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El Estado chileno y el conflicto mapuche


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04/01/2013

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Copio un Artículo del 2010 que, dado el escalamiento de la violencia en la Araucanía, adquiere plena vigencia y urgencia.


Chile: Hacia un nuevo trato a los pueblos originariosSe abre Octubre con un nuevo trato, compromisos que deberán cumplirse y que ameritan el seguimiento de la ciudadanía que aspira a vivir en armonía, paz y tolerancia.















Por Hernán Narbona Véliz

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05 de Octubre, 2010 07:10

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De la dura negociación se concluye que los mapuches han logrado que el gobierno retire las demandas por Ley Antiterrorista para trasladarlas a la ley penal general, lo cual significa que no habría aumentos de grados en las penas que se determinen. De parte del gobierno, se ha logrado abrir un camino de diálogo que puede significar que como Estado de Chile se enfrente de una vez por todas, el tema de los pueblos indígenas en su profunda dimensión, asumiéndose que en la historia ha habido despojos, pero entendiendo, del mismo modo, que es imposible retrotraerse en la historia y lo que se debe afrontar es el presente, con compromisos para enmendar el maltrato con reparaciones que recojan las expectativas del pueblo mapuche, en materia política, económica y cultural.

Definir formas de relación con el pueblo que les entregue a las comunidades ciertos grados de autonomía, es un tema político jurídico que se seguirá desarrollando en la mesa abierta en Cerro Ñielol, en la cual el Gobierno y el Consejo Mapuche buscarán soluciones de fondo, hasta ahora no asumidas de manera integral. Porque el tema va más allá de la pobreza de la Araucanía, de la entrega de tierras – aspecto que presenta los mayores cuestionamientos en cuanto a transparencia y probidad- y de la no violencia activa a la que tienen derechos todos los ciudadanos en Chile. Se trata de integrar a las comunidades, pero no de absorberlas ni diluirlas, sino de potenciar su identidad.

El descuido histórico del Estado de Chile con el tema mapuche lo apunté en un artículo de La Estrella de Valparaíso, al inicio de los noventa. Esa columna se titulaba “El Chiapas chileno” y la escasa prolijidad política para enfrentar el problema condujo a estas semanas de crisis que se ha vivido. La oportunidad de abrir un espacio inteligente, franco y con visión de Estado, es la principal conclusión de esta etapa del problema.

Además, se puso en el tapete un tema pendiente en la recomposición de la democracia chilena, cual es la delimitación drástica de los ámbitos jurisdiccionales de la Justicia Militar, lo cual afecta a todo habitante de este país y que, gracias a la movilización mapuche, se demostró como un remanente perverso que genera discriminaciones inaceptables que transgreden el principio de igualdad ante la ley. Que esto se resuelva, es otro producto positivo de la crisis vivida.

En definitiva, el término del ayuno de los comuneros generó actitudes proactivas en las instituciones incluso alcanzando a la Corte Suprema, activó la mediación de la Iglesia en defensa de la vida, y desactivó una crisis que pudo alcanzar graves costos para Chile.

El temor que queda es que frente a otras negociaciones comiencen a extenderse este tipo de presiones que amenazan con la autoinmolación. Es preciso dejar claro que el tema mapuche es mucho más que el petitorio de la huelga de hambre y que preservar el bien mayor que es la vida, ameritó una acción que en justicia buscara corregir el marco jurídico en el cual se han llevado las causas por delitos de violencia.

Por lo tanto, siendo el tema mapuche de una dimensión profunda, histórica, que debió asumirse mucho antes, la presión del ayuno llevó a una negociación que permitió a los mapuches instalar en la agenda su realidad, ha solucionado el tema humanitario y cambiado cuestiones de fondo, que implicaban una injusticia notoria, derivada de la aplicación de una legislación que resulta extemporánea e improcedente en un Estado de Derecho.

Si otros, por cuestiones intrascendentes, como lo serían reivindicaciones meramente económicas, pretendieran hacer de la huelga de hambre un estilo habitual, debieran saber que no es el camino admisible. Es necesario marcar desde el Estado que ello no se aceptará, para lo cual es necesario de manera proactiva abrir los espacios de participación y negociación que sean necesarios para evitar futuras huelgas de hambre en los diversos sectores, que busquen presionar por fuera del ordenamiento jurídico.

En resumen, se abre Octubre con un nuevo trato, compromisos que deberán cumplirse y que ameritan el seguimiento de la ciudadanía que aspira a vivir en armonía, paz y tolerancia. En el año del bicentenario Chile puede fortalecerse si se reconoce como una nación pluriétnica, en donde nos aceptamos y respetamos, al amparo de una efectiva igualdad ante la ley, eliminando aquellos cuerpos normativos que incuban o perpetúan situaciones de injusticia.













Etiquetas:   Pueblos Originarios   ·   Políticas Públicas

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