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. Siquiera por qué. Pero existía esa certeza: una carpeta llena de recuerdos escritos, de trampolínes a lo que soy hoy y espero ser. Existían estas páginas que se antojan eternas y no creen en olvidos. Existían quince personas que en mí confiaron al menos para leer palabras ajenas y hacerlas suyas (o no).¿Cuánto tiempo? No lo sé. Quizás demasiado. (A veces no puedo evitar los rodeos). Pero siempre supe que regresaría. Y como los viejos amigos no pido permiso; entro hasta la cocina, preparo un café, que es lo mismo que estas líneas y me arrellano en el más cómodo de los rincones. Confío en que el regreso sea definitivo...