial: cuando se juega en la liga de campeones, todos los equipos son excelentes. Ahora bien, las marcas deben diferenciarse, sí o sí, para conseguir la atención del respetable. Y, para ello, la satisfacción del cliente trasciende más allá del mero valor cualitativo del producto, adentrándose en un plano mucho más íntimo y muy vinculado a la faceta emocional. De esta forma, las marcas deben transformarse en auténticos sastres, que dibujan los patrones de un 'traje a medida', destinado a proveer de una cobertura atractiva y emocionante para su público. La segmentación traza la talla del modelo, pero la demanda de experiencias del usuario será la que nos marque el tipo de tela sobre el que confeccionar. Se establece así un nuevo mercado, en el que la oferta y la demanda se establecen en base a las percepciones recíprocas, emanadas del diálogo entre marca y usuario. La conversación ya no debe satisfacer las necesidades comerciales de sus clientes, sino que se convierte en el mejor garante para cumplimentar sus necesidades emocionales. Ahora sus deseos son... emociones.




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