Carlitos (hoy tiene 7 años) está en clase, pensativo. Resopla y apoya la cabeza en su mano mientras mira el techo, esperando que en la pared surja una respuesta. sus compañer@s van contestando uno a uno en voz alta. Carlitos se agobia, empieza a jugar con su pelo, a tocarse los trasquilones, necesita tener ocupadas las manos y siempre ha creído que tocarse la cabeza hará que sus ideas fluyan. Finalmente se le enciende la bombilla. Ya tiene la respuesta. La profesora parece contenta con las respuestas que están dando pero él sabe que tiene la mejor. Finalmente llega su turno, el objetivo es ponerle nombre a un dragón que tiene tres cabezas, vuela y echa fuego, hielo y rayos por cada una de sus bocas. Carlitos se pone serio y dice: “Profesora, los dragones no existen.”



