Hacia una economía verde. Davos I



 

. De entre los muchos temas tratados tiene una especial relevancia un informe realizado por The Green Growth Action Alliance (en el que participan las principales corporaciones energéticas y financieras del mundo así como organismos públicos transnacionales -ONU, Banco Mundial, WTO, Banco Interamericano de Desarrollo-, ONGs y algunos think tanks) sobre inversiones en energías verdes. En él se ha trasladado a la opinión pública los siguientes datos: - Se estima que la población mundial en 2050 puede llegar a ser de 9.000 M de personas (desde los 7.000 M de personas actuales), con cada vez mayor acceso de una amplia parte de la población a energía y recursos naturales. - Con estas previsiones, la demanda de energía podría aumentar en un 85% de aquí al 2050 y ello podría conllevar un incremento del calentamiento global de 4-6ºC*, lo cual según algunos expertos (no se menciona en el informe) podría conllevar la posibilidad de aniquilación de la vida vegetal y animal en nuestro planeta al poderse alterar gravemente nuestro ecosistema.- En este escenario con nuestro actual sistema económico (utilización de combustibles fósiles en su mayoría), en caso de inacción, las inversiones requeridas hasta 2030 para poder abastecer a la demanda tendrían un coste de 5.000.000 Millones $ anuales (Agricultura 125.000 M $, Telecomunicaciones 600.000 M $, Infraestructuras Transporte 805.000 M $, Agua 1.320.000 M $, Construcción e Industria 613.000 M $, Vehículos Transporte 854.000 M $, Forestación 64.000 M $ y Energía 619.000 M $). - Para poder cumplir con los requisitos de los acuerdos mundiales sobre el cambio climático (sólo un aumento del calentamiento global de 2ºC**), nuestro actual sistema económico necesitaría inversiones en infraestructuras verdes, transportes bajos en carbón, eficiencia energética y reforestación de 700.000 M $ anuales (Edificios e Industria 331.000 M $, Vehículos Transporte 190.000 M $, Energía 139.000 M $ y reforestación 40.000 M $)- Pueden existir costes adicionales de la inacción en un escenario de aumento de la demanda de energía de un 85%: pueden aumentar de forma caótica las catástrofes naturales. Y ello puede significar un gran coste. Se estima que sólo el huracán Sandy causó pérdidas de 60.000 M $.Así pues, se establece en Davos la perentoria necesidad mundial de un cambio de modelo económico desde los combustibles fósiles hacia las energías menos contaminantes. Y ello por varios motivos: - Difícilmente existen energías fósiles capaces de aumentar su oferta al ritmo de la demanda prevista sin alterar el ecosistema de nuestro planeta, con lo que la única manera viable y sostenible de satisfacer las necesidades de una población mundial en aumento es apostando por las energías verdes.- La transición a una economía verde es financieramente viable: los costes de un crecimiento económico verde son insignificantes comparados con el coste de la inacción. - Las políticas hasta ahora realizadas en energías verdes ya han sido testadas con éxito y deben ser escaladas. Así pues, se debe generalizar la eliminación de subsidios a energías fósiles, aumento de los precios del carbón para desincentivar inversiones, acelerar la innovación de energías verdes, su libre comercio e incrementar las inversiones públicas para promover el incremento de las inversiones privadas en energías verdes. Así, las inversiones del sector público se deberían incrementar entre el 21% y el 46% (116.000 a 139.000 M $) y con los instrumentos necesarios estas inversiones podrían aumentar las inversiones del sector privado hasta los niveles necesarios para abastecer a la futura demanda (558.000 M $ a 581.000 M $ anuales). Para favorecer este cambio se establecen criterios para la cofinanciación de portfolios de inversiones (por parte de las entidades públicas) con el capital privado con ratios de apalancamiento definidos en función del tipo de instrumento de financiación utilizado, tecnología y región.  - Los inversores privados deben aprovecharse de las oportunidades de las inversiones verdes con otra perspectiva: deben calibrar sus análisis de retorno de las inversiones teniendo en cuenta retornos de larguísimo plazo teniendo además en cuenta su estabilidad en el muy largo plazo. Ahora bien, aunque todas estas manifestaciones son más que significativas, personalmente considero que hay más aspectos a valorar y que dejarían entrever que las consecuencias de las propuestas citadas y su instrumentación pudieran llegar a ser muy relevantes tanto desde un punto de vista financiero como estratégico. Según Jeremy Rifkin en su libro “La Tercera Revolución Industrial ”, las energías verdes tienen un grandísimo potencial estratégico a largo plazo. Considera que históricamente las revoluciones industriales han llegado cuando han confluido dos factores: energía y tecnología. Así pues, afirma que la Tercera Revolución Industrial (TRI) podría llegar en cuanto se cumpliesen los 5 pilares siguientes: 1. Cambio de un régimen energético de combustibles fósiles a un régimen de energías renovables2. Reconfigurar el parque mundial de edificios para que cada uno fuese una minicentral eléctrica capaz de captar `in situ’ energías renovables3. Instalar tecnologías de almacenaje (hidrógeno entre otras) en edificios y otros elementos de la infraestructura de la sociedad para almacenarlas para garantizar un suministro continuo y fiable de electricidad verde4. Utilizar la tecnología de la comunicación de Internet para convertir la red eléctrica general en una red inteligente de suministro para que las personas pudieran intercambiar la energía en régimen de acceso abierto de dominio público (similar a lo que sucede ahora en internet -música, software,...-)5. Transición de la flota de transporte global hacia transporte eléctrico con alimentación a red (los coches podrían servir también como complementarios en tareas de almacenaje) y/o con pilas de combustible e instalar estaciones de carga para que las personas pudieran comprar y vender energía de carácter distribuido. Rifkin cree que existirá una descentralización de la energía verde en contra de la centralización actual. Cree que, como las inversiones en energía a realizar en los próximos años son tan elevadas, es prácticamente imposible poder llegar a abastecer la demanda futura mundial si no es con la participación de forma masiva de gran parte de la población mundial. Explica en su libro (totalmente recomendable por cierto) un caso analizado que merece mención: en San Antonio para cumplir con los objetivos globales de disminución de gases en 2050 eran necesarias unas inversiones hasta 2030 de unos 20.000 M $. En cambio, si sólo se invirtieran 800 M $ anuales (16.000 M $ en total en 20 años) en nuevas energías renovables se cumplirían los mismos objetivos medioambientales de reducción de gases al generar además nuevas operaciones, empresas simbióticas, sinérgicas y auxiliares, y empleos finalmente. Así, desde una óptica financiera, sí saldría a cuenta realizar las inversiones en energías verdes y más teniendo en cuenta horizontes de retornos estables de mayor plazo y los menores costes derivados de catástrofes naturales. Además, financieramente, si son necesarias inversiones públicas y privadas en energías verdes de 700.000 M $ en los próximos 20 años (en total 14.000.000 M $), según mi punto de vista dados los niveles de apalancamiento global (dentro y fuera de balance) y niveles de deuda privada y pública existentes, me parece casi imposible que estas inversiones se puedan realizar si no es con carácter masivo. Y más teniendo en cuenta que van a ser necesarias inversiones de 5.000.000 M anuales hasta 2030 (100.000.000 M $) en la reconversión y ampliación de las estructuras actuales. Según mi opinión, financieramente, es por tanto urgente y necesaria la creación de estructuras de co-financiación que permitan invertir no sólo a grandes inversores y corporaciones sino a todas las personas que deseen contribuir a un crecimiento sostenible a cambio de retornos estables a muy largo plazo (por ejemplo, crowdfunding junto con cofinanciación pública y apoyo, fondos cotizados diversos con fiscalidad reducida, inversiones públicas, ayudas fiscales,...). Permitiría no tener que absorber tanto apalancamiento financiero (y las posibles consecuencias negativas que ya estamos viendo y podemos seguir viendo) y facilitar la consecución del objetivo medioambiental citado.   También desde una óptica estratégica, teniendo en cuenta los cambios en la creación de empleo que la tecnología está introduciendo o puede llegar a introducir (internet, impresoras 3D,...), la industria verde al ser intensiva en mano de obra en los primeros años (en la construcción e inversiones hasta 2030) puede ser una perfecta forma de crecimiento sostenible y generación de empleos y riqueza distribuida. Además, estratégicamente, como la energía está en la base de todos los inputs y outputs intermedios y finales de la economía, la industria verde puede ser fuente de grandes aumentos de productividad y competitividad de las economías. Ahora bien en este sentido Rifkin afirma que, aunque pareciera deseable un aumento superior de las energías verdes, numerosos estudios científicos apoyan la tesis de la necesidad de coexistencia a nivel global de energías limpias y no tan limpias para mantener la estabilidad de nuestro ecosistema. Según mi opinión, estratégicamente es conveniente que los países y bloques se vuelquen en la consecución de los objetivos medioambientales mediante inversiones en la reconversión de las estructuras anteriores y en energías verdes puesto que puede favorecer el mantenimiento del equilibrio del ecosistema y la vuelta para países y bloques al crecimiento, aumentos de productividad y competitividad y generación de empleo. Y ello se debería realizar facilitando el mejor equilibrio del ecosistema (menor calentamiento que 2ºC) y la mejor distribución de la energía posible. En este sentido, según Rifkin, Europa está siendo uno de los bloques más precoces en apoyar las energías verdes, con lo que debería seguir jugando un papel prioritario como `early adopter´ en estas `nuevas´ inversiones y visiones. Y eso está muy bien. Aunque este buen inicio no debería conllevar una cierta relajación puesto que existen bloques que no han entrado en la 2a Revolución Industrial (África) y que rápidamente pueden generalizar la Tercera Revolución Industrial y ganar la partida estratégica. Decía un día el Sr. Federico Mayor Zaragoza que “la responsabilidad suprema de cada generación es pensar en la siguiente”. Y es verdad. Quizás muchos de nosotros no viviremos en el año 2050 pero es nuestra máxima responsabilidad el pensar en nuestros jóvenes actuales, los cuales podrán vivir esos años con toda seguridad y bienestar sólo si nosotros ACTUAMOS. * Según científicos, una variación de entre 1,5 y 3,5ºC podría comportar la extinción de la vida vegetal y animal de entre el 20% y el 70% en menos de 100 años. ** El incremento térmico de 2ºC aunque tendría un efecto devastador sobre los ecosistemas del planeta nos permitiría probablemente sobrevivir en 2050.



  • Comentarios
Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


UNETE






Hacia una economía verde. Davos I


 

se ha celebrado el World Economic Forum en Davos. De entre los muchos temas tratados tiene una especial relevancia un informe realizado por The Green Growth Action Alliance (en el que participan las principales corporaciones energéticas y financieras del mundo así como organismos públicos transnacionales -ONU, Banco Mundial, WTO, Banco Interamericano de Desarrollo-, ONGs y algunos think tanks) sobre inversiones en energías verdes. En él se ha trasladado a la opinión pública los siguientes datos: - Se estima que la población mundial en 2050 puede llegar a ser de 9.000 M de personas (desde los 7.000 M de personas actuales), con cada vez mayor acceso de una amplia parte de la población a energía y recursos naturales. - Con estas previsiones, la demanda de energía podría aumentar en un 85% de aquí al 2050 y ello podría conllevar un incremento del calentamiento global de 4-6ºC*, lo cual según algunos expertos (no se menciona en el informe) podría conllevar la posibilidad de aniquilación de la vida vegetal y animal en nuestro planeta al poderse alterar gravemente nuestro ecosistema.- En este escenario con nuestro actual sistema económico (utilización de combustibles fósiles en su mayoría), en caso de inacción, las inversiones requeridas hasta 2030 para poder abastecer a la demanda tendrían un coste de 5.000.000 Millones $ anuales (Agricultura 125.000 M $, Telecomunicaciones 600.000 M $, Infraestructuras Transporte 805.000 M $, Agua 1.320.000 M $, Construcción e Industria 613.000 M $, Vehículos Transporte 854.000 M $, Forestación 64.000 M $ y Energía 619.000 M $). - Para poder cumplir con los requisitos de los acuerdos mundiales sobre el cambio climático (sólo un aumento del calentamiento global de 2ºC**), nuestro actual sistema económico necesitaría inversiones en infraestructuras verdes, transportes bajos en carbón, eficiencia energética y reforestación de 700.000 M $ anuales (Edificios e Industria 331.000 M $, Vehículos Transporte 190.000 M $, Energía 139.000 M $ y reforestación 40.000 M $)- Pueden existir costes adicionales de la inacción en un escenario de aumento de la demanda de energía de un 85%: pueden aumentar de forma caótica las catástrofes naturales. Y ello puede significar un gran coste. Se estima que sólo el huracán Sandy causó pérdidas de 60.000 M $.Así pues, se establece en Davos la perentoria necesidad mundial de un cambio de modelo económico desde los combustibles fósiles hacia las energías menos contaminantes. Y ello por varios motivos: - Difícilmente existen energías fósiles capaces de aumentar su oferta al ritmo de la demanda prevista sin alterar el ecosistema de nuestro planeta, con lo que la única manera viable y sostenible de satisfacer las necesidades de una población mundial en aumento es apostando por las energías verdes.- La transición a una economía verde es financieramente viable: los costes de un crecimiento económico verde son insignificantes comparados con el coste de la inacción. - Las políticas hasta ahora realizadas en energías verdes ya han sido testadas con éxito y deben ser escaladas. Así pues, se debe generalizar la eliminación de subsidios a energías fósiles, aumento de los precios del carbón para desincentivar inversiones, acelerar la innovación de energías verdes, su libre comercio e incrementar las inversiones públicas para promover el incremento de las inversiones privadas en energías verdes. Así, las inversiones del sector público se deberían incrementar entre el 21% y el 46% (116.000 a 139.000 M $) y con los instrumentos necesarios estas inversiones podrían aumentar las inversiones del sector privado hasta los niveles necesarios para abastecer a la futura demanda (558.000 M $ a 581.000 M $ anuales). Para favorecer este cambio se establecen criterios para la cofinanciación de portfolios de inversiones (por parte de las entidades públicas) con el capital privado con ratios de apalancamiento definidos en función del tipo de instrumento de financiación utilizado, tecnología y región.  - Los inversores privados deben aprovecharse de las oportunidades de las inversiones verdes con otra perspectiva: deben calibrar sus análisis de retorno de las inversiones teniendo en cuenta retornos de larguísimo plazo teniendo además en cuenta su estabilidad en el muy largo plazo. Ahora bien, aunque todas estas manifestaciones son más que significativas, personalmente considero que hay más aspectos a valorar y que dejarían entrever que las consecuencias de las propuestas citadas y su instrumentación pudieran llegar a ser muy relevantes tanto desde un punto de vista financiero como estratégico. Según Jeremy Rifkin en su libro “La Tercera Revolución Industrial ”, las energías verdes tienen un grandísimo potencial estratégico a largo plazo. Considera que históricamente las revoluciones industriales han llegado cuando han confluido dos factores: energía y tecnología. Así pues, afirma que la Tercera Revolución Industrial (TRI) podría llegar en cuanto se cumpliesen los 5 pilares siguientes: 1. Cambio de un régimen energético de combustibles fósiles a un régimen de energías renovables2. Reconfigurar el parque mundial de edificios para que cada uno fuese una minicentral eléctrica capaz de captar `in situ’ energías renovables3. Instalar tecnologías de almacenaje (hidrógeno entre otras) en edificios y otros elementos de la infraestructura de la sociedad para almacenarlas para garantizar un suministro continuo y fiable de electricidad verde4. Utilizar la tecnología de la comunicación de Internet para convertir la red eléctrica general en una red inteligente de suministro para que las personas pudieran intercambiar la energía en régimen de acceso abierto de dominio público (similar a lo que sucede ahora en internet -música, software,...-)5. Transición de la flota de transporte global hacia transporte eléctrico con alimentación a red (los coches podrían servir también como complementarios en tareas de almacenaje) y/o con pilas de combustible e instalar estaciones de carga para que las personas pudieran comprar y vender energía de carácter distribuido. Rifkin cree que existirá una descentralización de la energía verde en contra de la centralización actual. Cree que, como las inversiones en energía a realizar en los próximos años son tan elevadas, es prácticamente imposible poder llegar a abastecer la demanda futura mundial si no es con la participación de forma masiva de gran parte de la población mundial. Explica en su libro (totalmente recomendable por cierto) un caso analizado que merece mención: en San Antonio para cumplir con los objetivos globales de disminución de gases en 2050 eran necesarias unas inversiones hasta 2030 de unos 20.000 M $. En cambio, si sólo se invirtieran 800 M $ anuales (16.000 M $ en total en 20 años) en nuevas energías renovables se cumplirían los mismos objetivos medioambientales de reducción de gases al generar además nuevas operaciones, empresas simbióticas, sinérgicas y auxiliares, y empleos finalmente. Así, desde una óptica financiera, sí saldría a cuenta realizar las inversiones en energías verdes y más teniendo en cuenta horizontes de retornos estables de mayor plazo y los menores costes derivados de catástrofes naturales. Además, financieramente, si son necesarias inversiones públicas y privadas en energías verdes de 700.000 M $ en los próximos 20 años (en total 14.000.000 M $), según mi punto de vista dados los niveles de apalancamiento global (dentro y fuera de balance) y niveles de deuda privada y pública existentes, me parece casi imposible que estas inversiones se puedan realizar si no es con carácter masivo. Y más teniendo en cuenta que van a ser necesarias inversiones de 5.000.000 M anuales hasta 2030 (100.000.000 M $) en la reconversión y ampliación de las estructuras actuales. Según mi opinión, financieramente, es por tanto urgente y necesaria la creación de estructuras de co-financiación que permitan invertir no sólo a grandes inversores y corporaciones sino a todas las personas que deseen contribuir a un crecimiento sostenible a cambio de retornos estables a muy largo plazo (por ejemplo, crowdfunding junto con cofinanciación pública y apoyo, fondos cotizados diversos con fiscalidad reducida, inversiones públicas, ayudas fiscales,...). Permitiría no tener que absorber tanto apalancamiento financiero (y las posibles consecuencias negativas que ya estamos viendo y podemos seguir viendo) y facilitar la consecución del objetivo medioambiental citado.   También desde una óptica estratégica, teniendo en cuenta los cambios en la creación de empleo que la tecnología está introduciendo o puede llegar a introducir (internet, impresoras 3D,...), la industria verde al ser intensiva en mano de obra en los primeros años (en la construcción e inversiones hasta 2030) puede ser una perfecta forma de crecimiento sostenible y generación de empleos y riqueza distribuida. Además, estratégicamente, como la energía está en la base de todos los inputs y outputs intermedios y finales de la economía, la industria verde puede ser fuente de grandes aumentos de productividad y competitividad de las economías. Ahora bien en este sentido Rifkin afirma que, aunque pareciera deseable un aumento superior de las energías verdes, numerosos estudios científicos apoyan la tesis de la necesidad de coexistencia a nivel global de energías limpias y no tan limpias para mantener la estabilidad de nuestro ecosistema. Según mi opinión, estratégicamente es conveniente que los países y bloques se vuelquen en la consecución de los objetivos medioambientales mediante inversiones en la reconversión de las estructuras anteriores y en energías verdes puesto que puede favorecer el mantenimiento del equilibrio del ecosistema y la vuelta para países y bloques al crecimiento, aumentos de productividad y competitividad y generación de empleo. Y ello se debería realizar facilitando el mejor equilibrio del ecosistema (menor calentamiento que 2ºC) y la mejor distribución de la energía posible. En este sentido, según Rifkin, Europa está siendo uno de los bloques más precoces en apoyar las energías verdes, con lo que debería seguir jugando un papel prioritario como `early adopter´ en estas `nuevas´ inversiones y visiones. Y eso está muy bien. Aunque este buen inicio no debería conllevar una cierta relajación puesto que existen bloques que no han entrado en la 2a Revolución Industrial (África) y que rápidamente pueden generalizar la Tercera Revolución Industrial y ganar la partida estratégica. Decía un día el Sr. Federico Mayor Zaragoza que “la responsabilidad suprema de cada generación es pensar en la siguiente”. Y es verdad. Quizás muchos de nosotros no viviremos en el año 2050 pero es nuestra máxima responsabilidad el pensar en nuestros jóvenes actuales, los cuales podrán vivir esos años con toda seguridad y bienestar sólo si nosotros ACTUAMOS. * Según científicos, una variación de entre 1,5 y 3,5ºC podría comportar la extinción de la vida vegetal y animal de entre el 20% y el 70% en menos de 100 años. ** El incremento térmico de 2ºC aunque tendría un efecto devastador sobre los ecosistemas del planeta nos permitiría probablemente sobrevivir en 2050.



  • Comentarios

Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar

PDF


UNETE