En círculos

Cada que tengo a bien abrir un diario, nacional o internacional, no puedo escapar a la desagradable sensación que me viene al andar los ojos por las páginas; una sensación de ir en círculos, de no ver nada nuevo, de estar en el punto exacto en donde estábamos ayer. Y no es para menos, baste una leve ojeada al panorama.

 

. Y no es para menos, baste una leve ojeada al panorama.
Día tras día, con  la  puntualidad inglesa a la que  la muerte nos tiene tristemente acostumbrados, desde hace 6 años las páginas interiores de los periódicos nacionales se retacan de tinta  para narrar episodios llenos de sangre; las cabezas ruedan con perturbadora normalidad, los cuerpos desmadejados cuelgan de postes o puentes, las fuerzas federales se ven involucradas en bochornosos episodios mientras que president@s municipales son amenazados con “incendiar” sus pueblos si no cumplen con tal o cual demanda.

En el plano político, las cosas no van mejor. La llegada de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República deja más dudas que certezas. La insistencia de su partido por hacerse pasar como “renovado” se desmorona cuando analizamos los perfiles y registramos la manera de hacer política de quienes acompañan a Peña Nieto; una galería de esperpentos anquilosados, aquejados de descrédito y autoritarismo que se acomodaron a los modos de un telegénico rostro que a costa de carretadas de publicidad mentirosa logró hacerse de la Presidencia de un país que se antoja desmemoriado, si atendemos a que hace 12 años, el mayor logro democrático que habíamos experimentado hasta entonces, era haber “sacado de Los Pinos” al partido que ahora vuelve con las bolsas llenas de votos y dispuesto a precarizar, aún más, la realidad de los mexican@s. La Reforma Laboral, recientemente aprobada, así lo comprueba. Pese a 30 años de que las políticas neoliberales llegaron al país para empobrecer día con día la vida de muchos de nosotros, la pretensión de ahondar en las mismas, pese al fracaso evidente, es una realidad; no hay foro que sea desaprovechado por parte del equipo peñanietista para afirmar, con odiosa autosuficiencia, que promoverán las reformas estructurales que “el país necesita”.

No necesitamos ser grandes científicos sociales, ni poseer un potente sentido de la observación, para concluir que el nivel de pudrición de la vida pública de México es alto. El cinismo permea en buena parte de la clase política. Los dirigentes sindicales, como en los años dorados del viejo régimen, se placean por doquier sabedores de que el dudoso privilegio de la impunidad les está vedado a todos, menos a ellos, por supuesto. Su poder, intocado y reafirmado con la última reforma laboral, los deja satisfechos de saberse impermeables a la justicia, esa cosa tan abstracta e intangible que en México le está negada a la mayoría.

El panorama internacional es igualmente crítico. Los muertos de Palestina son el testimonio irrefutable de que la solución está aún lejos, pero más preocupante aún, es que la solución, si tal cosa puede llegar a ocurrir, pasa por las manos de un puñado de intolerantes encaramados en el poder del Estado israelí,  que no pueden comprender su existencia sin la desaparición de los “otros”, sus potenciales enemigos, niños de 5, 6 o más años. De ese tamaño su miedo.

En círculos, corremos en círculos; los problemas de antes, siguen siendo los problemas de ahora; los ricos de antes, siguen siendo los ricos de ahora; los pobres de siempre, siguen siendo los pobres de siempre; los “sin voz” del pasado, siguen sin voz ahora. Corremos en círculos, aunque de vez en cuando, sólo de vez en cuando, encontremos tímidas salidas al laberinto que nos pierde. El tiempo apremia, y las salidas se acaban. Empecemos a buscarlas.

 

UNETE



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