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“Muerto el perro se acabó la
rabia”, dice un refrán popular, que fácilmente es aplicable a la situación que
se vive al interior de dos organismos formales y otros tantos derivados de pactos políticos, a partir de la
detención de Elba Esther Gordillo y su declaratoria de auto de formal prisión,
específicamente el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y
el Partido Alianza Social (PANAL).
Se ha comentado en los medios por
todo el país la actuación de la hoy ex dirigente del SNTE y dueña del PANAL a
lo largo de varios años, de su control hegemónico y sus amarres políticos con
muchos gobernadores, unos del PRI, PAN y PRD. Se ha reiterado su origen: Carlos
Salinas De Gortari a lado de Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard desde el
PRI, y también se ha confirmado su etapa de consolidación con Vicente Fox y
Felipe Calderón en el PAN. Hasta dónde es posible, sus antiguos aliados y
compinches toman distancia de la
situación y de algunos se refiere hasta han salido del país.
Otros muchos amparados en las
instituciones, habrán buscado hacer compromisos que les permitan pasar por el
fango y no mancharse. Las instituciones reflejan a sus dirigentes, pero no
tienen responsabilidad y deben ser salvaguardadas, han de decir entre sus
argumentos. Y venden caro a la
institución para proteger sus intereses y permanecer aunque sin la arrogancia y soberbia del pasado
reciente, en aras de un futuro promisorio
Elba Esther es y será tema
prohibido. Lamentable para el SNTE y el PANAL haber sido manchados por la
ambición de las personas, aún haya sido dirigente por más de dos décadas del primero
y fundadora del segundo, hay que rescatar del
debate del cuestionamiento ético y redimir las instituciones para ser asumidas por una nueva
dirigencia, más transparente que el aire
de la ciudad de México.
Sin lugar a dudas los nuevos
estrategas de la recuperación de las instituciones de la otra líder corrupta,
refundarán con bombo y platillo dichos organismos y les realizarán una “limpia”
para recuperar sus principios y valores que les dieron origen. Ya no estarán
las maquilladas fotos de Elba Esther, de los esquineros de las oficinas, irán
paulatinamente a la bodega de archivos muertos y una nueva imagen fondeará las
gráficas en los despachos.
¿Quién es Elba Esther? no la
traté, nunca recibí un centavo. Yo estoy comisionado por derechos propios de mi organización, han de decir ahora sus
otrora defensores de oficio.
El acto de formal prisión es el
preámbulo del cierre de una representación entre comedia y drama. Está por
bajarse el telón y nuevos actores suben al escenario, otro vestuario, texto y guión. De la antigua Diva sólo un
dejo de melancolía por los placenteros viajes de varios días en lujosos
hoteles y cruceros.
Vienen tiempos de austeridad, de
lo perdido lo que aparezca. Al final como ocurre, hay que pagar las deudas y
repartirnos lo que quede, con todo, el Sindicato más grande por su número de
miembros de América Latina y un partido político con transferencia de recursos fiscales
del gobierno que podrá ser plataforma de lanzamiento para subsecuentes procesos
electorales.
Un minuto de silencio se avizora.
Un prolongado y continuo silencio, que tan solo es superado
por los vítores de la renovada fe y esperanza por una mejor educación y ética
pública. Una lección que debe aprenderse y desdeñarse, una práctica que debe
ser ejemplo de indignación y coraje por los años perplejos de una complicidad
institucionalizada por el respeto a la estrambótica virtud de una Elba Esther
añorada y negada.
Aquí nada pasó. Las instituciones
son más fuertes que las personas.
Un botín, una herencia. La
reconversión. Cambiemos de capítulo, ¿hoy los niños en la escuela, tienen la
palabra?.