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LA GENERACIÓN “TWITT”: Aparatos psíquicos de 140 caracteres y sus implicaciones académicas y sociales.


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10/03/2013

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LA GENERACIÓN “TWITT”â:


Aparatos psíquicos de 140 caracteres y sus implicaciones académicas y sociales.

Marisol Zimbrón Flores (2011)

 

La sociedad actual está completamente influenciada por el Internet y las Redes Sociales, mismas que han pasado a formar parte de nuestra cultura. Esta influencia es particularmente intensa en sectores jóvenes de la sociedad y, principalmente entre los adolescentes que, además, son mucho más vulnerables que el adulto promedio.

 

Si bien el uso de Internet por sí mismo no encierra ningún tipo de problemática, el abuso –como en todo- sí lo hace, y este uso se ha incrementado aún más con la permanente disponibilidad de acceso a Internet que representan los teléfonos celulares y otros dispositivos móviles, ofreciéndonos la posibilidad de satisfacción inmediata en este sentido.

 

Un estudio reciente de Interactive Advertising Bureau (IAB) México indica que los adolescentes mexicanos de entre 12 y 18 años de edad navegan en Internet un promedio de cuatro horas al día y que las Redes Sociales, entre las que destacan Facebook y Twitter son las que despiertan mayor interés, con un promedio, entre toda la población mexicana, de 7.1 horas al mes, ocupando así, la República Mexicana el décimo lugar en el ranking mundial de los 25 países que más tiempo pasan en las redes sociales, según un estudio de la empresa ComScore.

 

No es motivo del presente trabajo abordar el uso excesivo de Internet en general ni de las Redes Sociales en particular como tampoco restar impotancia a la utilidad que representan en muchos sentidos, sino únicamente analizar los posibles cambios que el uso de estas herramientas como medio de distracción, relación, comunicación y convivencia virtual están generando en la psique de los adolescentes y que se ven reflejados en los problemas emocionales y conductuales que observamos en ellos con mayor frecuencia.

 

En particular habremos de centrarnos en Twitter, un servicio de microblogging que permite publicar y leer, en tiempo real, mensajes de una longitud no mayor a 140 caracteres. Característica esta última compartida con los mensajes SMS entre teléfonos celulares y que atrae particularmente mi atención en tanto obliga al emisor a realizar todo tipo de adaptaciones en el lenguaje.

 

Es bien conocido el planetamiento que Jacques Lacan hace -influenciado por la lingüística de Saussure (1915) y la antropología estructuralista de Lévi-Strauss (1958)- en el que sostiene que “el inconsciente se estructura como el lenguaje y es este mismo lenguaje el que determina el sentido de las estructuras de la mente” (Lacan, 1957). Basándonos en este postulado surge y se comprende la hipótesis central de este trabajo que es el hecho de que, a partir de dichas adaptaciones en el lenguaje, sin darse cuenta los adolescentes propician modificaciones en su propia psique en general.

 

Más allá de las expectativas, motivaciones y otras cargas psico-emocionales que subyacen al uso de Twitter, en principio éste es básicamente un medio de comunicación y, como tal, requiere del uso del lenguaje que es, además, un fenómeno social a diferencia del habla que es un fenómeno individual como nos aclara Saussure (1915).  Sabemos también por Sassure (1915) que la estructura del lenguaje sufre modificaciones a lo largo del tiempo y en relación al lugar en que se utiliza ya que el lenguaje constituye el código universal dentro de una “comunidad lingüística” como lo definen Fuchs y Le Goffic (1975).

 

Desde este punto de vista Twitter es nada más y nada menos eso, una moderna y alternativa comunidad lingüística que ha ido modificando la estructura del lenguaje en función de sus necesidades y limitantes… creando una “neolengua” en palabras de George Orwell (1948).

 

Y si el postulado de Lacan es cierto y el inconsciente se estructura como el lenguaje que, a su vez determina el sentido de las estructuras psíquicas, no es de extrañar que exista relación entre el uso de estos nuevos códigos de comunicación y las notorias modificaciones psicológicas, emocionales y conductuales en los adolescentes, mismas que podemos comprender desde el análisis de algunas de las funciones yóicas, es decir, aquellos mecanismos del Yo encargados de mediar el funcionamiento de la persona en relación con su entorno.

 

Así dentro de la prueba de realidad (capacidad de percepción y cognición para distinguir los estímulos internos de los externos; capacidad para validar las percepciones tanto intrapersonales como interpersonales y capacidad para distinguir entre realidad y fantasía) se modifican las percepciones interpersonales pues el contacto a través del texto no nos permite captar el lenguaje no verbal de quien lo escribe, ni la intención y la emoción detrás del mensaje. De lo anterior se deriva también un posible cambio en las relaciones objetales (forma, calidad y estabilidad de las relaciones interpersonales) donde lo esperable es que el otro sea percibido como objeto total y no parcial. Sin embargo, a partir del uso prolongado de Twitter (y otras redes sociales) la tendencia es percibir al otro de forma parcial dado que este se muestra únicamente a partir de lo que decide compartir y la imagen que decide mostrar, y no de lo que realmente es en su conjunto.

Por otro lado, los procesos del pensamiento (capacidad para pensar con claridad; incluye la atención, conceptualización, lenguaje y memoria) se ven lógicamente afectados por las modificaciones del lenguaje (en tanto sustitución de letras por números, palabras por símbolos, etc.) Más aún, el uso de equipos de cómputo e Internet permite hacer varias cosas a la vez, lo cual resulta útil, pero también genera patrones de conducta que se traducen en problemas de atención al pretender funcionar de la misma manera en otros contextos que exigen la concentración en un solo objetivo. Afectando por ende el funcionamiento autónomo (capacidad de mantener la atención, percepción, inteligencia, voluntad, etc.) aún en presencia de intromisiones externas o internas.

 

A partir de lo anterior no es difícil observar la similitud y relación entre las funciones yóicas afectadas y las conductas observadas comúnmente en los adolescentes, tanto en salones de clases como en casa, como son: falta de atención, impulsividad, agresión, etc. que, además se asocian frecuentemente con el “trastorno de moda” en las escuelas: “Trastorno por Déficit de Atención”.

 

Por otro lado en la “Generación Twitt” el narcisismo juega un papel fundamental, cada vez más relevante en estas nuevas personalidades que cuantifican el número de “amigos” y “seguidores” que tienen en Facebook y Twitter y que se sienten reflejadas por los otros a través de sus reacciones en estas mismas Redes Sociales a los comentarios, fotos y otras manifestaciones que comparten. Alienándose así en ese gran Otro que, volviendo realidad la ciencia ficción de George Orwell (1948) en “1984” con su “Gran Hermano”, les impone nuevas reglas y nuevas aspiraciones, tan poco funcionales y adaptativas que nos enfrenta, a padres, psicólogos y maestros a toda clase de comportamientos disruptivos, problemas de atención, agresividad y más y a ellos les somete a estados de tensión y depresión nunca antes vistos. Pero ¿cómo podemos explicar este fenómeno?

 

Lacan (1949) en su artículo “El estadio del espejo como formador de la función del yo” aborda el narcisimo como una forma de entender la relación del hombre con el contexto cultural en el que vive. Es curioso como esa búsqueda permanente del ser humano de convertirse en ese imaginario que creyó ser a través de la mirada de la madre –en otras palabras alcanzar el yo ideal- se repite fielmente incluso a través de los incipientes vínculos cibernéticos que no escapan al juego de identificaciones en el que estamos inmersos por el simple hecho de vivir en sociedad.

Mientras que el ideal del yo, y la consciencia que conlleva de ser únicamente el eslabón de una cadena, desfallece en una sociedad donde los padres abandonan, cada vez con más frecuencia, la transmisión de normas así como su presencia y el tiempo de calidad dedicado a sus hijos, mismos que, a través de los distractores a su alcance, desarrollan un fuerte sentido de inmediatez mas no de trascendencia. Situación, sin duda alguna, relacionada con la impactante apatía que demuestran en su quehacer diario.

Esta apatía puede ser explicada desde otro enfoque no excluyente al anterior, sino, por el contrario, complementario. En relación al deseo, Lacan sugiere que, al igual que el sujeto, el propio deseo es resultado de la estructura del lenguaje, en donde, tanto uno como otro (sujeto y deseo) están determinados por lo simbólico, estructura que trasciende al sujeto y que al nombrarlo y distinguirlo como ser humano lo hace Ser. Y porque Es, da significado al ser del otro que, de forma recíproca, significa a su propio ser.

La reducción en el uso de caracteres escritos y palabras para expresarse obliga al individuo a ser más concreto, y por lo tanto menos simbólico. Si el nivel simbólico es lo que nos hace ser y determina nuestro deseo, no es de extrañar que entre más concreto nuestro lenguaje, más concreto nuestro pensamiento, menos profundas nuestras aspiraciones y menos intenso nuestro deseo. No confundamos aquí deseo con impulso, pues vemos también que en la medida en que el deseo disminuye en esta Generación Twitt la impulsividad aumenta en una búsqueda, me atrevo a decir, por llenar ese vacío que nos mueve a todos, pero que en su caso no identifican con la posibilidad de autorrealización, sino que buscan satisfacer de forma inmediata, intrascendente y muchas veces abrupta y agresiva, incluso autodestructiva.

En otras palabras, la satisfacción a través del uso de redes sociales se liga a la necesidad y sustituyen al deseo. El resultado es toda una generación con necesidades pero sin deseo que, de alguna manera, equivale a tener necesidades básicas y de seguridad (en palabras de Abraham Masslow, 1943) pero que dificilmente logran desarrollar la necesidad de autorrealización al vivir inmersos en un mundo virtual que les da la ilusión de satisfacción y plenitud en relación con el otro, aunque en realidad se esté construyendo poco o nada al ser únicamente partícipes de un juego virtual bajo las reglas de ese gran Otro que hemos hecho de la vida virtual.

 

Ahora bien, la ausencia de un contacto personal, cara a cara sustituida por el ya mencionado contacto virtual, junto con la posibilidad de mostrar a los otros únicamente lo que queremos mostrar e incluso la facilidad para crear perfiles ficticios, fortalecen la fantasía del yo ideal, lo que no somos pero deseamos ser, esa imagen mítica omnipotente y perfecta que una vez creímos ser y que perseguiremos por siempre. Sin embargo, el contacto real –fuera de la esfera virtual- con el otro, nos enfrenta con situaciones y vivencias en las que no podemos fingir lo que no somos. De esta manera, esta imagen mítica, narcisista y perfecta, este yo ideal que construimos y a través del cual nos relacionamos en el mundo virtual, es cuestionada y confrontada, por el otro, con la realidad que les acerca abruptamente al yo real y que desata la agresividad del adolescente al ver, en la mirada del otro real, su ser verdadero y la certeza de que no es, en ningún sentido perfecto ni tampoco la satisfacción del deseo de ese otro, como quisiera y fantasea ser. Basta decirle a alguien que no tiene razón, que no es quien cree, mostrarle un punto donde se limita la aseveración de sí, para que surja la agresividad.

 

“La mirada del otro me produce mi identidad por reflejo, a través de él sé quién soy y en ese juego narcisista me constituyo desde fuera” dice Lacan (1966). En las redes sociales la mirada del otro es asumida a partir de la fantasía anticipatoria y, posteriormente corroborada o frustrada por las respuestas que ese otro da o no a nuestras manifestaciones virtuales. Pero al igual que la mirada real, la “mirada virtual” o la fantasía de esa mirada es de carácter metafórico y guarda la carga de aquello que piensan de mí, el deseo del semejante, mi puesto en el universo. “La identificación en el otro y a través del otro, tal es mi yo” (Lacan, 1957) y es esta metáfora la que me aliena al definirme a través de la relación con el otro (relación regida por la estructura socio-cultural, normativa y lingüística, es decir, el gran Otro, que a su vez también aliena). En el mundo virtual la atención se centra en el número de seguidores y “amigos” que tengo. Más aún, al sustituir el vínculo real (en el que predomina la pulsión de vida) por esta suerte de vínculo ilusorio virtual, menos rico y, potencialmente menos conflictivo me pregunto si estarán dando prioridad, inconscientemente, a la pulsión de muerte, que Lacan (1948) considera como expresión del narcisismo y que, precisamente y entre otras cosas, rehuye el vínculo por evitar el conflicto, a la vez que rechaza el cambio, la actividad y la proactividad por no perder un estatus quo que, aunque deficiente, conocido. Sumando así una posible explicación más a la falta de interés que, como ya hemos mencionado, demuestran hoy en día gran cantidad de adolescentes.

 

La Red Social se vuelve entonces un gran Otro virtual, una estructura, con normas, reglas, sistema de lenguaje en el que participamos esperando recibir gratificación, aunque muchas veces frustración es lo que aparece, llevando incluso el fenómeno del “bullying” o acoso reiterado fuera de las aulas, traspolándolo a este universo virtual que, de alguna forma nos lleva en un proceso de regresión a ese primer momento, al inicio de la vida, donde el niño aún confunde la representación mental de un objeto satisfactor con el objeto real per se, produciéndose una satisfacción alucinatoria temporal que, a partir del aprendizaje irá distinguiendo y diferenciando claramente dicha imagen representada del objeto real hacia el que posteriormente orientará sus búsquedas. La regresión surge cuando observamos que al tener intercambio con otros a través de las redes sociales, en una suerte de convivencia que no es una relación como tal sino que podríamos catalogar como la ilusión de, llegamos a sentimos como si fuera real y nos deja lo suficientemente tranquilos en cuanto a nuestra necesidad natural de socializar.

Es preciso destacar en este punto próximo a la conclución, que el desarrollo de estas tecnologías y espacios ofrecen infinidad de alternativas y, utilizadas con criterio, constituyen herramientas útiles que nos permiten, entre otras cosas, mantener contacto con personas de todo el mundo y acercar así comunidades, familias, grupos, puntos de vista, etc. de tal forma que no se trata de satanizarlas ya que el problema no es el uso, sino el abuso y en este sentido la realidad es que cada vez escribimos y leemos más de lo que hablamos y mandamos más besos y abrazos de los que damos y recibimos, aunque un letrero en la pantalla de nuestro ordenador o teléfono móvil nos haga sentir que intercambiamos afecto con la gente en nuestro entorno. Quizá si viéramos un poco más a profundidad fuera del vaiven cotidiano de nuestra vida virtual nos daríamos cuenta que fuera del universo cibernético, posiblemente estamos cada vez más solos.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Fromm, E. (1955). Sociedad del S. XXI: cambios caracterológicos.

Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea. México: Fondo de Cultura Económica, 22 ed. 2006

 

Fuchs, C.; Le Goffic, P. (1975). Introducción a la problemática de las corrientes

lingüísticas contemporáneas. Buenos Aires: Hachette.

 

Lacan, J. (1948). La Agresividad en Psicoanálisis. Escritos. México: Siglo XXI,

10 ed. 1984

 

Lacan, J. (1949). El estadío del espejo como formador de la función del yo.

Escritos. México: Siglo XXI, 10 ed. 1984

 

Lacan, J. (1957). Las formaciones del inconsciente. Seminarios sobre textos

freudianos. Buenos Aires: Nueva Visión. 1970

 

Lacan, J. (1966). Escritos. México: Siglo XXI, 10 ed. 1984

 

Lévi-Strauss, C. (1958). Antropología Estructural. Buenos Aires: Eudeba. 1977

 

Masslow, A. (1943). Una teoría sobre la motivación humana. Motivación y

personalidad. Colombia: Sagitario. 1954

 

Orwell, G. (1948). 1984. México: Ediciones Leyenda. 2004

 

Saussure, F. (1915). Curso de lingüística general. Buenos Aires: Losada. 1945

â Término y concepto registrados y protegidos bajo legislación vigente de Derechos de Autor en México (2011).







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