El psicólogo al utilizar la palabra se hace o intenta hacer esa parte de la manipulación en la medida de sus fuerzas, desvirtuando al síntoma y no atendiéndolo de la forma correcta, tanto así que antes que su desciframiento es sugestión y la situación analítica pasa de largo, queriendo anteponer la cura digamos rápida o de emergencia entre muchas otras, que ajustan al sujeto a horarios de cura, en los que se les pide algo mágico a la hora que se les requiere y es de los dos lados del psicólogo como del paciente, si en ese transcurso el terapeuta logra poder descifrar el síntoma, los síntomas inconscientes, los obtura y suele perder demasiado tiempo al tocar y no precisamente de oídas a los sujetos, si no mas bien estos samaritanos atentan contra el análisis y el surgimiento de nuevo material inconsciente en su dialéctica de sometimiento y de amo en su posición privilegiada, toman pues como material de análisis la conciencia o el inconsciente solo que ineficientemente, prefieren el enunciado antes bien que la enunciación y buscar soluciones mágicas de omnisciencia donde saben que hacer para lograr sus fines que confrontar con una enunciación que se antepone a su plan de cuestiones distractoras, con el que engaña muy bien, especialmente cuando no todos los sujetos son manipulables.




