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Las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos en el primer gobierno de Obama


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24/01/2013

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Hace cuatro años, un 20 de enero de 2009, en ocasión de la primera investidura  de Barack H. Obama como Presidente de los Estados Unidos  y en vísperas de las elecciones en nuestro país; se desarrolló un almuerzo  en la residencia de la Embajadora estadounidense en Panamá,  Bárbara J. Stevenson. Se especula que tal evento, ambientó la alianza  entre Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela, la cual culminó con el triunfo arrollador de la  entonces oposición al PRD.  A escasos dos meses de llegar al poder el Presidente Ricardo Martinelli,  se  evidencia un   distanciamiento de los Estados Unidos  respecto a Panamá, mismo que encuentra eco en las declaraciones que en  la capital panameña, hacían respecto al gobierno, altas figuras de la administración Obama. En efecto, todavía resuenan las palabras  del   Subsecretario de Defensa, Frank Mora, quien  señaló que  “el desborde del crimen organizado, podría afectar el canal de Panamá, y eso preocupa a Estados Unidos”. No menos impactantes fueron las pronunciadas por  el Senador demócrata, Cristopher Dodd, quien advirtió  que “el crimen organizado y la falta de seguridad jurídica inquieta a Estados Unidos”. Sin embargo, las  que de manera mas  estridente sonaron, fueron  las emitidas por el  Embajador  retirado, John Maisto, el cual en el preludio de la visita del Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Arturo Valenzuela a Panamá,  en alusión solapada al gobierno nacional, al hablar de la  justicia como problema preocupante en nuestro pais, subrayó que las “instituciones empezando por el poder judicial, tienen que ser confiables. Los  jueces y policías tienen que estar bien pagados y mejor entrenados”.   Igualmente, en referencia velada al  gobernante panameño emitió  frases como que: “En una democracia debe haber balance de los tres órganos. Monarquía y dictadura son otra cosa”  y  que “las democracias deben tener sistemas de justicia confiables, y la actuación de los procuradores no puede estar politizada”. Todo ello, sin olvidar que  semejante escenario tenía como telón de fondo,  la identificación que hacia  la Casa Blanca del Presidente panameño, con  el Partido Republicano. Como era evidente, la relación con Estados Unidos se  redujo   a intercambios  intrascendentes y lo que es peor, se complicó aún más, por las fricciones  con la  Embajadora Stevenson, respecto a problemas como la utilización del programa de escuchas telefónicas de la DEA, la  designación del ex -militar Gustavo Pérez al frente de la Policía Nacional . A la postre, tras  solo 21 meses  de gestión, la tensa relación se interrumpe  abruptamente con el anuncio en mayo de 2010, del fin prematuro de la misión diplomática de  Stevenson, quien antes de ser  trasladada  a Londres,  se despide denunciando que en Panamá, “el crimen organizado esta corrompiendo las instituciones judiciales”.  El “sorpresivo” retiro de la Embajadora  y con ello,  la disminución del nivel de representación de la  misión diplomática,  con  la designación de David  Gilmour, como Encargado de Negocios, tenía la  intención de  trasmitirle al gobierno panameño, el mensaje de que con esa medida, Estados Unidos reducía el perfil de la relación con Panamá.  La   situación  se complicaba, porque,  consciente de la sed panameña por la ratificación del Tratado de Promoción Comercial, eventualmente Washington estaría  en condiciones de    chantajear al gobierno nacional  y de paso, erosionar  la solidez de nuestro centro bancario; con la  acusación de que  Panamá,  era un Estado que aparecía en las  “listas grises en materia fiscal”, porque no cumplía con el estándar internacional de intercambio de información  y transparencia. Pasó algún tiempo y en  reemplazo de  Bárbara J.  Stevenson, un 27 de septiembre de 2010,  el Palacio de las  Garzas  recibía   a  la  también diplomática de carrera, Phyllis Powers, quien hasta entonces fungía como Ministra Consejera en Irak. La ahora  Embajadora Powers, para demostrar que la apreciación de la administración Obama para con el gobierno panameño no variaba un ápice,  y que  ello era  la razón por la que se seguía dilatando el  recibimiento  en Washington del Presidente Martinelli; inaugura su gestión con una  inusual visita a  la sede del opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD). Si bien la parquedad   de la relación Obama-Martinelli  era el distintivo principal de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos en ese momento, tal situación no tendría por qué ser  óbice,  para que    el  país del norte,   frenara la consecución  de sus intereses de  seguridad en  Panamá. En efecto,  pese a su disconformidad con la gestión del gobierno panameño, Washington no arriesgó la cooperación bilateral en cuanto a la interdicción de narcóticos y la  lucha contra la evasión fiscal, los cuales  no  sufrieron  altibajos sustanciales. Al contrario, se esforzó en negociar   el  denominado: Memorando de Entendimiento para mejorar el intercambio de información en el sistema internacional de aviación para combatir el terrorismo y el crimen internacional, también conocido como Memorando de Entendimiento Varela-Napolitano,  del 29 de noviembre de 2010 y el  Acuerdo de Intercambio de Información Tributaria (TIEA / Tax Information Exchange Agreements), o Acuerdo Geithner-Varela,  del 30  noviembre de ese mismo año. A pesar de las fuertes criticas que  este ultimo despertó en los sectores ligados al Centro Bancario, que resentían en carne propia, este vital complemento  de la Estrategia  Nacional para la Defensa de los Servicios Financieros Internacionales,  al final, la tan vilipendiada excerta legal, constituyó el  instrumento clave, que descongelo la ratificación por parte de Washington del TPC con nuestro país. Así, luego de más de año y medio de ser electo, el 28 de abril de 2011 se produce el  esperado  recibimiento de  Martinelli   por  Obama, con lo que a partir de entonces, tiene lugar un antes y un después en las relaciones entre las  dos administraciones. La repercusión de tal acción fue tal, que completado el requisito mínimo de negociación de doce   Tratados, en el cual se incluía el Tratado de Intercambio de Información con los Estados Unidos, el 6  de junio de 2011, la Organización para la Cooperación y  el Desarrollo Económico (OCDE), retiró a Panamá de la lista  gris al anunciar   el cambio de calificación  hacia una,  que la incluía  en la categoría de jurisdicciones  que han implementado los estándares internacionales acordados respecto a transparencia e intercambio de información. A renglón seguido,  el 13 de octubre del mismo año, Estados Unidos ratificaría el Tratado de Promoción Comercial (TPC). La  nueva fase en la relación que  a partir de entonces se inaugura,  se manifestará en la suscripción el 29  febrero de 2012, de sendas Declaraciones Conjuntas en materia de seguridad suscritas por la  Secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Janet Napolitano, y el Ministro de Seguridad, José Raúl Mulino;  entre  los que destacan  un Acuerdo que incluye el programa "Global Entry", que expedita la entrada a Estados Unidos de ciudadanos panameños que cumplan con todos los requisitos establecidos en el programa. Un segundo compromiso para asegurar la cadena de suministros globales tras aumentar la colaboración para facilitar el comercio y viajes legítimos  y el  tercero, consistente en  un compromiso compartido de combatir la trata de personas, intercambio de información e investigaciones conjuntas. Finalmente, tras 19 meses (abril de 2012), la gestión de Phyllis Powers llega  a su fin, en medio de algunas  controversias generadas por la publicación de reportes diplomáticos  de cables filtrados  del portal WikiLeaks  y según ella, con  la convicción de  que  la democracia está viva en Panamá, aunque recomendando la aplicación de medidas contra la corrupción proveniente del  narcotráfico y el lavado de dinero. El tercer  Embajador de la primera administración Obama en Panamá será un funcionario,  originalmente  nominado para Nicaragua por la Casa Blanca, pero  que  al no conseguir  su  ratificación por  el Senado, terminó presentando sus cartas credenciales al Presidente panameño, Ricardo Martinelli, el 15 de mayo de 2012.  De  acuerdo  a  declaraciones de Jonathan D.  Farrar, entre las   prioridades de su misión, se encuentran,  la  consecución de  la implementación del TPC, la promoción de negocios de ciudadanos estadounidenses  en Panamá, la colaboración con nuestro país en materia de seguridad,  el fortalecimiento de  la institucionalidad democrática, la lucha contra el crimen organizado, la creación de  oportunidades para que mas  estudiantes panameños de escuelas públicas  estudien cada dos años de cursos de inglés en Estados Unidos (programa “ACCESS”) y la promoción de actividades que protejan el medioambiente, entre otros. Como muestra de la anterior, 26 de septiembre de 2012, el Embajador Farrar, firma  con el gobierno nacional,   la Enmienda No. 14 a la Carta de Entendimiento de la Iniciativa Mérida (actual Programa CARSI), la Enmienda No. 14 a la Carta de Entendimiento del Programa Antinarcóticos de la Región Andina ó Programa de Control de Antinarcóticos y Aplicación de la Ley, la Enmienda No. 4 a la Carta de Entendimiento sobre la Iniciativa Regional de Pandillas, y la Enmienda No. 2 a la Carta de Entendimiento del Programa de Asistencia en Darién. En otros términos, la agenda bilateral actual  de Estados Unidos con  Panamá, permite  hablar de más de una veintena de temas de interés común, entre los cuales de suyo se  desprende que sin duda  estará  el torneo electoral que vivirá nuestro  país en el 2014 y luego del cual, sería deseable, que el Presidente Barack Obama, en su segundo periodo presidencial; como evidencia  de la vivencia de una fase de real de estabilización de  nuestras relaciones, mantenga  o designe  en Panamá, un Embajador, que a diferencia del periodo anterior,  concluya junto  con él, su mandato.  


Por: Euclides E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.



Etiquetas:   Relaciones Internacionales   ·   Barack Obama

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