La regionalización de la pobreza en México

Un análisis histórico sobre la concentración de pobreza en las regiones de México, y un panorama contemporáneo de esta problemática que trasciende la división en entidades federativas.

 

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Hace apenas unos dias, el Presidente Enrique Peña Nieto puso en marcha una campaña en contra del hambre en los Altos de Chiapas. Refiere la estrategia que se aplicará en 400 municipios del país y que no será asistencialista.

Lo que me hizo recordar que el año pasado en la revista digital Presidencia2012 publiqué el presente texto, que pudiera aportar elementos de análisis para dimensionar los alcances del esfuerzo que hará el gobierno central en esta materia.

La pobreza es una constante en la historia de la conformación económica y política de México y del mundo. No es una recurrencia cíclica, es una variable presente a lo largo de los años, documentada en México a partir de la conquista española. La pobreza se ha constituido en la recurrencia para justificar e implementar todo tipo de tareas. Una y otra vez a lo largo del siglo XX los gobiernos mexicanos han pretendido atemperar sus efectos nocivos sin haber logrado hasta hoy beneficiar a la población necesitada con los recursos básicos y suficientes para salir del ocaso económico ancestral.

Además de ser usada como argumento de campañas políticas para aspiraciones presidenciales, la pobreza también es la razón de los movimientos emergentes de fines del siglo XX, visible en las expresiones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el Ejército del Pueblo y los movimientos armados de Guerrero, Oaxaca y estados circunvecinos, así como de la intensa movilidad de las organizaciones de la sociedad civil, de la diversidad de gerencias sociales involucradas en la defensa de los derechos indígenas y de los bienes naturales.

La afluencia arrolladora de las masas que emigraron de las periferias rurales a los centros urbanos acabó con los sueños del desarrollo estabilizador y se asume como una nueva dinámica de la pobreza, que arriba con graves complejidades al México que no encuentra la fórmula que le permita transformar sus graves referentes de desigualdad, pues sus programas institucionales para atacarla son esencial y fundamentalmente asistencialistas.

RIQUEZA Y POBREZA EN EL MÉXICO ANTIGÜO

El modelo de organización social y político prehispánico difiere sustancialmente de las formas actuales de ejercicio del poder, porque los antiguos habitantes de nuestro territorio sostenían su nivel de integración a partir de la identidad de su lengua y el resto de las expresiones culturales. Su modo de vida surgía de la disponibilidad de los recursos del entorno, y de no haberlos, comerciaban a través del trueque con los pueblos colindantes para resolver sus necesidades básicas.

El territorio menos poblado del México prehispánico era el norte, la región Cazcana habitada por personas de origen chichimeca, donde se encontraban los moradores más pobres, pues incluso ni taparrabos usaban y eran nómadas. Las razones de esta situación eran obvias, pues esta área es muy escaza en recursos disponibles en especies vegetales y animales lo que limitó la edificación de ciudades. Con todo, las expresiones de los escribanos de la conquista refieren la existencia de pueblos muy pobres cuyos niveles de sobrevivencia los obligaron a convertirse en aliados de los españoles, sobre todo cuando eran motivo de dominación de otro pueblo vecino al que pagaban tributo, así como de pueblos muy ricos y poderosos contra los que tuvieron que enfrentar cruentas batallas.

En este tenor, toltecas, aztecas, nahuatlacas de Occidente, mayas, zapotecos y purépechas, entre otros, podrían significarse como las comunidades indígenas con más recursos, estructura social y, por ende, condiciones de menor pobreza. La franja territorial de la pobreza prehispánica se ubicaba en el desértico norte del país y las comunidades ricas en el México central, occidental y sureste, principalmente, territorios con abundancia de ríos, lagos y vastos recursos forestales, animales y minerales.

La conquista determinó la distribución del nuevo patrimonio. La nobleza inició el reparto de los bienes al igual que la institución eclesiástica, incluyendo las almas de los pueblos indios. La expoliación de los recursos materiales y espirituales transformó de manera radical la visión de los pueblos. La guerra expulsó a los indígenas de los valles productivos hacia las montañas o los empujó a su extinción al desértico norte. Unos y otros ingresan a la extensa visión de los vencidos y sin derechos.

MEDICIONES Y REGIONES

Instituciones académicas y de gobierno en los últimos años han cimentado toda una serie de metodologías para sistematizar la información de los problemas sociales, principalmente el relativo a las condiciones de vida de la población, donde el análisis de la pobreza ocupa el centro del gran debate nacional. Lourdes Flores Alonso, del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, dice que "en la historia reciente de México, la pobreza ha sido un problema permanente, aunque sus dimensiones y características han variado con el estilo de desarrollo y las condiciones macroeconómicas vigentes en diferentes momentos".

Flores Alonso agrega que "durante el periodo en que rigió el modelo de sustitución de importaciones, dos grandes procesos incidieron en distintas direcciones sobre la pobreza. Por un lado, el sesgo urbano del crecimiento contribuyó al aumento de la pobreza; por otro, la interacción de tasas de crecimiento, relativamente altas y sostenidas y la aplicación de las políticas sociales universales no sólo contrarrestó un posible aumento de la misma, sino que logró una disminución significativa entre 1960 y 1981-1982".1

La investigadora aduce que, pese a los progresos del desarrollo social, la pobreza persistió. A comienzos de la década de 1980 inició la instauración de un nuevo modelo económico basado en la promoción de las exportaciones y una mayor participación del mercado. Los efectos sociales del drástico cambio se expresaron en la acentuación de la concentración del ingreso y la riqueza, y un significativo aumento de la pobreza.

Pero no basta con identificar en términos generales o nacionales el problema de la pobreza, por ello el Programa de las Naciones Unidades para el Desarrollo expuso la importancia de conocer la desigualdad en las entidades federativas para poder comprender la situación nacional, debido a que existen grandes brechas al interior de los territorios estatales.

Para el año 2000, las diferencias entre el desarrollo de municipios se debían principalmente al índice del ingreso, ya que representaba el 42.7% de la desigualdad del Índice de Desarrollo Humano (IDH), mientras que el componente educativo era el 32.9% y el de salud, 24.3%. Mientras tanto, en la medición del año 2005, la desigualdad más grande seguía siendo la del ingreso, con 38.7% (aunque en menor medida), comparado con la contribución de 30.1% del componente de educación y 31.2% de salud. Debido a ello se detectaron nuevas relaciones entre la desigualdad del ingreso y el desarrollo humano, observándose que la mayor desigualdad del ingreso se registra en un municipio con alto nivel de desarrollo humano (San Andrés Cholula, Puebla), mientras que la distribución más equitativa del ingreso está en una entidad con bajos niveles de desarrollo humano (Santiago Najapilla, Oaxaca).

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Existe una multiplicidad de casos similares a los anteriores, ya que de los 20 municipios con menores niveles de desigualdad, 11 se localizan en Oaxaca, entidad clasificada como el penúltimo lugar del IDH, mientras que los otros 9 en Nuevo León, estado con altos indicadores de desarrollo. De igual forma ocurre con los 20 municipios más desiguales, que se encuentran en el sur del país en estados con mayores niveles de desarrollo humano.

Otro de los organismos de la ONU que evalúa el desarrollo social de los países es el Banco Mundial (BM). Sobre este tema, el BM resalta que a pesar del alentador progreso en los indicadores de desarrollo, aún persiste una gran desigualdad en la nación. Así que el análisis de la pobreza lo presenta por regiones, concluyendo que el Sureste del país, conformado por el Pacífico Sur, el Golfo y las regiones del Caribe, tiene niveles de vida sustancialmente más bajos que los estados del Norte, Centro y Ciudad de México.

Para 2005, la Ciudad de México alcanzó un nivel de pobreza de 32% del total de su población, mientras que en las entidades federativas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, 72% de su población vive bajo la línea de la pobreza; otro de los índices que también acentúa las desigualdades regionales es el del ingreso per cápita, siendo que éste es cinco veces mayor en la Ciudad de México que en los estados del Pacífico Sur; es por ello que la distribución del ingreso resulta más desigual en el Distrito Federal. De igual forma, existen grandes diferencias entre las áreas rurales y urbanas en casi las todas las variables empleadas, mientras que los coeficientes de bienestar son consistentes y sustancialmente más bajos en las áreas rurales y en el 10% de la población más pobre.

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Actualmente el Coneval, como organismo gubernamental, tiene la facultad de establecer lineamientos y criterios para definir, identificar y medir la pobreza, usando indicadores de ingreso corriente per cápita, rezago educativo, acceso a los servicios de salud y seguridad social, calidad, espacios y acceso a servicios básicos de vivienda, seguridad alimentaria y grado de cohesión social.

Coneval reconoce a la pobreza como una manifestación multidimensional de carencias. La metodología usada por el organismo consiste en la definición de tres niveles de pobreza: 1) la pobreza alimentaria, que es la incapacidad de la población para obtener una canasta básica alimentaria, aún si todo el ingreso disponible en el hogar se utilizara para adquirir productos de ésta; 2) la pobreza de capacidades, que corresponde a la insuficiencia del ingreso disponible para adquirir el valor de la canasta alimentaria y realizar los gastos necesarios de salud y educación, aún destinando todo el ingreso disponible en el hogar a dichas finalidades; y 3) la pobreza de patrimonio, referente a la insuficiencia del ingreso disponible para adquirir la canasta alimentaria, realizar gastos en salud, educación, vestido, vivienda y transporte, aunque todo el ingreso fuese destinado a la adquisición de dichos bienes y servicios.

Al hacer una revisión de los indicadores por entidades federativas, se puede observar un comportamiento regional, el cual genera tendencias al interior de los estados. Por ejemplo, en la medición de la pobreza de 2005, se concluyó que el estado con mayor incidencia de pobreza alimentaria es Chiapas, con 47.0%; después se encuentran las entidades de Guerrero, con 42 %, Oaxaca con 38.1%, Tabasco con 28.5% y Veracruz con 28%, que de alguna manera comparten una pertenencia geográfica.

En contraste, los estados con menor incidencia de pobreza alimentaria son Baja California con 1.3%, Nuevo León con 3.6%, Baja California Sur con 4.7%, el Distrito Federal con 5.4% y los estados de Coahuila y Chihuahua con 8.6%. En lo que respecta a la pobreza de capacidades, se da prácticamente el mismo comportamiento que en la pobreza alimentaria. Chiapas con 55.9% se encuentra en primer lugar, seguido de Guerrero con 50.2% y Oaxaca con 46.9%, mientras que los estados con mayor pobreza de patrimonio son Chiapas (75.7%), Guerrero (70.2) y Oaxaca (68%).

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LA VISION REGIONAL

A manera de ejemplo, una de las regiones en donde más investigaciones sobre el tema se han efectuado es el sureste mexicano. En este tenor Gorgina Kessel, Santiago Levy y Francisco Dávila, a principios del gobierno de Vicente Fox, publicaron una reflexión sobre el tema de la pobreza y su contextualización regional en el sureste mexicano donde señalan:

El sureste cuenta con 24% del territorio y 23.0% de la población nacional. Un 43.5% de la población asentada en la región habita en localidades de menos de 2,500 habitantes por lo que es considerada población rural, en comparación con 19.9% en el resto del país. En cambio, únicamente 38.4% habita en localidades propiamente urbanas —15 mil habitantes o más— y solo 23.7% vive en localidades de más de 100 mil habitantes —contra 67.8 y 54.4% en el resto del país, respectivamente—. Lo anterior revela un nivel cualitativamente mayor tanto de población rural como de dispersión poblacional en el sureste. Si consideramos población rural dispersa a aquella que habita en una localidad de menos de 500 habitantes, situada a 5 kms. o más de una localidad de al menos 500 habitantes dentro del mismo municipio, encontraremos que, bajo este criterio, la población rural dispersa en el sureste era prácticamente el doble que en el resto del país en 1995".

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Bastan dichos referentes para dimensionar los alcances del problema que enfrenta esta región del país, pero los autores precisan con crudeza que:

El sureste concentra un alto porcentaje de la población nacional en condiciones de pobreza extrema y presenta una mayor brecha promedio de pobreza. Los mayores índices corresponden a Chiapas, Guerrero y Oaxaca (44.8, 40.9 y 41.5%, respectivamente). Además, y como resultado en cierta medida de la dispersión poblacional, en el sureste se tienen las mayores carencias en materia de servicios para la vivienda. Así, el porcentaje de viviendas sin drenaje en el sureste es de 42%, más del doble que en el resto del país. Los números correspondientes para viviendas sin agua entubada y sin electricidad son de 32.8 y 15.2% contra 15.4 y 7.2% en el resto del país, respectivamente.

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Entre los factores que los investigadores determinan como relevantes para entender el problema, están que "las políticas públicas han afectado la distribución espacial de la producción y el patrón de ventajas comparativas entre las distintas regiones en México enfatizando, en función del análisis anterior, la política de gasto público en infraestructura de transporte; las políticas de precios y tarifas del sector público; y el régimen de comercio exterior".

El informe destaca como detonantes la exclusividad del Estado en actividades estratégicas, las políticas en materia de derechos de propiedad de la tierra y los subsidios a la producción agrícola, y concluyen que la tesis central es que las decisiones tomadas en México durante al menos las últimas cinco décadas han distorsionado el patrón de ventajas comparativas de las distintas regiones del país, inhibiendo artificialmente el desarrollo del sureste.

Partiendo de este ejemplo, podemos observar, como lo dice al principio de nuestro texto Flores Alonso, que las visiones de los estudios regionales en México atienden a las líneas de investigación y al análisis de información nacional y por estado básicamente, aunque la incidencia de valores en las calificaciones de los diferentes rangos de pobreza unifican territorios de diferentes entidades que obligan a dimensionar el alcance interestatal de las condiciones de vida de sus habitantes.

El Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 de México regionaliza al país en 5 mesoregiones: Sur-Sureste: Campeche, Yucatán, Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Guerrero, Veracruz y Puebla; Centro-Occidente: Jalisco, Michoacán, Colima, Aguascalientes, Nayarit, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato y Querétaro; Centro: Distrito Federal, Querétaro, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Morelos, Estado de México; Noreste: Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Durango, y Noroeste: Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Chihuahua y Durango.

Esta clasificación forma parte de una estrategia integral de desarrollo regional, en la que se menciona que se eliminaran las asimetrías entre las diversas regiones del país, como punto focal de su conformación. Pero este esquema de regionalización, hasta hoy, ha probado su disfuncionalidad para impulsar el abatimiento de los altos rangos de los tipos de pobreza o en su caso, generar procesos endógenos de desarrollo, por lo que los avances existentes solo obedecen a una tendencia nacional.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Mario Carrillo, de la Universidad de Puebla, afirma que "los estudios enfocados al crecimiento muestran que contrario a lo que proponen los economistas neoclásicos, en México no se ha dado un proceso de convergencia en el crecimiento económico de las entidades federativas del país".

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Por otro lado, "estudios más amplios del desarrollo muestran que no solamente ha sido regionalmente desequilibrado, sino que los desequilibrios, lejos de desaparecer, pareciera que tienden a agravarse a través del tiempo, ya que la brecha entre el desarrollo de las regiones más prósperas y el de las más pobres se ha ensanchado".

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Concluye: "la evolución reciente de la política del desarrollo del gobierno mexicano no evidencia un impulso decidido para acabar con los desequilibrios regionales, y en ocasiones, en vez de resolverlos, tienden a agravarlos, ya sea porque los fondos públicos no se asignan en función de las necesidades de las regiones, o bien porque simplemente no existe una política correctamente definida de promoción".

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Desde nuestra perspectiva creemos que para inducir un proceso de equilibrio al interior y entre las regiones en el país, primero debemos definir las regiones partiendo de su identidad, potencial endógeno, sustentabilidad, equidad y participación de los componentes sociales, en un ente político capaz de asumir la responsabilidad de conducir un proceso de planificación regional, las posibilidades de elevar los indicadores del desarrollo humano, salud, educación y ser capaz de interactuar con otras regiones en el escenario global.

Un esfuerzo más que se pondrá en marcha será abordado en la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) que se celebrará en Oaxaca con la participación de 20 estados, donde habrá de exponerse el mecanismo que el Gobierno del Distrito Federal ha aplicado para atender la pobreza, y que se basa en la valoración que sobre su situación hacen los ciudadanos que sufren el impacto del problema. Este es un esfuerzo que se suma a la multiplicidad de programas institucionales y de organizaciones civiles que buscan contribuir a mejorar el nivel de vida de la población.

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Finalmente, resulta evidente que la franja prehispánica de la riqueza se transformó en el escenario de mayor incidencia de la pobreza. La estadística de 2012 del Coneval también refleja que indistintamente de las regiones, este fenómeno social está inserto en todo el territorio nacional, en los municipios considerados de mayor ingreso quizá con mayor disparidad que en los municipios y estados con bajo perfil en sus indicadores.

En este escenario de inequidad e injusticia agudizada en los últimos seis años, los mexicanos habremos de decidir con nuestro voto quién de los candidatos en contienda tendrá la oportunidad de incidir y superar el rezago en que viven cerca de la mitad de la población.

Consultas:1).- María de Lourdes Flores Alonso, Centro de estudios sociales y de opinión pública.

2).-Economía Informa núm. 365 ▪ octubre-diciembre ▪ 2010. .3).-Fuente: relación índice de desigualdad nacional para el componente de educación 2000-2005. PNUD (2007), Índice de desarrollo humano municipal en México 2000-2005, p. 17. Fuente: relación índices de desigualdad nacional para el componente de educación 2000-2005. PNUD (2007), Índice de desarrollo humano municipal en México 2000-2005, p. 17. núm. 365 ▪ octubre-diciembre ▪ 2010 HYPERLINK \l "3"HYPERLINK \l "3"4).-Daniela Gutiérrez Torres 69 Estudios de la pobreza y la desigualdad en México 2000-2006. Una revisión Fuente: Pobreza alimentaria, de capacidades y patrimonio en México, 2000-2005. Coneval (2007). Informe ejecutivo de pobreza, México 2007.

5).-Economía Informa núm. 365 ▪ octubre-diciembre ▪ 2010 70 .6).-Fuente: Pobreza alimentaria, de capacidades y patrimonio por entidad federativa, 2005. Coneval (2007), Informe ejecutivo de pobreza, México 2007, p. 8.

7).- Enrique Dávila, Georgina Kessel y Santiago Levy El sur también existe: un ensayo sobre el desarrollo regional de México país. HYPERLINK \l "6"HYPERLINK \l "6" 8).-Crecimiento y Reproducción de Desequilibrios Regionales en México. 9).-Jorge A. Pérez Pineda

 Universidad Complutense de Madrid HYPERLINK "mailto:japerpe@yahoo.com"japerpe@yahoo.comHYPERLINK "mailto:jppin@hotmail.com" .10).-(Esquivel, 1999; Messmacher, 2000; Carrillo, 2001; Esquivel y Messmacher, 2002). Citados por Mario CarrilloHYPERLINK \l "10"HYPERLINK \l "10"

11).-(Unikel y otros, 1976; Coordinación del Plan Nacional para ÁreasAtrasadas y Grupos Marginados (Coplamar), 1982; Consejo Nacional de Población (Conapo), 1993; Sobrino, 1993; Carrillo, 1998; Urquidi, 1999).Citados Mario Carrillo. HYPERLINK \l "11"HYPERLINK \l "11"12).-EL DESARROLLO REGIONAL SUSTENTABLE EN MÉXICO: ANTECEDENTES RECIENTES Y PERSPECTIVAS(Regional Sustainable Development in Mexico: Recent History and Prospects) Recibido: 26/03/2011 Aceptado: 28/04/2011Carrillo, Mario Universidad Autónoma de Puebla. México HYPERLINK "mailto:ciespuebla@ciespuebla.edu"ciespuebla@ciespuebla.edu

13).- Nota informativa. http://www.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/ba3affde584f0c18a954d6a777933caa

UNETE



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