En cierta ocasión le pregunté a un amigo mayor que yo, pediatra y conocedor del Psicoanálisis que cómo podría quitarle el chupete a mi hijo que ya había cumplido dos años, lo habíamos intentado todo, le dije. Si el chico no va armado es fácil, me contestó medio en broma, no tienes que temer por tu vida, lo difícil sería convencerlo de que dejara de usarlo. Aprendí aquella lección, las confusiones semánticas son muy frecuentes en nuestro día a día y muchas veces constituyen la causa oculta de no pocos conflictos incluso entre personas maduras y razonables, más aún entre niños y adultos o entre adultos y adolescentes.En este caso concreto que yo le planteaba a mi amigo, como en otros muchos casos, tendríamos que haber empezado quitándole gravedad al asunto, pues no se conocen adolescentes que usen chupete, ni siquiera niños de ocho o nueve años, y en todo caso los problemas que traería el hecho de que mi hijo utilizara el chupete más allá de la edad indicada no son problemas de aparición segura y aún en el caso de que aparecieran no serian graves. Pero sobre todo, lo más importante: Tratar de ir cambiando en nuestra mente ese “quitar” por un “ayudar a dejar”, más consecuente con el respeto que toda persona merece.



