La absurda realidad de las redes sociales en la vida off line



 

no acostumbro a hablar de trabajos propios, más que nada porque prefiero analizar el trabajo de los mejores -y, a veces, de los no tan buenos-, como fórmula de aprendizaje personal... Pero hoy, haré una excepción. Los vídeos que ilustran este post forman parte de un proyecto profesional propio, realizado hace un par de meses, y que estaba destinado a servir como complemento audiovisual en la entrega de los Premios Web Riojanos 2010, organizados por el diario digital larioja.com. Dado el motivo de la celebración, íntimamente ligado al mundo de la comunicación 2.0, el planteamiento creativo fue muy simple y directo: comprobar si la mecánica de contacto, conversación e interacción característicos de las redes sociales funcionaba en la vida off line. Y, para ello, nada mejor que utilizar la técnica de grabar con cámara oculta, de tal manera que pudiésemos recoger las diferentes reacciones del público de manera espontánea. Dicho y hecho. Utilizando la calle y un bar -con el que habíamos concertado previamente la acción-, abordamos a la gente de forma aleatoria, interactuando de forma totalmente 2.0. Las reacciones fueron variadas -incluida alguna mala experiencia-, pero la conclusión general era la esperada: perplejidad manifiesta del respetable. Está claro que, al verlos, cada uno sacará sus propias conclusiones. Yo, personalmente, sigo creyendo que el mundo de las redes sociales es un campo de comunicación apasionante, extenso, abierto y magnífico para proyectar y desarrollar nuestra faceta social. Ahora bien, no perdamos nunca de referencia el hecho de que en internet hay una barrera tecnológica que nos separa físicamente de los demás. Una barrera que nos permite minimizar sustancialmente nuestros prejuicios y diluir nuestras inhibiciones, favoreciendo una apertura hacia la interlocución con los demás, que no se corresponde con la que tenemos en nuestra realidad off line. A pesar de lo absurdo que pudieran parecer cuando las sacamos de su contexto digital, las redes sociales tienen un potencial impresionante para nuestro desarrollo personal y profesional. Saber sacarles partido, aprender a manejarlas de forma adecuada y no olvidarnos nunca de que 'la verdadera vida social' siempre ha estado y seguirá estando ahí fuera, es el camino para poder encontrar su sentido y utilidad. Es indiscutible que las redes sociales resultan peculiares a los ojos de una mentalidad 1.0, y que, si las sacamos de contexto pueden resultar absurdas, pero eso no significa que sean una frikada de cuatro pirados... Las redes sociales han venido para quedarse y forman parte de una realidad que es única y que no diferencia los planos digital y no digital. Una realidad que debemos tener muy en cuenta, y que deberemos asumir como inevitable lo antes posible. Porque nuestra esencia como seres sociales, y nuestra integración plena con el resto de las personas nos obliga a relacionarnos, inexcusablemente, por todos los canales que tengamos a nuestra disposición... Y eso lo tenemos que hacer, nos guste o no, o nos parezca absurdo, o no.



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no acostumbro a hablar de trabajos propios, más que nada porque prefiero analizar el trabajo de los mejores -y, a veces, de los no tan buenos-, como fórmula de aprendizaje personal... Pero hoy, haré una excepción. Los vídeos que ilustran este post forman parte de un proyecto profesional propio, realizado hace un par de meses, y que estaba destinado a servir como complemento audiovisual en la entrega de los Premios Web Riojanos 2010, organizados por el diario digital larioja.com. Dado el motivo de la celebración, íntimamente ligado al mundo de la comunicación 2.0, el planteamiento creativo fue muy simple y directo: comprobar si la mecánica de contacto, conversación e interacción característicos de las redes sociales funcionaba en la vida off line. Y, para ello, nada mejor que utilizar la técnica de grabar con cámara oculta, de tal manera que pudiésemos recoger las diferentes reacciones del público de manera espontánea. Dicho y hecho. Utilizando la calle y un bar -con el que habíamos concertado previamente la acción-, abordamos a la gente de forma aleatoria, interactuando de forma totalmente 2.0. Las reacciones fueron variadas -incluida alguna mala experiencia-, pero la conclusión general era la esperada: perplejidad manifiesta del respetable. Está claro que, al verlos, cada uno sacará sus propias conclusiones. Yo, personalmente, sigo creyendo que el mundo de las redes sociales es un campo de comunicación apasionante, extenso, abierto y magnífico para proyectar y desarrollar nuestra faceta social. Ahora bien, no perdamos nunca de referencia el hecho de que en internet hay una barrera tecnológica que nos separa físicamente de los demás. Una barrera que nos permite minimizar sustancialmente nuestros prejuicios y diluir nuestras inhibiciones, favoreciendo una apertura hacia la interlocución con los demás, que no se corresponde con la que tenemos en nuestra realidad off line. A pesar de lo absurdo que pudieran parecer cuando las sacamos de su contexto digital, las redes sociales tienen un potencial impresionante para nuestro desarrollo personal y profesional. Saber sacarles partido, aprender a manejarlas de forma adecuada y no olvidarnos nunca de que 'la verdadera vida social' siempre ha estado y seguirá estando ahí fuera, es el camino para poder encontrar su sentido y utilidad. Es indiscutible que las redes sociales resultan peculiares a los ojos de una mentalidad 1.0, y que, si las sacamos de contexto pueden resultar absurdas, pero eso no significa que sean una frikada de cuatro pirados... Las redes sociales han venido para quedarse y forman parte de una realidad que es única y que no diferencia los planos digital y no digital. Una realidad que debemos tener muy en cuenta, y que deberemos asumir como inevitable lo antes posible. Porque nuestra esencia como seres sociales, y nuestra integración plena con el resto de las personas nos obliga a relacionarnos, inexcusablemente, por todos los canales que tengamos a nuestra disposición... Y eso lo tenemos que hacer, nos guste o no, o nos parezca absurdo, o no.




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