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La ya próxima consciencia apocalíptica de la Humanidad ¿Ciencia ficción?


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18/02/2013


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La realidad supera a la ficción. La Segunda Guerra Mundial fue una pesadilla que parece muy lejana y nadie hubiera imaginado que sucedería, pero desgraciadamente así fue, terroríficamente real.  Las expectativas pueden ser superadas con creces en estos extraños años que nos toca vivir. Todo parece indicar que desembocamos en una recogida de siembras. El globo geopolítico está tan hinchado que podría estallarnos en la cara.

De hecho, no pocos son los que poseen la sensación evidente de que estamos en un laberinto, una huida hacia adelante y sin retorno. En perspectiva queda la consciencia apocalíptica de millones de sufrientes seres humanos que no tienen nada que perder con la desintegración del orden social.

No nos creemos nada hasta que lo experimentamos. En Rusia creyeron vivir el fin del mundo cuando cayó el bólido hiriendo a centenares de personas. Nadie está exento de vivir acontecimientos tan extraños como trágicos. Nadie. Así que adentrémonos en las divagaciones de la fantasía y la ficción, analizando nuestra actualidad mundial.

La Historia de la Humanidad está basada en una guía de los tiempos que ha sido referencia permanente durante el paso de los siglos. No es casualidad que una especie inteligentemente evolutiva haya sido advertida, a través de libros sagrados, sobre el origen de su existencia, el bagaje de sus andanzas y la marca de un final para el desarrollo  de sus devenires terrenales.

Apocalipsis significa Revelación y es una declaración de intenciones, una advertencia primigenia y  permanente sobre las razones de la construcción humana, acaso equívocas como podemos comprobar con el balance de las obras en todos los campos que son ahora laberínticas indisposiciones que nos llevan hacia un errático futuro, de cuya incertidumbre tomamos consciencia cuanto más nos adentramos en este siglo XXI.

Acostumbrados a la previsibilidad de los acontecimientos, no deberá extrañarnos ser testigos de vivencias colectivas cuya realidad podría superar infinitamente las lucubraciones de la ficción. El signo de los tiempos parece que ha llegado marcando la pronta resolución circunstancial de múltiples profecías comprobadas, que han sido observadas en la certeza de que vislumbraban prontos acontecimientos… como los que se vienen señalando  profundamente por el cisma de la Iglesia Católica que se avecina. No van a existir disimulos, aflorando el revanchismo durante tantos años escondido tras los muros del Vaticano.

En 1977, antes de ser nombrado Papa, el futuro Juan Pablo II advertía ya sobre el mayor enfrentamiento de la Humanidad a través de un cisma que conllevaría la partición de la Iglesia en dos bandos: la Iglesia y la Anti Iglesia. En múltiples profecías sobre el papado 112, el último antes de la destrucción de la ciudad de las siete colinas-Roma-, se  advierte sobre la aparición de un Antipapa como rebelde a los designios canónicos y que se enfrentará abiertamente en tiempo de tragedia y tribulaciones.

El tercer misterio de Fátima revelaba la desaparición de la Iglesia dejando al descubierto las podredumbres que se han ocultado usando el nombre de Dios para justificarlas.

Si el Ángel de Revelación, refiriéndose en el Apocalipsis a la Iglesia de Laodicea-la Católica-, dice que la vomitará de su boca, parece que existe una consigna de divinidad muy apartada de la hipocresía mundanal que es cada vez más evidente con rivalidades dentro del Vaticano muy alejadas del designio de lo espiritual.

Quizá estemos inmersos en el signo de los tiempos que anuncia el final de una etapa de discordia disfrazada de Luz que ha sido tiempo del capricho de las sombras, de ese Príncipe del mundo que decía Jesús en el Nuevo Testamento que aún habría de gobernar hasta el momento final de las revelaciones.

Jesucristo contraponía a los saludos en las plazas y los primeros sitios en los banquetes de los sacerdotes de entonces-con las mismas actitudes que los de ahora- la sencillez del mensaje divino que se revelaba a los pequeñuelos que no a sabios ni a discretos. Arremetía contra aquellos que se guardaban la llave de la ciencia divina y que no entraban ni dejaban entrar. Anunciaba que cuando llegara el Reino de los cielos no se diría helo aquí o allá porque estaba dentro de cada uno de nosotros, en tanto denunciaba a los que buscaban prosélitos hasta el último confín del mundo para condenarlos dos veces.

La revelación de los misterios de Dios al mundo pertenece a los sencillos de corazón y esa sencillez es inexistente en el ámbito de la cúpula eclesiástica que, eso parece, va a mostrar la verdadera cara de las ambiciones en nombre de un dios de los caprichos terrenales que nada tiene que ver con el Dios al que todo el mundo puede acceder con la humildad de los niños, como ese hijo pródigo que regresa a la casa del Padre después de malgastar la herencia con la que se fue en busca de propios sustentos.

Benedicto XVI no ha renunciado voluntariamente y denuncia las luchas intestinas y las rivalidades que se dirigen a un último pontificado 112, el último anunciado en profecías, cuyas concluyentes coincidencias y las vivencias del día a día nos pueden  demostrar  esa razón de ser apocalíptica con la que hemos existido desde los inicios. Quizá un nuevo tiempo llega pero no puede entrar vino nuevo en odre viejo, porque se pudriría. Primero hay que retirar el odre viejo para poner uno renovado, así el vino nuevo aproveche.

Si es así que vivimos tiempos apocalípticos-de revelación-, no vamos a tardar en comprobar cuán equívoca ha sido la soberbia humana que nunca quiso comprender aquello de “polvo eres y en polvo te convertirás”. 

"Cuando todos estén ocupados en sus preocupaciones diarias,vendré como un ladrón en la noche y por sorpresa..."  (3:10) “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. (3:11) Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, (3:12)esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! (3:13)Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora justicia. (3:14) Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.”

Quizá seamos incapaces de imaginar la que nos deparan los próximos acontecimientos... ciertamente que la realidad siempre supera a la ficción.

 



Etiquetas:   Religión   ·   Vaticano   ·   Iglesia Católica

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, Me asusta Nacho todo lo que leo....




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