México se caracterizó durante 71 años del siglo XX, como un régimen político de partido hegemónico, el liderazgo estaba en manos del presidente en turno y de su partido el PRI, apoyado por un fuerte aparato corporativista que mantenía en equilibrio a todas las fuerzas políticas al interior de ese todopoderoso partido político liderado por el Primer Mandatario del País, que a su vez, designaba a su sucesor.



