No me desperté demasiado mal, eran casi las seis y media y ya no tenía sueño. Una luz fría y leve tamizada por las cortinas del dormitorio invitaba a saludar el día. Debería ir en ayunas pero tomé unos "sorbitos" de menta y poleo con mucho azúcar mientras trataba de pensar, con poco interés, en las noticias de la mañana.



