Cuando el western iba camino a convertirse en un género obsoleto, en el Hollywood de plena en los años 60 -tras esa última obra maestra llamada El hombre que mató a Liberty Valance (John Ford, 1962)-, comenzó a surgir en Europa el concepto cinematográfico de spaguetti-western, un subgénero que gozó de gran popularidad en las décadas de los 60 y 70 -aunque en esta última sufriera un importante desgaste- y que, si bien no gozaba del respaldo mayoritario de la crítica -la misma que, con el tiempo, ha reconocido el valor de muchas de sus obras-, lo compensó conquistando las taquillas de medio mundo. ¿El truco? Conectar con el espectador de manera inmediata, fácil. Sergio Leone consiguió con Por un puñado de dólares no sólo uno de los ejemplos más representativos y que mejor asentaba las bases del también denominado western europeo -no olvidemos que la mayoría de estas producciones se rodaron en Italia o España-, sino el inicio de una serie de cintas que se convirtieron de forma inmediata en parte de la historia del cine: la trilogía del dólar, completada por las posteriores La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966).




