Ascendíamos desde la playa del río Cañar caminando por un tortuoso sendero que me pareció interminable. Poco a poco iba quedando atrás la lejana población de Gualleturo y ahora nuestras fuerzas y objetivos se centraban en Ger, un misterioso, escondido y solitario rincón situado al pie de la montaña, frío y desesperante como pocos, como su gente, dormida en la tradición de siglos.



