Tertulias futboleras y simplerías

 Siempre que hurgo en los botones del mando de la tele y zigzageo tertulias de fútbol, es como si estuviera ante una pista de circo con sus saltimbanquis, malabaristas, equilibristas y hasta payasos. Desconozco la aceptación real que tienen esos programas y el número de seguidores de las tertulias, pero deben de ser bastantes a tenor de la competencia entre cadenas y a los intentos de contrafichajes entre los productores de la cosa.

 

. Desconozco la aceptación real que tienen esos programas y el número de seguidores de las tertulias, pero deben de ser bastantes a tenor de la competencia entre cadenas y a los intentos de contrafichajes entre los productores de la cosa.

A los poco iniciados en la cosa coloquial futbolera nos desconsuela pensar que, para poder optar a uno de esos escaños de análisis, opinión y discusión, tienes que forzar el cerebelo durante un quinquenio para conseguir licenciarte en periodismo. Hay que superar toda una carrera para, al final, escribir sobre los modos y las formas de dar patadas a un balón y, posteriormente, discrepar entre afines sobre esos modos y esas formas. Entiendo que para decir las sandeces que a veces se escuchan, los grupos tertulianos pueden estar integrados por cualquier aficionado deportivo que sepa de nombres de jugadores, entrenadores, utilleros, directivos y resto de tropa del entorno, sin necesidad de tener el costoso aval de un título de periodismo.

A veces causan vergüenza ajena las memeces y simplerías que estos doctos analistas suelen pronunciar antes, durante y después de las contiendas deportivas. Cualquier nadería irrelevante les sirve para entablar diálogos y discusiones de besugos. Todo vale. Que si Messi rozó la oreja a Casillas, que si Sergio Ramos miró a Iniesta, o que si Xavi le agarró a Pepe, cualquier bobería sirve para entablar acaloradas y largas discusiones. Luego vienen las actuaciones de los entrenadores (mal llamados Misteres), de los árbitros, de los presidentes, o las cenas amistosas de fulano y zutano, o cualquier asunto intrascendente que tercie. Todo vale para llevar la contraria y discrepar con pasión.

Lo peor de todo ese gallinero coloquial futbolero, siempre revuelto, es la escandalera y griterío que montan. Descargan la verborrea a máxima potencia. Se enfurecen, chillan, se insultan, se enervan, desbarran, se interrumpen, se cabrean, agitan los brazos como energúmenos, se levantan airados, se sientan, no se les resiste nada, ni las mayores tonterías. Todos presumen de ser doctos de la cosa futbolera. Defienden sus consideraciones con ardor, y si es sobre una jugada concreta, cada juicio es el que vale, incluso más que el de los árbitros.

La mayoría de las veces resultan esperpénticas las trifulcas que organizan los integrantes de esas mesas de análisis sobre asuntos intrascendentes y carentes de interés. Supongo que cuando tengan oportunidad de verse y de escucharse sufrirán recato de vergüenza por el espectáculo.

Son cosas del fútbol.

UNETE



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