El Embarazo Adolescente un problema de Salud Pública

 

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El embarazo en la adolescencia en Colombia ha venido en ascenso desde los años 90 alcanzando en 2005 un pico de 20.5%, una cifra que indica que de cada cinco adolescentes encuestadas una había sido madre o lo era en ese momento. A continuación se registran algunos artículos periodísticos que contienen las visiones y percepciones de cómo ven el embarazo adolescente como un problema de salud pública.

Publicado Por: El Espectador

Lina: “Perdí la virginidad con él. En general no utilizábamos condón. Duramos así seis meses, me dejó y yo seguía enamorada. Me pareció que un hijo sería la llave para la felicidad y que él volvería. Fui a su casa, le dije que esa era la despedida, que lo dejaría en paz. Empezamos a tomar hasta que lo emborraché, lo hicimos y quedé embarazada”.

Ángela: “Peleé con mi madre. Ese día me pegó refeo y yo llamé a mi novio. Me quería ir de la casa y él me dijo que nos fuéramos a vivir juntos. Quedé embarazada porque no usábamos protección; yo pensaba que era estéril”.

Laura: “Nosotros siempre hemos planificado, pero hace cuatro meses no sé qué paso, si el condón se rompió o si no se lo puso bien. Llegamos del preprom, estuvimos, y vaya sorpresa 40 días después”.

Mary: “Nos conocimos en el barrio, teníamos nuestro cuento, que besitos y eso. Con 13 años me daba miedo hacer algo más, pero en una fiesta me convenció de darle la pruebita de amor y yo ya con tragos le hice. Me quedó gustando y seguimos así hasta que me di cuenta de que no me llegaba el período”.

Sí a la opción, no al azar se titula el informe de Naciones Unidas de la población mundial en el 2012 y muestra en su carátula a una joven en una reunión informativa sobre planificación familiar. Los testimonios anteriores de colegialas bogotanas sugieren que el embarazo adolescente es algo más complejo que la desinformación o los accidentes, y que su prevención presenta varios dilemas. Uno de los más serios se hizo evidente en un almuerzo con unos colegas indignados porque la asociación de padres de alumnos se opuso a la instalación de un distribuidor de condones en un colegio con el que ellos trabajaban.

Inicialmente compartí la molestia, pero el asunto quedó zumbando durante el almuerzo. Luego de un ejercicio de empatía con esos padres, las dudas asomaron al tratar de precisar si me hubiera gustado tener un distribuidor en mi colegio. Ya en el café tenía otra opinión. Para mí habría resultado inmanejable sumarle a las incógnitas —el cuándo, cómo y con quién de la primera vez— un recorderis oficializado y cotidiano de que me estaba quedando atrás. La distribución de condones en el entorno escolar es una piedra en el zapato para quienes aún no se han dado el gustico.

La disyuntiva de política es simple: promover el sexo seguro con preservativo puede anticipar el inicio de la vida sexual de los adolescentes. Entre más jóvenes, más necesaria la información, pero también más arriesgado ejercer presión sobre el momento oportuno para la primera relación sexual. Sería imprudente ignorar este dilema simplemente por su sabor retrógrado.

Hasta la fecha no he encontrado evidencia suficiente para contrastar esa duda, pero varios datos sugieren cautela con la promoción del condón entre menores. Dejando de lado el desacierto de recomendar como anticonceptivo un método idóneo para prevenir enfermedades —un riesgo ínfimo entre novios inexpertos—, lo cierto es que un factor propicio para el embarazo adolescente es el inicio temprano de la vida sexual.

La Encuesta Nacional de Demografía y Salud, realizada cada cinco años por Profamilia desde 1990, muestra que a pesar del sostenido aumento en el conocimiento y uso de métodos de planificación entre los jóvenes, en particular del preservativo, el embarazo adolescente aumentó considerablemente hasta el 2005. Por otro lado, la proporción de adolescentes sexualmente activas pasó del 21% en 1990 al 50% en el 2010. La drástica reducción en la edad de inicio de las relaciones sexuales contrarrestó el efecto de la planificación.

La importancia del momento de arranque de la vida sexual ya era clara cuando en el 2003 se hizo en el CEDE la primera encuesta especializada en embarazo adolescente. Un resultado llamativo es que entre las jóvenes que tienen sexo temprano —antes de los 14— el 36% reporta un hijo. Para debutantes tardías —17 años o más— la cifra es apenas del 8%.

Sorprendentemente, la promiscuidad juvenil femenina no contribuye al riesgo de embarazo. Por el contrario, las jóvenes que han tenido más parejas sexuales son menos fértiles. Las madres adolescentes se distinguen por tener o buscar una unión estable y durar más tiempo con su pareja. El novio es el padre potencial típico y cada año adicional con el mismo compañero multiplica por más de dos los chances de gravidez. Como deja claro Lina, ella quería un hijo con su hombre. Tanto, que después tuvo otros dos con él mismo, todos antes de cumplir 19 años. Para el embarazo precoz en Colombia es más pertinente el guión de jugar al papá y a la mamá con condón que el de Sex and the City.

Tengo más años de los que quisiera, ningún nieto y corro un leve riesgo de no alcanzar a conocerlos. A una hermana mayor le acaban de anunciar que será abuela. Hace poco, una compañera de colegio me contó que su nieta se casa, lo que permite prever que una coetánea mía pronto será bisabuela. Estas drásticas diferencias recuerdan que, para enredar aún más las cosas, en el embarazo temprano puede haber tradición familiar.

En la mencionada encuesta, las madres adolescentes son hijas de mujeres que dieron a luz siendo jóvenes. Cada año de retraso en el primer parto de la mamá disminuye en 7% los chances de que una joven quede embarazada. En esta transmisión de la precocidad entre generaciones influyen la educación y el ejemplo, pero no se puede descartar factores más difíciles de alterar. La edad de la menarquia, por ejemplo, está relacionada con la del inicio sexual. Una primera menstruación antes de los once años multiplica por más de cinco la probabilidad de tener relaciones sexuales antes de los catorce.

Difícil precisar si Lina, Ángela, Laura y Mary decidieron ser madres o tuvieron mala suerte. Para cada una la dosificación de opción y azar fue diferente. Lo que resulta imprudente es insistir en que con más información y facilidad de acceso a los preservativos se habría logrado evitar esos embarazos: todas ellas sabían qué es y para qué sirve un condón.

* Investigador de la U. Externado, con publicaciones en violencia, pandillas juveniles y prostitución.

‘El estado de la población mundial 2012’

El informe Sí a la opción, no al azar: el estado de la población mundial fue presentado esta semana por el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Frente al embarazo adolescente, el estudio reflejó que el nivel de educación de las madres sigue estando asociado al tamaño deseado de la familia, el uso de anticonceptivos y la tasa de fecundidad: un análisis de 24 países de África indicó que las jóvenes que más probablemente darán a luz son pobres, tienen poca educación y residen en zonas rurales.

Las tasas de natalidad entre niñas adolescentes de 15 a 19 años sin educación son más de cuatro veces superiores a las de niñas que tienen al menos educación secundaria. En estos países las brechas aumentan: en el pasado decenio, las tasas de natalidad de niñas adolescentes de 15 a 19 años carentes de educación aumentaron en casi 7%, mientras que entre las niñas con educación secundaria o superior disminuyeron en 14%.

LA CRUZADA DEL EMBARAZO ADOLESCENTE

Publicado Por: El Espectador

Con la promesa de invertir recursos por cerca de $250 mil millones en tres años y crear una sinergia entre las agencias estatales vinculadas a la problemática, Colombia decidió por fin tomar por los cuernos el problema del embarazo adolescente y dio un gran paso hacia su reducción, tal y como se había comprometido a hacerlo al suscribir los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas.

Se trata de un flagelo que históricamente ha sido visto como un problema de salud, pero que tiene que ver hasta con el crecimiento de un país, dado que el embarazo de las menores de edad suele ir de la mano con fenómenos como la deserción escolar, la reproducción del ciclo de la pobreza y el ingreso al aparato productivo en condiciones desfavorables.

El caso colombiano es especialmente preocupante en la región. Después de Venezuela, donde el embarazo adolescente se ubica en el 21%, Colombia ocupa el segundo lugar con el 19,5%, seguido de Argentina (15%), Chile (17%) y Perú (13%).

Según la Encuesta Nacional de Demografía de 2010, una de cada cinco adolescentes estaban en proceso de gestación o ya habían sido madres. El 64% de ellas reconocieron que sus embarazos eran no deseados y sólo la mitad dijo que había pensado en tener un hijo, pero más adelante.

Pese a las campañas gubernamentales para reducir estas preocupantes cifras, la tasa de fecundidad en menores de edad no presentó la misma disminución que la tasa general. Mientras el embarazo total pasó de 91 a 74 casos por cada 1.000 mujeres entre 1990 y 2005, el de adolescentes subió de 70 a 90 casos durante el mismo período.

Sólo en 2010 tuvo una pequeña caída hasta 84 casos.

La razón, al decir de Cristina Plazas, alta consejera presidencial para la equidad de la mujer, es muy sencilla: “No basta con enseñarle a la gente que sin condón ni pío. Hay que ofrecerles alternativas de educación y trabajo, y no se puede excluir a las adolescentes que ya han sido madres”.

En esa misma línea está dirigida la política que el Gobierno lanzó ayer y que en últimas va más allá de la asignación de recursos y actividades específicas —lo cual ya es atípico para un documento Conpes como el que consagra la política contra el embarazo adolescente—, sino que cambia el enfoque para el abordaje de la problemática.

Por esta razón el nuevo modelo no le asigna funciones sólo al Ministerio de Salud, sino que lo hace con las carteras de Trabajo, Educación, Cultura, entre otras.

Dicha visión resulta especialmente importante en momentos en que la actitud de los adolescentes frente a la sexualidad ha cambiado, haciendo que modelos antiguos resulten inocuos para su control.

Incluso, fenómenos sociales relacionados con las nuevas violencias de país y con los esfuerzos estatales para acabarlas están asociados con esta problemática. Así, por ejemplo, está ya documentada la relación entre la llegada de los soldados de la seguridad democrática, en la pasada administración, con el aumento de los casos de gestantes menores de edad en municipios de Boyacá, Santander, entre otros. Tampoco es un secreto que existe cierta relación entre los casos de disfuncionalidad y violencia intrafamiliar de habitantes de las zonas rurales con la proclividad de reclutamiento por parte de los actores armados a algunos jóvenes de esas mismas áreas.

Fenomenologías de este tipo fueron las que llevaron hace un año a Plazas a plantear la necesidad de reestructurar la política nacional contra el embarazo de menores. El hecho de que el 55% de los casos afectara a mujeres sin educación y cerca del 40% a aquellas que sólo habían cursado la primaria, le ayudó a trazar propuestas que de inmediato contaron con respaldo presidencial.

Por eso expertos como Claudia Gómez, directora nacional de Investigaciones de Profamilia, destacaron que por primera vez una política de este tipo esté acompañada del respaldo de la chequera estatal para garantizar que no se quede en palabras.

Gómez cree que para el éxito de la iniciativa es necesario atender tres aspectos: el primero es la calidad de la información que tienen los adolescentes frente al tema. El 88% ha sido instruido sobre la anatomía, pero sólo el 20% habla de cómo concertar con su pareja las relaciones sexuales y el uso de anticonceptivos.

El segundo, dar un tratamiento diferencial a las adolescentes embarazadas que viven en pareja y a las que no. Ello porque, contrario a lo que muchos podrían creer, la planificación es menos frecuente entre las parejas estables.

Y en tercer lugar, Gómez insiste en que hay que incluir a los hombres en la problemática del embarazo adolescente.

La nueva estrategia gubernamental comenzará a aplicarse como plan piloto en 181 municipios de los departamentos más afectados por este tipo de embarazos. Así, por ejemplo, 32 municipios de Antioquia, 15 del Valle, seis de Atlántico y nueve de Bolívar serán escenario de las primeras acciones en los próximos meses.

Al final del ejercicio, en 2015, Colombia deberá tener una tasa igual o inferior al 15%, hecho que no habrá eliminado el problema y probablemente tampoco marcará el final de sus causas, pero sí habrá evitado los 6.500 nacimientos anuales de niños que deben ser criados por mujeres a las que de un momento a otro —y tal vez sin llegar aún a la madurez física— les cambió su rol en la sociedad colombiana. Mujeres que por alguna razón pasaron de ser las protegidas de la casa a las protectoras y responsables del futuro de bebés no deseados.

Otros Links Relacionados:

Medio:El HeraldoTitular:Esto si es un problema de Salud Pública.Fecha: Octubre/01/2012

Autor:Ulahy Beltrán Lopez.Link:http://www.elheraldo.co/opinion/columnistas/esto-si-es-un-problema-de-salud-publica-83768

Medio: El Espectador.

Titular: Mi pequeña ya es Mamá

Fecha: Julio 6/2012

Link: http://www.elespectador.com/revistas/bebe/articulo-357758-mi-pequena-ya-mama

Medio: El Espectador.

Titular: Madres Invisibles.

Fecha: Mayo 26/2012

Link: http://www.elespectador.com/impreso/vivir/articulo-349008-madres-invisibles

http://albamarinaruedaolivella.blogspot.com/2012/11/el-embarazo-adolescente-un-

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