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A veces mi vida,
es una prolongación imaginaria
del paisaje que me vio crecer ,
ahí donde el augurio
es un grito desolado,
ante los políticos que articulan
poses y discursos,
mientras se muere un niño,
y visualizo una madre nutriendo al doliente.
Me impresionan tantas iglesias y gobernantes,
con sus discursos falaces,
Ahí están los desposeídos que claman desde sus
penurias
por una migaja de pan,
ahí están las tetas secas de hambres.
Cuantas veces tuve que entallar las lágrimas
entre las vetas de la soledad,
a veces despertaba en las noches
porque me perseguían los niños de San Luis
cargando sarcófagos,
donde depositaban sus esperanzas.
A veces sueño con las Sierras de San Luis ,
se me avienen lo aromas y las emociones,
de imágenes guardadas
en los silencios del paisaje.
He recorrido un largo camino de desolación.
de infamias y traiciones,
y procuro resistir para seguir siendo aquel
que zarandeaba banderas,
que gruñía proclamas
y que escribía versos en el agua.
Hoy siento las cosas disociadas
en un laberinto de sueños improvisados,
de puertas cerradas por el llanto canceroso,
de miradas de espanto del moribundo.
Me desfigura el dolor
Me atormentan las miradas,
las narraciones del hambre,
el mensaje de suplicio,
creo sentir el crepitar de los vientres
la risa impasible del rostro cadavérico .
Se consagra la farsa,
la hipócrita mirada del funcionario que abraza,
besa y ríe prolongando su apetito de despojos.
Siento que voy profanando lápidas perdidas en el
celaje,
Ahí están los hierros que ocultan a los olvidados,
a los desaparecidos
en las losetas de los cementerios ignorados.
Luis Vega Vergara.